Homilía de Su Eminencia Reverendísima
Cardenal Leopoldo Brenes
en Santa Misa Crismal
realizada en la Catedral de Managua
2 de Abril del 2026
Mi querido Padre José Ramón, Vicario General de nuestra Arquidiócesis; Padre Boanerges, mi Vicario Episcopal de Pastoral; mis cercanos Colaboradores; mis Vicarios foráneos; Responsables de las diversas Zonas Pastorales; Miembros del Consejo de Pastoral; mis buenos hijos, Miembros de esta Arquidiócesis, de este Presbiterio que nos acoge y que nos manifiesta siempre su alegría.
Queridas Religiosas; Queridos fieles presentes aquí en nuestro Templo Madre, nuestra Iglesia Catedral, saludos siempre con el cariño de Padre, de Pastor, de Amigo y Hermano Mayor en la Fé; a todos mis buenos hijos que, desde sus hogares a través de la transmisión que se está realizando, están en Comunión con nosotros.
Hay algunos momentos en nuestra Vida Sacerdotal que están presentes cada momento de nuestra Vida: nuestra Ordenación Sacerdotal, nuestra primera Misa que celebramos, y esta Misa Crismal. Momentos trascendentes de nuestra Vida como Sacerdotes y que nos animan a vivir hoy en esta Misa Crismal 2026.
Esos momentos vienen a nuestras mentes, de manera especial nuestras Promesas Sacerdotales que, en aquel momento, 60 y tantos años, como el Padre Montoya; 50 y tantos años, como el Padre Toñito, Monseñor Bismarck y este Servidor; 40, 30, 20, y algunos meses.
Hoy, sin duda alguna, al levantarnos hemos pensado en ese momento, en ese momento que se unían tantos sentimientos, de manera especial los nervios de una Misión que el Señor nos llamaba y que hoy queríamos decirle: “Sí, Acepto. Sí, me comprometo. Quiero llevarlo con tu Gracia”. Sacerdocio Ministerial, un regalo que nos da el Señor a nosotros como Pueblo Santo de Dios, sacados de ese Pueblo para un servicio.
El Papa Francisco, de feliz memoria, que el próximo 21 celebramos el Primer Aniversario de su Partida entre nosotros. Y hoy, el Papa León, constantemente está dándonos Mensajes y animándonos a seguir adelante.
Hoy, mis Buenos Sacerdotes, quiero compartir algunos párrafos que él ha dedicado a nosotros como Sacerdotes, así como también algunas ideas que hace unas horas desde la Basílica Vaticana expresó, animándonos a seguir adelante, y a ser puentes y ser instrumentos de Re-conciliación.
“Me alegra, dice el Papa León, dirigiros este Mensaje en esta ocasión y hacerlo desde un sincero deseo de Fraternidad y Unidad.
Valorad el compromiso con el que vivís y ejercitad vuestro Sacerdocio en Parroquias, servicios y realidades muy diversas. Sé que muchas veces este Ministerio se desarrolla en medio del cansancio, de situaciones complejas y de una entrega silenciosa, de la que solo Dios es testigo.
Precisamente por eso, deseo que estas palabras los alcancen como un gesto de cercanía y de aliento, y que este Encuentro favorezca un clima de escucha sincera, de Comunión Verdadera y apertura confiada a la acción del Espíritu Santo, que no deja de obrar en vuestra Vida y en vuestra Misión”.
Se pregunta el Papa: “¿Qué tipo de Sacerdotes necesita la Iglesia entera en este tiempo? Ciertamente, no hombres definidos por la multiplicación de tareas o por la presión de los resultados, sino Valores configurados con Cristo, capaces de sostener su Ministerio desde una relación viva con Él, nutrida por la Eucaristía y expresada en una Caridad Pastoral marcada por el Don sincero de sí.
No se trata de inventar Modelos nuevos, ni de redefinir la identidad que hemos recibido, sino de volver a proponer con renovada intensidad, el Sacerdocio en su núcleo más auténtico, ser Alter Christus, dejando que sea Él quien configure vuestra Vida, unifique nuestro corazón y dé forma a un sincero Ministerio, vivido desde la intimidad con Dios, la entrega fiel a la Iglesia y al servicio concreto a las personas que se nos han confiado.
Hijos míos, miremos el centro de todo. Aquí se revela lo que da sentido a lo que hacen cada día y donde brota su Ministerio: El Altar. Por vuestras manos se actualiza el sacrificio de Cristo en la más alta acción confiada a manos humanas.
En el Sagrario permanece aquel que habéis ofrecido, confiado de nuevo a vuestro cuidado. Sed adoradores, hombres de profunda Oración, y enseñad a vuestro Pueblo a hacer lo mismo”.
Palabras de un Padre, palabras de un Amigo, palabras de un Pastor. Él, que vivió gran parte de su Ministerio en Chiclayo, Pueblo sencillo y humilde, en donde muchas veces él ha dicho: Aquí aprendí a sentir la Presencia de Cristo, en los humildes y los sencillos.
