A las cuatro de la madrugada se enciende la planta eléctrica, pero desde las tres hay quienes ya están despiertos preparando todo lo necesario para lo que será una nueva jornada de trabajo tan ardua como las que le han precedido desde poco más de un mes. El lugar es el Campamento Atlanta, donde confluye el río Caño Chiquito con el Punta Gorda, exactamente a dos horas en bote de la desembocadura en el Mar Caribe.
Los hombres inmersos en este trajín son más de un centenar de técnicos chinos y nicaragüenses que diariamente están recorriendo decenas de kilómetros levantando un censo poblacional y de viviendas a lo largo de la ruta por donde se construirá el Gran Canal Interoceánico de Nicaragua.
Este megaproyecto unirá el Caribe con el Pacífico a través de una vía acuática de 278 kilómetros de longitud. Los puntos de entrada corresponderán a Brito, en el oeste, y Punta Águila, en la desembocadura del Río Punta Gorda, en el este. Es en este último sector donde los técnicos están sudando la gota gorda, pues las comunicaciones terrestres simplemente no existen, como tampoco hay señales de radio o televisión. Caso especial son las comunicaciones vía celular. Estas se resumen a un milagroso espacio de seis metros de largo por otros seis de ancho donde, sabrá Dios cómo, una débil señal telefónica permite hacer de vez en cuando alguna llamada. Eso sí, entre más rústico sea el celular más probabilidades hay de lograr una comunicación, convirtiendo de esta manera a los aparatos ultramodernos en objetos prácticamente inservibles en esta zona del país.
Un ambiente extremadamente húmedo
Cuando empieza a aclarar el día, uno puede darse una idea concreta de lo que es el campamento. Está ubicado en un extenso potrero y lo componen grandes toldos que protegen de la lluvia el área del comedor, la cocina y cientos de pequeñas casas de campaña.
Cuando el personal está en el campamento, debe caminar sobre tablones de madera dispuestos en forma de piso. Fuera de estos tablones, todo es charcas de agua producto de la perpetua humedad reinante en el ambiente.
A eso de las seis y media de la mañana, los equipos ya han desayunado y están listos para el trabajo de campo. Visten botas de hule y capotes, pues no es raro que la lluvia se deje venir en cualquier momento en forma de verdaderos diluvios.
El traslado es o en bote o a pie
Para llegar a las viviendas de los pobladores objeto del estudio, se usan estrechos y alargados botes metálicos pilotados por nativos de la región. A pesar de la probada experiencia de estos pilotos, cada miembro del equipo debe usar chaleco salvavidas porque cuando se navega ríos en lugares tan agrestes y enigmáticos como el Caribe nicaragüense no está demás tomar hasta la más mínima precaución.
Cuando los grupos están abordo de los botes inicia el recorrido por el Punta Gorda o el Caño Chiquito. Para poder llegar al punto de destino estos deben navegar por espacio de una o dos horas y en muchos casos internarse tierra adentro por otra hora. Si la lluvia no sorprende cuando se está sobre el río, lo hará ya en tierra en forma de leves chubascos o bien a cántaros, por lo que los técnicos avanzan esquivando charcos de agua o desafiando verdaderos mares de lodo. Cuando uno se topa con estos lodazales la bota de hule queda atrapada hasta la mitad y dar un simple paso representa un reto físico descomunal.
Un equipo multidisciplinario
Esta vez, para nuestra suerte, el equipo de técnicos ha decidido ir a viviendas que no están a más de 150 metros de la orilla del Punta Gorda, en el polo de desarrollo Daniel Guido, en la comarca Boca Tapada. Aunque el trecho a caminar es corto, subir los paredones lodosos del río es extenuante para todos.
El equipo lo integra un técnico chino de HKND Group (empresa concesionaria del Canal), uno del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), uno de la Procuraduría General de la República (PGR) y uno de la Dirección General de Ingresos (DGI). A estos le acompañan por cuestiones de seguridad un oficial de la Policía Nacional y otro del Ejército.
Familias siempre abiertas a recibirlos
Superados los inconvenientes del camino, el coordinador del grupo explica al dueño de la propiedad el objetivo de la visita y le solicita permiso para proceder a llenar el formulario y a hacer las mediciones correspondientes. Todas las familias visitadas acceden a que se realice el trabajo, sin embargo, aprovechan siempre para platear inquietudes sobre la obra y las posibles repercusiones que esta tendrá en sus vidas. Esto sucede con mucha cordialidad e incluso en el ambiente chileador (bromista) que tanto caracteriza el pueblo nicaragüense.
En general la gente sabe muchas generalidades sobre el proyecto, sin embargo, piden más información sobre los planes a desarrollar.
“Necesito saber más informaciones, saber cuál es el plan”, plantea Alvin Cash Taylor, quien dice estar consciente de la necesidad de que se haga un proyecto como este.
Él pertenece al grupo originario rama-creole y durante muchas generaciones su familia ha vivido exclusivamente de todo lo que pueda brindarles la tierra y el Río Punta Gorda.
