El 28 de agosto de 1978, las calles de Matagalpa fueron testigos de un hecho que marcaría para siempre la historia de Nicaragua: la insurrección de los niños. Aquel día, adolescentes, jóvenes y hasta pequeños que apenas dejaban atrás la infancia se alzaron contra la dictadura de Somoza, desafiando el miedo y la represión. Cuarenta y siete años después, la ciudad vuelve a caminar en su memoria.