Mis buenos hijos, el Pueblo Católico, los Fieles de nuestras Parroquias nos quieren mucho, nos aprecian mucho, y constantemente nos dan el gran regalo que ni con todo el oro del Mundo podríamos pagarle; su cariño, su afecto, y de manera especial, su Oración.
Hermosa idea realizó Su Eminencia el Cardenal Miguel, de feliz memoria, nuestro Tercer Arzobispo, cuando quiso animar la Oración por nosotros los Sacerdotes en el Movimiento MOSAYRE, Movimiento de Oración por los Sacerdotes y Religiosos.
60,000 Pergaminos se distribuyeron durante el año 2025 y estos 3 meses; 60,00 personas que cada día se comprometieron a orar; Personas mayores, jóvenes y niños que sintieron la gran responsabilidad, como aquella niñita de 7 años que le dijo a su abuelita: soy responsable de un Sacerdote. ¿Cómo que eres responsable de un Sacerdote? Sí, tengo que orar cada día por este Sacerdote, y quiero que me acompañe.
Y esta niña llamaba a su abuelita a su camita y de rodillas oraban, no solamente por ese Sacerdote, sino por todos los Sacerdotes.
Y la preocupación de nuestros Laicos ha quedado plasmada en ese Documento, el cual acabamos de promulgar y que ha entrado en vigencia el 19 de Marzo, Fiesta de San José. Nuestro Segundo Sínodo Arquidiocesano, en el cual los Laicos de nuestras Parroquias manifestaron el cariño para todos nosotros, y además del cariño sus exigencias, como una muestra de cariño y de amor por nosotros.
Quieren de nosotros Sacerdotes abnegados, Sacerdotes comprometidos, de manera especial Sacerdote Santos, según el Corazón de Jesús y el Corazón de nuestra Madre, la Santísima Virgen María.
Doce números han dedicado nuestros Laicos a nosotros, del 254 al 265, en el cual nos manifiestan sus inquietudes, y sin duda alguna, estamos queriendo responder desde nuestras debilidades.
Como Arzobispo, como Padre, como Pastor, como Amigo, pero de manera especial como Hermano Mayor en la Fé, les digo a ustedes, mis Buenos Sacerdotes, que me siento orgulloso de ustedes, de aquel que me recibió en el Seminario y me acompañó, el Padre Osvaldo Montoya, y de los últimos que he ordenado hace 6 meses.
Somos esa Familia, somos esa Fraternidad Sacerdotal. Me siento orgulloso de la alegría con que desarrollan su Ministerio, de la entrega generosa constante; pero agradezco al Señor, de manera especial, haberme mandado en estos últimos años de mi Vida, al celebrar mis 50 años de Ordenación Sacerdotal y mis 75 años de Vida. Y vivirlos con ustedes. Gracias por acompañarme, por brindarme su amistad, su cariño, su afecto, y hacer también la carga pastoral más llevadera.
Les digo, como Prebisterio, sigamos adelante, sigamos delante de manera incansable, sobre todo fortaleciendo la Fraternidad Sacerdotal, con la cual todos nos hemos visto involucrados.
El Papa León dirá que la Fraternidad Sacerdotal forma parte de nuestra identidad de ser Sacerdote, y que por lo tanto tenemos que esforzarnos por hacerlo cada día más una realidad.
Hoy puedo dar Testimonio, ante ustedes y el Mundo, que en nuestro Presbiterio hemos hecho todo el esfuerzo por ser mejores y por formar esa Familia Presbiteral en Fraternidad, y sobre todo animados por la fuerza maravillosa del Espíritu que recibimos el día de nuestra Ordenación con la imposición de manos y la Unción con el Santo Crisma, el ayudarnos, el apoyarnos.
Las críticas con buen sentido nos ayudan, pero también a aquellas críticas, mordaces y fuera de tono, pienso que no podemos hacerles caso. El Espíritu del Señor está sobre nosotros y creo que todos estamos haciendo el mejor esfuerzo por ser mejores.
El Sábado pasado, con un grupo de fieles aquí en la Arquidiócesis, teníamos un pequeño Retiro; yo recordaba una frase del Papa Francisco, cuando llamó a Mateo, y que lo criticaban, y el Papa decía, qué interesante que Cristo no mira los adjetivos y no les hace caso a los adjetivos, sino que mira el sustantivo, mira al hombre, mira a la persona. Mirar los adjetivos en no ser hombre de Dios, no ser hombre que tiene una mirada como la mira Jesús.
Por eso, qué hermoso que le pidamos al Señor, como Sacerdote, tener la mirada de Jesús, que es una mirada de Amor, de Misericordia y de Perdón. Miró a Saqueo, que lo criticaban; miró a aquella mujer que querían apedrear; miró a María, que a los pies los enjugaba con sus lágrimas.
Mirar como mira Jesús es la gran misión que, hasta el fondo, diría, es la gran Oración que debemos hacer nosotros; pedirle esa Gracia de mirar como mira Jesús, como mira Dios.
