Desde muy pequeño, el poeta Rubén Darío estuvo rodeado de libros, conversaciones y música que marcaron para siempre su obra literaria. Así lo explicó el maestro Porfirio García Romano, durante una entrevista en la Revista En Vivo, brindada en ocasión de los 110 años del paso a la inmortalidad del bardo universal.
García, destacó la influencia familiar, artística y social en la formación del panida nicaragüense, quien creció en León, en la casa de sus tíos abuelos, donde se reunían intelectuales y figuras de la política local. "Rubén Darío, muy pequeño, oía esas conversaciones", recordó el maestro, y entre esas voces estaba la de su tío abuelo, el coronel Félix Ramírez, quien participó en la Guerra Nacional y fue una figura clave en la vida del poeta.
En ese ambiente, tuvo acceso temprano a la lectura, "ahí es que Rubén Darío comenzó a leer y a escribir a los 3 años; leyó la Biblia, Las mil y una noches, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha", explicó García, quien comentó que esos libros sentaron las bases de su formación intelectual.
El maestro también resaltó el fuerte vínculo afectivo que Darío tuvo con sus tíos abuelos, "él lo vio como su papá y a la tía Bernarda (Sarmiento) como su mamá; es más, durante algunos años pensaba que era hijo de ellos".
Otro elemento decisivo fue la música, el coronel Ramírez le regaló un acordeón y más adelante Darío tendría un piano que lo acompañó en distintos lugares. "La influencia de la musicalidad de Rubén Darío está en sus poemas", afirmó García, y puso como ejemplo "La marcha triunfal", donde el ritmo del verso recuerda el paso de los soldados.
También recordó que muchos de los poemas darianos tienen origen musical, como "Sonatina", "La canción de los osos", "La canción de los pinos", incluso una de sus obras cumbres: "Cantos de Vida y Esperanza".
García explicó que Darío no solo renovó la poesía con musicalidad y belleza, sino que integró otras artes como la pintura. En su primer libro Azul, el poeta escribió sobre museos y grandes artistas, "él no solo miraba al escritor, al literato como alguien que escribe poesía, sino como alguien que se vincula a las otras artes".
Además, Rubén Darío abordó temas sociales y denunció la injusticia, en cuentos como "El fardo" y "El rey burgués", mostró la pobreza, la explotación y el desprecio hacia el poeta en una sociedad materialista. "Entonces, lo que está haciendo es denunciando su propia situación, donde él se miraba aislado de la sociedad y entonces, hace como cierta protesta", explicó el maestro.
"¿Cuál es el aporte que hace la corriente literaria, el movimiento literario que inaugura Rubén Darío? ¿Cuál es la diferencia con lo que ya existía? Y empieza a meter el preciosismo, palabras que incorporan piedras preciosas, joyas, telas, hace una descripción de un mundo donde explica y pone un nuevo rol del literato", destacó.
Porfirio García destacó el compromiso de Darío con Hispanoamérica y su identidad, el poeta escribió sobre los pueblos indígenas, la naturaleza, Nicaragua y América Latina. "Rubén Darío está empapado en todas las temáticas, incluso en temas más íntimos, reflexiona sobre la vida, la muerte", indicó.
Así, la obra de Rubén Darío se levanta como un puente entre la poesía, la música, las artes plásticas y la realidad social, convirtiéndolo en una de las figuras más universales de la literatura en lengua española.
Darío y la democratización de la lengua y la identidad latinoamericana
A su vez, sobre la trascendencia de Rubén Darío, el analista Xavier Díaz Lacayo, destacó que el mayor aporte del poeta nicaragüense fue haber transformado el idioma español en una herramienta accesible para todos, capaz de expresar belleza, dignidad e identidad.
Según Lacayo, a través del modernismo, Darío logró unir elementos del romanticismo y del realismo para enriquecer el lenguaje. "Rubén Darío engrandece y democratiza la lengua española al uso común, sobre todo connotando la belleza", afirmó y recordó que antes esa capacidad expresiva estaba reservada para las élites coloniales y monárquicas.
A partir de Darío, explicó, el idioma se convierte en un instrumento para describir no solo lo bello, sino también la realidad humana. "La lengua española está enriquecida para denotar la capacidad descriptiva, analítica y reflexiva de las personas, de los acontecimientos, de la dignidad y de la identidad", señaló y destacó que la belleza también está ligada al desarrollo social, la realización personal y la felicidad.
Lacayo sostuvo que ese legado sigue vigente, "el aporte principal de Rubén es democratizar el idioma como una herencia que todavía tenemos que seguir trasladando con palabra de vida y de afirmación".
Otro eje fundamental de la obra dariana, según el analista, es la reivindicación de los pueblos originarios y de América Latina como un referente cultural propio. "Rubén Darío desplaza ese segundo o tercer lugar que se le quiere dar a Latinoamérica y lo coloca como un referente primario", afirmó, rechazando la idea de una América subordinada o dependiente.
En ese sentido, destacó la visión de Darío sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza, "no somos una cultura subyugada; tenemos una poderosa influencia originaria en simbiosis con la naturaleza y el cosmos", dijo y añadió que el poeta reivindica a América Latina "desde su raíz, no desde el contexto impuesto".
Lacayo también subrayó el carácter antiimperialista de Rubén Darío, especialmente visible en el poema A Roosevelt: "Rubén desenmascara, denuncia y condena la forma neocolonialista con la que Estados Unidos se impone a través de su política exterior", aseguró. Para él, la vigencia del poema está en su denuncia de una política basada en el miedo, la dominación y el consumo material.
"La denuncia de Rubén es la falta de humanidad que caracteriza a esa política exterior", expresó, ya que Darío defendía una identidad latinoamericana heredada desde los pueblos originarios, como Cuauhtémoc y Nezahualcóyotl.
Lacayo resaltó la dimensión espiritual del poeta, en sus palabras, Rubén Darío fue "un instrumento para invocar la sensibilidad humana", ya que su obra invita a la introspección, a la transformación personal y a una relación más humana y solidaria con Dios. "Rubén rompe con un Dios castigador y lo pone al servicio de la comprensión y del crecimiento humano", afirmó.
Para Xavier Lacayo, Rubén Darío fue y sigue siendo un visionario de su época, cuya palabra continúa viva en el mundo hispano, especialmente en Nicaragua, donde su legado sigue formando identidad, orgullo y conciencia cultural.