Cambiará el rostro de la zona
En este sector del país la escolaridad no va más allá del sexto grado y la ganadería, único rubro productivo, se practica en su forma más elemental, enclaustrando a los pobladores en un mar de limitaciones. Por esta razón es que muchas personas están confiadas en las oportunidades económicas y sociales que traerá el Gran Canal.
Andrés Picado Reyes, tiene 60 años de edad, y de estos, 40 los ha pasado a orillas del Punta Gorda tratando de desarrollar la actividad ganadera.
“El rubro productivo en esta zona es la ganadería. (Con el Canal) va a haber exportación de carne, queso, de muchas cosas. Nosotros estamos vendiendo (actualmente) a gente que nos dan en la nuca porque les vendemos a un precio bajo y ellos son los que exportan la carne. Ya habiendo el Canal las cosas tienen que cambiar”, afirma.
Picado Reyes cree que con el Canal vendrán otros proyectos de transformación social como colegios y centros de salud.
Señala que si bien serán los nicaragüenses los principales beneficiados el impacto será mundial.
“Aquí van a venir barcos de todos lados. Esto no es solo para nosotros es para todos”, destaca.
Chinos y nicas forman un buen equipo
Tras concluir la larga jornada de campo, los equipos regresan al campamento. Son más de las 6 de la tarde y luego de cenar en vez de tomar un merecido descanso sucede todo lo contrario. La planta eléctrica está en lo más fuerte de su funcionamiento y cada equipo se sienta bajo los toldos para procesar en ordenadores portátiles la información recabada.
Erick Zhan, es uno de esos técnicos chinos que junto a sus colegas nicaragüenses, está inmerso en esta tarea.
“Es muy buena (la relación con los nicaragüenses), hay muy buena comunicación, buen trabajo, buena cooperación”, asegura.
Zhan señala que la única dificultad que han tenido lo representa el entorno ambiental.
“Los caminos son un poco difíciles para caminar. En Atlanta llueve mucho, hay lluvia cada día y necesitamos traer capotes, botas para evitar la lluvia. También hay muchos insectos, hay mucha gente mordida (por los mosquitos) aquí”, explica Zhan.
Canal es una necesidad para el mundo
Con todo y estos inconvenientes, los expertos chinos trabajan con la ilusión de ver pronto sus gigantescos barcos cruzando la vía acuática nicaragüense.
“Yo me siento orgulloso de ser parte del gran proyecto, es una inversión muy grande. Va a cambiar mucho la situación de Nicaragua”, indica Rafael Wong, señalando lo sorprendido que está de los altos niveles de pobreza que aún persisten en esta región de Nicaragua.
“Creo que después de la construcción del Gran Canal va a cambiar mucho”, destaca Wong.
Los expertos chinos recuerdan que si bien en Centroamérica ya existe el Canal de Panamá este “no es suficiente para el desarrollo del mundo”.
“Por eso necesitamos un Canal más grande”, enfatiza.
Nicaragua es un país seguro
Si la relación con los técnicos de las instituciones del Gobierno es muy grata, la relación con el pueblo nicaragüense les llena de mucha más gratitud.
“Los nicaragüenses son muy amables, muy amistosos. Antes de llegar yo mi familia estaba preocupada de la seguridad, pero al llegar aquí me siento muy tranquilo trabajando con los soldados y los policías, además me parece que la sociedad es muy tranquila. Me siendo muy seguro”, manifiesta.
Proyectos sociales, comercio y vías de acceso
Complementario a la vía acuática, el proyecto también implica la construcción de carreteras en una zona donde las vías de acceso no existen. Puerto Príncipe, se ubica a una hora de Nueva Guinea, y la trocha para llegar allí está en muy buenas condiciones, pero después de eso todo son interminables campos donde pasta el ganado. Es por llamarlo de alguna manera, el final del camino.
En este lugar los técnicos chinos y nicaragüenses también están levantando un censo poblacional y de viviendas. La recepción de los pobladores de Puerto Príncipe a las obras del Canal es en general muy buena, ya que significa fuentes de empleo, escuelas, centros de salud y desarrollo económico.
“No podemos ponernos en contra. Puede traer bastantes cambios porque ya con un Canal vienen (visitantes) de distintos países y hay más movimiento (comercial), más negocios, más trabajo”, asegura Melania Macis Jarquín, de 62 años.
El ganadero Camilo Calero, se muestra igualmente abierto a las posibilidades de desarrollo que traerá la obra para el sector productivo donde él se desenvuelve.
“Como productores nosotros esperamos que la carne, el queso, la leche tengan otros precios y que no la vendamos a los intermediarios”, subraya Calero, quien espera que la apertura comercial de Nicaragua redunde en nuevos mercados para los productos nacionales.
Este productor dice esperar reunirse con el Gobierno y así poder conocer más detalles sobre el proyecto y los beneficios que traerá a su comunidad.
Se prevé que finalizado el Canal de Nicaragua, este sea cruzado por embarcaciones de hasta 18 mil contenedores. Sin embargo, para dar un ejemplo del impacto que tendrá en el país solo basta decir que unos 50 mil trabajadores se requerirán para su construcción y otros 200 mil laborarán en sus instalaciones cuando entre en operación.












