Apenas son las cinco y treinta de la mañana cuando cientos de capitalinos se dirigen al populoso e histórico Mercado Candelaria y justamente a la vueltecita, en la esquina norte del Cementerio Central de Managua, se topan a la virtuosa pregonera y vendedora del vaho ‘El Ceibo’.
“Hay vaho, vigorón, amor… ¿vas a comer, amor?, pasen adelante, hermoso y sabroso el vaho…”, esa es la voz de Anielka López, la misma voz que ha invitado a los managuas a comer este suculento platillo nicaragüense desde hace 14 años atrás, cuando su mamá le enseñó los buenos oficios de su preparación.
“Iba a cumplir 17 años cuando mi mamá iba a poner este negocio aquí. Ahora tengo 31 años, y mi mamá fue la primera que lo empezó. Ella ubicó las mesitas de madera, cuando siquiera teníamos un bajarete, sino que con la sombra del palo (el ceibo) nos cubríamos del Sol; después con la lluvia estábamos con una carpa tapándonos, pero luego mi mamá fue prosperando y puso este techo y nosotros heredamos el negocio”, historió López.
El secreto es ‘el gordito’
La madre de dos hijos, consideró vender un buen vaho precisamente porque sigue el secreto culinario de su mamá, el cual era preparar muy bien la carne, “echarle su gordito de pecho”, y luego lo demás es asestar el gusto a punta de buena práctica y algo de fe en Dios.
“Se empieza primeramente preparando la carne, se pela la yuca, los plátanos, se prepara la carne con tomate, naranjagria, cebolla. Después se lavan bien todas las verduras, y se prepara la cama del vaho con palos rollizos de guayaba, y se le hace una parrilla de metal abajo, y se van a acomodando encima las hojas de chagüite, y luego se dejan caer los alimentos para ponerlos a fuego lento”, describió.
Anielka asegura que siempre hay personas que les gusta este vaho por su “gordito riquísimo, jugoso y durito”, pero que también hay otras personas que les gusta más la yuca cuando está suavecita, o cuando tiene un sabor particular; e incluso, hay muchos que llegan al baho ‘El Ceibo’ porque son atendidos con calidez humana y ‘buena vibra’.
Esta afanosa mujer explicó que a lo largo de todos estos años que tiene de estar trabajando en este negocio, ha pasado por muchas dificultades, incluyendo aquellas temporadas en que las ventas no son tan alentadoras, o bien porque se han perdido grandes cantidades de dinero (hasta tres mil córdobas) porque se trabaja con productos perecederos.
“A veces uno ni el pasaje recoge para irse a la casa, y esas son las grandes dificultades, porque tal vez nuestros hijos están esperando que les llevemos la comida, y se sabe que este es un trabajo a diario y que se tiene que recuperar el dinero todos los días para poder desarrollarse, pero a veces no se saca ni eso, sin embargo nos mantenemos fuertes y logramos salir adelante”, relató.
Sus hijos la motivan a seguir
López señaló que a partir de las tres y media de la mañana está despierta trabajando, preparando el vaho con tiempo para que los clientes puedan disfrutarlo y siempre regresen. Además indicó que es una labor ardua, sin embargo lo que más la motiva a seguir son sus dos hijos.
“Por ellos es que trabajo. Ahorita estamos construyendo nuestra casa, y eso es lo que más nos motiva. Dejarles un mejor porvenir a nuestros hijos y luchar a diario por ellos, por eso, siempre pensamos que el día de mañana va a estar mejor. Porque si yo digo que todos los días me va a ir mal, entonces uno se siente derrotado, pero uno siempre tiene que continuar”, expresó.
La propietaria del vaho ‘El Ceibo’ manifestó que por ahora el gran proyecto que tiene para hacer crecer su negocio es poder llegar a vender comidas secas (pollo asado, carne desmenuzada, espaguetis, gallopinto, etc.), algo que aseguró no estar lejos de concretarse.












