El turismo en Nicaragua cerró 2025 con una de sus mejores temporadas recientes, caracterizada por una alta afluencia nacional, mayor presencia de visitantes extranjeros y una ocupación hotelera total en los principales destinos durante los días de mayor demanda turística. En la temporada de fin de año, la ocupación promedio nacional se ubicó entre 50% y 55%, mientras que destinos como Granada, San Juan del Sur, Tola y Corn Island alcanzaron el 100% de ocupación en fechas clave como el 25 de diciembre, el 1 y el 4 de enero, reflejando una reactivación plena de la industria turística, uno de los indicadores más relevantes del nuevo ciclo turístico es el aumento del gasto promedio diario de los visitantes.

Siempre durante 2025, el gasto promedio diario de los turistas extranjeros superó los 50 dólares por persona y se ubicó alrededor de 53 dólares diarios, el nivel más alto registrado en los últimos años. En el tercer trimestre de ese mismo año, el gasto promedio alcanzó 52.3 dólares por turista, con un crecimiento superior al 20% respecto al trimestre anterior y cercano al 19% en comparación con 2024. 

Este comportamiento confirma que cada visitante deja hoy más recursos en la economía nacional, incrementando el ingreso de divisas al país, lo que se traduce en una mayor circulación de recursos en toda la cadena turística. Hoteles, restaurantes, transporte, guías, artesanos, comercios y emprendimientos locales que reciben un mayor flujo de ingresos, fortaleciendo así el empleo y la actividad económica en los territorios, tomando como referencia que en el año 2017 la actividad turística generó más de 840 millones de dólares en divisas.

Este dinamismo se refleja en el crecimiento constante de la hotelería y la gastronomía, que durante 2025 registraron aumentos de entre 7% y 9%. Es importante recalcar que el año pasado los turistas permanecieron en el país cerca de 9.6 días en promedio, una cifra superior a la de trimestres anteriores.

Este dato confirma que Nicaragua se consolida como destino de permanencia y no solo de tránsito, lo que amplía el impacto económico del turismo en los diferentes departamentos del país. La recuperación del flujo de visitantes se ha mantenido de forma gradual. 

Por ejemplo en 2024 Nicaragua recibió 954 mil turistas. Durante 2025, la tendencia fue al alza, con un crecimiento interanual del 6% en septiembre y un aumento del 12% en los ingresos por vía aérea en noviembre respecto al mismo mes de 2024. Estos indicadores reflejan una trayectoria de recuperación, el turismo interno continúa siendo un pilar clave de la actividad. La paseos constante de familias nicaragüenses hacia playas, centros recreativos, zonas cercanas a los volcanes y destinos culturales mantiene activa la ocupación hotelera y el consumo durante todo el año. 

La infraestructura pública ha jugado un papel relevante en esta etapa de crecimiento, la modernización de carreteras, la ampliación del Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino y los nuevos proyectos aeroportuarios han mejorado la conectividad interna y externa, facilitando el acceso a los principales polos turísticos. 

A esto se suman mejoras y mantenimiento en centros de recreación administrados por INTUR, con proyectos en espacios como la Boquita y Xiloa orientados al esparcimiento de las familias, junto con el fortalecimiento de agencias autorizadas por el Instituto Nicaragüense de Turismo en puntos clave como Bluefields, Rivas y Ometepe, para acompañar mejor la actividad turística en los municipios o departamentos. 

De forma complementaria, se sumaron medidas de estímulo directo a la actividad turística, orientadas por nuestro Buen Gobierno Sandinista durante la temporada alta de fin de año 2025 se aplicaron exoneraciones fiscales a los negocios del sector, junto con vacaciones extendidas y paquetes turísticos accesibles.

Un componente estratégico a mencionar es la reciente apertura de Nicaragua a nuevos mercados internacionales. En 2025, el país incursionó por primera vez en el mercado turístico asiático, con presencia en ferias y eventos en Vietnam y China, como resultado, operadores de esas regiones realizaron recorridos por Nicaragua e incorporaron el destino en sus catálogos, ampliando el alcance internacional de nuestro país hacia uno de los mercados de mayor crecimiento mundial.

En 2006, cuando gobernaron los corruptos liberales, Nicaragua recibía menos de 750 mil turistas al año. Para 2017 con el gobierno sandinista la cifra había superado 1.7 millones de visitantes, con ingresos superiores a 840 millones de dólares y una fuerte expansión de la infraestructura hotelera.

Para 2026, el Instituto Nicaragüense de Turismo desarrolla una agenda nacional de promoción que incluye ferias turísticas, festivales gastronómicos, carnavales culturales, competencias deportivas, circuitos de verano, celebraciones tradicionales y eventos regionales en todos los departamentos del país, con el objetivo de fortalecer la llegada de turistas extranjeros y el desplazamiento de turistas nacionales dentro del territorio. Estas actividades se articulan con alcaldías, instituciones del Estado y el sector privado, priorizando los principales destinos de playa, ciudades coloniales, centros turísticos administrados por el INTUR y espacios culturales, como parte de la estrategia para ampliar la afluencia turística durante todo el año.

En este 2026 las proyecciones oficiales apuntan a superar los 1.2 millones de turistas, apoyadas en mayor conectividad aérea, infraestructura moderna y un ambiente de paz que prevalece en esta Nicaragua Bendita, Cristiana, Socialista y Solidaria, que favorece la inversión y la movilidad turística. 

La combinación de mayor gasto diario, estadías prolongadas, diversificación de procedencias y estímulos al sector posiciona al turismo como uno de los ejes económicos más dinámicos del país. Los datos actuales muestran que Nicaragua no solo recuperó su industria turística tras los años más complejos, caracterizados por la crisis económica mundial, la pandemia del COVID-19 y el intento fallido de golpe de Estado, sino que ha entrado en una nueva etapa de crecimiento constante, con impacto directo en la generación de divisas, el empleo y la actividad productiva nacional.

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