Este 18 de abril, ocho años después, nuestro pueblo celebra la victoria de la paz sobre el golpismo terrorista, todo comenzó con un plan siniestro, con acusaciones contra el Gobierno por el incendio en la reserva Indio Maíz, afirmando que no había sido atendido. Sin embargo, se desplegaron 1,200 efectivos del batallón ecológico para sofocar las llamas, junto con el apoyo de países que enviaron medios aéreos y asistencia técnica.

Sin embargo, los vandálicos no se detuvieron en sus pretensiones desestabilizadoras y trasladaron su protesta hasta el centro de operaciones terroristas que funcionaba como la UCA. Cuando el plan “ambiental” se les cayó, activaron otro mecanismo de agitación y se agarraron del anuncio de reformas al Seguro Social que había hecho el buen gobierno sandinista.

Estas reformas contemplaban un ajuste cercano al 1% en las contribuciones y mantenían la edad de retiro en 60 años, además de ampliar beneficios para los jubilados. En cuestión de horas, este tema fue convertido en bandera de protesta y derivó en una escalada de violencia sangrienta ejecutada por golpistas, delincuentes, terroristas y vendepatrias en distintos puntos del país.

Posteriormente el 22 de abril de 2018, el buen gobierno sandinista, a través de la Compañera Rosario y el Comandante Daniel, anuncian la derogación de las reformas al sistema de Seguridad Social, pero dicha medida no detuvo la violencia que ya estaba en marcha y que estaba comprometida con el imperialismo yanqui, el cual estaba financiando la desestabilización a través de varios millones de dólares por medio de sus agencias criminales.

Luego, se instaló el tal diálogo nacional con la supuesta mediación de la Iglesia Católica que al final de cuentas terminó siendo, a través de sus obispos, la cabeza de la víbora del golpismo.

Por el gobierno participaron el Presidente y la Vicepresidenta, sectores sindicales, estudiantes de universidades públicas y representantes de pequeñas y medianas empresas, por el otro lado, la alianza cínica creada por los obispos, integrantes de ONGs, también parte del golpismo, empresarios corruptos que también estaban en la jugada de desestabilización del país y que eran parte de los actos terroristas, y supuesto estudiantes universitarios que resultaron ser delincuentes.

Pero además y como parte del plan, el canal diabólico 51, de la Iglesia Católica, transmitió el fallido diálogo nacional. Durante mayo y junio los terroristas instalaron tranques de la muerte en barrios, carreteras y arterias principales de todo el país.

En los tres meses que duró el golpismo quedaron documentados sus crímenes, tales como el asesinato de la familia del barrio Carlos Marx que fue calcinada cuando los golpistas incendiaron su vivienda con el padre, la madre y sus tres hijos dentro, además de incendios de unidades de transporte, la quema de las instalaciones de Tu Nueva Radio Ya y Radio Nicaragua, igualmente botaron y quemaron estructuras de los Árboles de la Vida, además siguueron matando, por ejemplo, el asesinato de Francisco Ramón Aráuz Pineda, hijo de Amada Pineda de las mujeres del Cuá, que fue asesinado y luego quemado en la vía pública, cerca de la UPOLI.

Otro caso estremecedor fue el del compañero Bismarck Martínez, secuestrado, torturado, asesinado y desaparecido su cuerpo.

Mientras tanto, los supuestos mediadores de la Iglesia Católica, en vez de detener el intento de golpe de Estado, se volvieron actores del mismo y llegaron hasta la Casa Presidencial a leerle la cartilla a la Compañera Rosario y al Comandante Daniel, donde exigían su renuncia al gobierno y planteaban que esos cargos debían ser ocupados por representantes de la oposición

Tiempo después y ante el desabastecimiento de los mercados producto del bloqueo de los tranques, los crímenes, la violencia, los secuestros, las torturas, el pueblo se indignó, salió a las calles, botó los tranques y en esa decisión fueron acompañados por la Policía Nacional.

De acuerdo con el informe de la institución del orden, el periodo comprendido entre el 18 y 19 de abril y el 25 de julio de 2018 dejó un total de 197 fallecidos en el contexto del intento de golpe de Estado, de los cuales 191 eran hombres y 6 mujeres, incluyendo 22 miembros de la institución policial, contabilizándose además 46 fallecidos entre el 19 y el 30 de abril, 45 en mayo, 56 en junio y 50 entre el 1 y el 25 de julio, junto a cientos de personas lesionadas, y con un perfil de víctimas que incluye trabajadores por cuenta propia, obreros, policías, empleados públicos y privados, estudiantes y otros sectores.

Igualmente el informe también aclara la existencia de 253 fallecidos por causas distintas como homicidios, accidentes de tránsito, hechos delictivos comunes y muertes naturales, que malintencionadamente y sin escrúpulos la oposición ha pretendido atribuírselos al gobierno.

Por otro lado en el plano económico las pérdidas ascendieron a 1,200 millones de dólares, y se perdieron más de 300 mil empleos, producto de la paralización del país, la interrupción de rutas, la destrucción de carreteras, daños a la infraestructura pública y privada, afectaciones directas al comercio, el turismo y la producción nacional.

A propósito de esta fecha, retomamos palabras de nuestra Compañera Rosario, brindadas para este mismo día en años anteriores, expresiones que hoy recobran vigencia y nos permiten comprender con claridad lo vivido por nuestro pueblo y el firme compromiso con la paz.

“Hoy vamos a refrescarnos un poco la memoria, y sobre todo la memoria de los terroristas, si acaso la tienen, la memoria de los fracasados e insepultos delincuentes de la historia.

La memoria de la escoria pura, si la tienen, esa memoria, vamos a refrescarle el cerebro, si acaso lo tienen, sobre el daño que impusieron al pueblo nicaragüense, a nuestro pueblo, a nuestra Nicaragua que venía avanzando en un eficaz modelo de alianza; enfrentando y confrontando la pobreza, desterrándola en caminos de unidad, protagonismo, democracia, para seguir priorizando el derecho al bienestar de todo el pueblo nicaragüense”.

“Vamos a refrescarles su codicia, su maldad, esa maldad que les dio, queriendo servir en bandeja de plata, o de lata, a sus vociferantes patrones, queriendo servirles la dignidad de Nicaragua”.

“Y vamos a refrescarnos nosotros mismos en esa frase que hicimos y hacemos nuestra todos los días: ¡Ni perdón, Ni olvido! ¡Y No Repetición!, porque no tienen perdón de Dios quienes interrumpieron el avance de un proyecto de hermandad cristiana, socialista y solidaria. Un proyecto que nos reúne a todos en Nicaragua para progresar, para prosperar, para hacer justicia, un proyecto que la fuerza espiritual de nuestro pueblo ha retomado”, expresó la Compañera Rosario Murillo.

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