LA CULTURA, FUENTE DE DIÁLOGO, PROGRESO Y ENTENDIMIENTO 

Frente a las serranías de Amerrique, lugar especialmente misterioso y mágico de la hermosa Nicaragua, se encuentra un yacimiento arqueológico testigo de la existencia de civilizaciones y culturas extraordinariamente interesantes. En ese lugar, y ya desde hace muchos años, arqueólogos europeos y nicaragüenses trabajan mano a mano para desenterrar las claves que nos pueden hacer conocer y comprender mejor la existencia de esos primeros pinoleros. El trabajo seguido y en equipo ha permitido sacar a la luz una gran cantidad de interesantísimas construcciones humanas y artefactos cotidianos, gracias a los cuales vamos conociendo más y mejor la historia de nuestra querida Nicaragua

Pero tan importante como los resultados de las excavaciones han sido, a mi modo de ver, las relaciones de cooperación establecidas y desarrolladas gracias al interés común en la cultura y la investigación. Durante nuestra reciente visita, tuvimos el gran placer de ser recibidos por una encantadora familia que habita en las tierras donde se encuentra el yacimiento, y que compartió generosamente con nosotros su casa, su comida y sus experiencias, en una demostración práctica de la íntima relación de la cultura con las relaciones humanas. Y eso se aplica a todos los niveles: entre investigadores, entre ciudadanos de diversos países, entre visitantes y comunidades locales, y también entre gobiernos y otros representantes públicos y de la sociedad civil. Todas estas relaciones ilustran el enorme potencial de la cultura como motor de desarrollo, progreso, diálogo y entendimiento.

Comenzando por el desarrollo, la cultura permite comprender los factores que inciden en el mismo, y aprovechar al máximo las oportunidades que se presentan. La Unión Europea ha apoyado una gran cantidad de acciones y proyectos culturales a lo largo de los años, y por supuesto también en Nicaragua, donde, junto con las y los nicaragüenses, hemos trabajado en diversas iniciativas: desde la puesta en escena de la ópera Carmen, hasta la promoción del cine y la lectura infantil como puentes para el diálogo y la solidaridad; desde los intercambios académicos entre Nicaragua y Europa, hasta el rescate de las estatuas precolombinas en la Isla Zapatera, entre muchas otras.

Pero se trata de una cuestión que va mucho más allá de las fronteras de este país. La Resolución sobre los derechos culturales aprobada en marzo de este mismo año por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas destaca con mucha razón que la cultura es un componente esencial para el desarrollo humano, clave para la inclusión y la sostenibilidad, a nivel global.

Se trata asimismo de un factor fundamental para el progreso y el avance en todos los campos, a través de su incidencia en la ciencia y la tecnología, también gracias a su papel como elemento pedagógico y de comprensión. Y la cultura histórica es clave en ese sentido. Investigar, conocer y entender nuestro pasado, tal como hacen los expertos en historia, arqueología, antropología… es una condición necesaria para evitar los errores del pasado y mejorar nuestro futuro. Es decir, progresar y avanzar.

Pero tal vez la dimensión más desconocida, aunque sea tanto o más importante que las anteriores, es la de la cultura como fuente de diálogo y entendimiento. La mencionada Resolución de Naciones Unidas señala también que la cultura tiende puentes entre personas, pueblos y naciones, más allá de las fronteras físicas y mentales. Las iniciativas en el terreno de la música, las artes audiovisuales, la pintura, la literatura, y todas las demás áreas culturales, sirven de puente entre civilizaciones, países e individuos, ayudándonos a intercambiar, conocernos mejor y apreciarnos más. Y también, cómo no, a sentar las bases para poder hablar de temas más controvertidos, prevenir y solucionar conflictos, y acostumbrarnos a dialogar de todas las cuestiones que nos afectan.

Al final del recorrido por los yacimientos de Amerrique – otros dicen Amerrisque – caminando entre las rocas que tantas gentes vieron pasar, reflexioné sobre cómo pudieron haber sido sus vidas, sus afectos y preocupaciones. Sin duda, ellos también tuvieron conflictos y disputas, como las tenemos en nuestros días ¿Cómo los solucionarían? ¿Qué papel jugaría la violencia? ¿Cómo habrían mantenido la paz?

Mirando esa serranía, de cuyo nombre dicen algunos poetas que deriva la voz “América”, y las ruinas del lugar donde habían vivido, trabajado y forjado un futuro tantas familias, me di cuenta una vez más de la necesidad e importancia suprema del entendimiento y del diálogo; de la empatía y la comprensión, para poder vivir en sociedad y progresar; y de cómo la cultura está íntimamente relacionada con todo ello. Y en último lugar, con el valor tal vez más fundamental de todos: la Paz.

Sigamos pues trabajando con la diplomacia cultural para avanzar y construir un mundo más pacífico, justo y solidario, con el respeto y la búsqueda del bien común como guía permanente, y con la cultura haciéndonos más acertados en nuestras decisiones, y más cercanos, empáticos y fraternales en nuestras relaciones.

Fernando Ponz Cantó
Embajador de la Unión Europea en Nicaragua

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