En Nicaragua, los Árboles de la Vida comenzaron a instalarse en 2013, primero en Managua y luego en distintos departamentos, ubicándose en rotondas, avenidas y espacios públicos de alta circulación. Con el paso del tiempo, estas hermosas creaciones se extendieron por varias ciudades, conservando su tamaño y su forma, y mostrando distintos colores que hoy se reconocen a lo largo del territorio y se pueden apreciar en el recorrido diario de quienes transitan por estas zonas, convirtiéndose hasta el día de hoy en parte de nuestra identidad nacional.
El diseño de los Árboles de la Vida muestra una composición metálica definida, con un tronco central de base ancha que se eleva con ligera curvatura y sostiene una copa formada por espirales distribuidas de manera simétrica.
Estas espirales, inspiradas en el estilo del pintor austríaco Gustav Klimt, mantienen un orden preciso en su tamaño, su grosor y su ubicación, formando una figura equilibrada. Cada árbol conserva proporciones claras entre base, altura y extensión de la copa, lo que le permite integrarse de forma estable al entorno urbano sin perder uniformidad visual.
El árbol de la vida se asocia con la vida misma, con su origen, su crecimiento y su continuidad, está ligado a la idea de conexión entre la tierra y el cielo, al desarrollo constante y a la renovación que se sostiene en el tiempo, en los Árboles de la Vida presentes en Nicaragua ese significado se hace visible en sus formas y en su presencia, reflejando una idea de vida que se expande, que se mantiene y que se integra al entorno donde se encuentran.
Y en palabras de la Compañera Rosario Murillo, voz impulsora, esencia y presencia viva de estas maravillas en el país, así lo expresa al referirse a los Árboles de la Vida en Nicaragua:
“Más árboles de la vida, celebrando la vida. Estos árboles simbolizan y representan la luz de la paz y de la alegría”, “La Vida es Luz, en verdad, en justicia en cariño, en reconocimiento, en hermandad, en solidaridad, en complementariedad, la Vida como la merecemos, nuestras familias luchadoras”,
“esos símbolos representan lo que somos Vida, Salud y Fuerza, Victorias, Vida Victoriosa, Vida Gloriosa, Vida Honrosa, que sabemos usar para el Bien porque Ni nos Vendemos ni nos Rendimos Jamás!”, “Tenemos que hay más Árboles de la Vida, celebrando la vida.
Yo creo que hay una enemistad con la alegría en algunas personas, tal vez resentimientos, tal vez frustraciones, tal vez complejos, enemistad con la alegría y hay que encender las luces de la alegría en todas partes”, reiteró la Copresidenta.
Durante el criminal intento de golpe fallido de 2018, varios de los Árboles de la Vida fueron derribados, incendiados y vandalizados por los terroristas que pretendieron arrebatarle el poder al pueblo. Sin embargo, el pueblo y el buen gobierno sandinista derrotaron al golpismo, y los Árboles de la Vida renacieron como símbolo de victoria, fe y esperanza, multiplicándose en todo el país y acompañando el restablecimiento de la paz, la seguridad y la soberanía de Nicaragua.
A lo largo de este caminar cotidiano, los Árboles de la Vida se entrelazan con la experiencia de quienes viven y visitan Nicaragua, se convierten en puntos que llaman la atención de quienes llegan por primera vez, en imágenes que se capturan y se comparten, en referencias que el propio pueblo reconoce como suyas, y cuando cae la noche, su iluminación y la combinación de colores transforma el entorno en una escena distinta.
Más intensa, más visible, mientras desde lo alto, en el ingreso o salida de nuestra patria, su presencia constante y brillante dibuja una estampa reconocible que queda en la memoria, confirmando que ya no son solo parte del paisaje, sino expresión de la forma en que nuestro país se deja ver, por eso reiteramos Nicaragua vive en los Árboles de la Vida.