Yo quiero, mis buenos hijos, agradecerles todo su Trabajo Pastoral. Como bien decía el Santo Padre hace unas horas allá en el Vaticano, gran esfuerzo, a veces, quizás, con incomprensiones. Pero qué interesante que vamos adelante, porque lo estamos haciendo en el Nombre del Señor, dejando todo.
Recordaba el Papa, como lo hizo Jesús: Dejó Nazareth para enfrentarse a nuevas realidades, y nosotros hemos sido llamados para dejarlo todo y servir a este Pueblo Santo que Él nos ha encomendado.
Quiero agradecerles su labor en la predicación de la Palabra, la cual desarrollan de manera permanente, después de escucharla, meditarla y expresarla a nuestro Pueblo Santo de Dios.
Agradecerles por la Celebración Eucarística, no una, sino muchas, que desarrollan muchas veces hasta el cansancio, cuando tenemos que visitar 10, 15 Comunidades el fin de semana, y hacerlo con Cariño y aún cansados; sin embargo, la fuerza y la gracia para celebrarla siempre la recibimos. Ser Ministros de Misericordia.
Hoy prácticamente concluimos el tiempo de Cuaresma, y en la persona de cada uno de ustedes hay cienes de personas que se han acercado durante este tiempo de Cuaresma. He conocido las muchas horas que han dedicado cuando uniéndose tres o cuatro han visitado las Parroquias para las Celebraciones Peni-tenciales de tres, cuatro horas.
Cuántas personas se acercaron al Señor durante este tiempo de Cuaresma, y ustedes, mis buenos hijos, fueron esos elementos de Misericordia, para que nuestros fieles pudieran reconocer cuánto los ama el Señor.
Y que el Señor, como bien recuerda el Papa Francisco, nos perdona todo, y nos perdona a todos; no hace diferencia ni distinción, porque él es el Amor, él es la Misericordia. El acompañamiento permanente a la Familia, a los jóvenes, a los niños, en las Catequesis. Quiero verdaderamente decirles, gracias por este Servicio que realizamos desinteresadamente, sin precio alguno, todo de una manera generosa.
Nuestros fieles reconocen esa labor de todos nosotros, y aquí está el testimonio. Nuestra Catedral está totalmente llena, han venido de manera voluntaria para apoyarnos, para orar por nosotros, y para decirnos cuánto nos quieren y que seguirán verdaderamente orando.
Nuestros Templos, durante este tiempo de Cuaresma han estado totalmente llenos. Ha sido el esfuerzo de ustedes los Sacerdotes. Nuestras 120 Parroquias que componen nuestra Arquidiócesis todas han desarrollado un trabajo grande y hermoso, de manera especial en este tiempo de Cuaresma.
Sigamos Adelante. No nos desanimemos. Siempre miremos al Crucificado, que desde la Cruz nos anima a seguir adelante. Tenemos el Cariño, la Bendición de Nuestro Buen Dios y la presencia del Espíritu Santo, pero también el Cariño, el Afecto y la Oración de nuestros fieles.
Hoy, nuevamente en todas nuestras Parroquias esas personas de MOSAYRE estarán para entregarnos un pequeño Pergamino con el nombre de un Sacerdote, y desde hoy se comprometen a orar por nosotros. ¡Qué hermoso regalo que nos dan nuestros Laicos! Les digo a todos ustedes, sigan orando por nosotros.
Esos 60,000 Pergaminos que se distribuyeron el año pasado son cortos, porque hay más y más Laicos que sin tener un Pergamino siguen orando por nosotros.
Puedo dar testimonio cuando visito vuestras Parroquias, y en la Procesión de Ofrendas presentan sus sentimientos nuestros fieles, y un común sentimiento que he encontrado en todas las Parroquias: Estoy orando por usted y estoy orando por mi Sacerdote. ¡Qué Bonito! Es una frase que la llevo y guardo profundamente en mi Corazón.
Cando el Padre César, mi Vicario Foráneo de Carazo, me comentaba de aquella respuesta de aquella señora, cuando él decía: No comprendo al Cardenal que lo veo que no se cansa, que celebra una Misa el Domingo a las 8:00 en Catedral, otra en Masaya a las 11:00 y a las 4:00 en Carazo.
Y qué hermosa la respuesta que la llevo muy grabada en mi Corazón, cuando aquella persona le dijo al Padre César; ¿Que acaso es poco lo que oramos por él? Miren qué bonito: ¿Qué acaso es poco lo que oramos por él? Y sé que ustedes también podrán decir lo mismo: ¿Acaso es poco lo que oramos por nuestros Sacerdotes?
Por eso, en nombre de todo el Presbiterio de la Arquidiócesis, y de manera muy personal, a todos ustedes aquí presentes, a todos los que nos están escuchando y viendo a través de los Medios, y a todos aquellos que en silencio también hoy nos recuerdan, un único sentimiento: Gracias, gracias, y gracias.













