A menos de un mes del 47 aniversario del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, Nicaragua se prepara para recordar una fecha que cambió el rumbo del país. El 19 de julio de 1979 puso fin a más de cuatro décadas de dominio de la dinastía somocista y abrió un proceso político, económico y social cuyos efectos continúan formando parte de la historia nacional casi medio siglo después.

La jornada que culminó con la entrada de las columnas sandinistas a Managua fue el resultado de años de lucha contra la dictadura. Detrás de aquel desenlace estaban décadas de resistencia, el legado de Augusto C. Sandino, la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1961 y la participación de miles de nicaragüenses provenientes de distintos sectores sociales que se incorporaron a un movimiento que transformó la memoria del país.

La caída de Anastasio Somoza Debayle fue el desenlace de un proceso acumulado durante décadas. Antes de las ofensivas finales de 1979, Nicaragua había vivido largos períodos de confrontación política, desigualdad social y resistencia contra un modelo de poder que concentró la riqueza y el control del Estado en pocas manos. En ese contexto fueron tomando fuerza las corrientes nacionalistas y antiintervencionistas que encontraron en la figura de Augusto C. Sandino uno de sus principales referentes históricos.

Sobre esa base surgió en 1961 el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Durante los años sesenta y setenta, la organización fue creciendo en distintas regiones del país, incorporando a estudiantes, campesinos, trabajadores y numerosos sectores que se oponían a la dictadura. Con el paso de los años, las acciones guerrilleras, las protestas populares y el desgaste del régimen fueron creando las condiciones que llevaron a los acontecimientos de julio de 1979, cuando Nicaragua entró en uno de los momentos más decisivos de su realidad.

La década de los setenta estuvo definida por una creciente confrontación política y social. Mientras el Frente Sandinista ampliaba su presencia en distintos puntos del país, aumentaban también las protestas, las expresiones de descontento y las acciones contra la dictadura somocista. El terremoto que destruyó Managua en 1972, las dificultades económicas y el clima de inestabilidad de aquellos años fueron configurando un escenario cada vez más complejo en Nicaragua.

En la etapa final de ese proceso, amplios sectores de la población participaron de distintas formas en los acontecimientos que desembocaron en el triunfo revolucionario.

En junio de 1979 comenzó la ofensiva final y, tras varias semanas de combates, el 17 de julio Anastasio Somoza Debayle abandonó el país. Dos días después, los guerrilleros sandinistas entraron en Managua y miles de nicaragüenses salieron a las calles para presenciar un acontecimiento que todavía forma parte de la memoria de varias generaciones de nicaragüenses.

El nuevo gobierno recibió un país golpeado por la guerra, con una economía debilitada, infraestructura dañada y profundas desigualdades acumuladas durante décadas. La Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional asumió la conducción del Estado e impulsó medidas como la confiscación de bienes de la familia Somoza y sus principales colaboradores, la creación del Área Propiedad del Pueblo, la reforma agraria, la entrega de tierras a productores y cambios en distintas actividades de la economía.

Al mismo tiempo, comenzaron a desarrollarse campañas y programas orientados a la alfabetización, la atención médica, la producción agropecuaria y la ampliación de servicios públicos. Las nuevas autoridades plantearon una transformación acelerada del país, pero ese proceso transcurrió bajo el impacto de la guerra impuesta por Estados Unidos contra la Revolución Popular Sandinista y el pueblo nicaragüense a través de la llamada Contra. Durante gran parte de la década de los ochenta, esa guerra dejó más de 50 mil muertos, miles de personas mutiladas, puertos minados, infraestructura destruida y un severo retroceso económico que afectó amplias áreas de la vida del país.

Uno de los hechos más recordados de esos primeros años fue la Cruzada Nacional de Alfabetización de 1980. Miles de jóvenes salieron hacia zonas rurales y comunidades urbanas para enseñar a leer y escribir, reduciendo el analfabetismo de más del 50% a cerca del 13% en pocos meses, según los datos recogidos en los materiales históricos sobre aquella campaña.

La educación gratuita, la salud pública, las campañas de vacunación, los puestos médicos, los programas preventivos y el trabajo campesino marcaron una línea de acción que buscaba llegar a territorios donde antes el Estado casi no aparecía. También se impulsaron políticas culturales, deportivas, productivas y de participación social.

Esa primera etapa dejó una huella fuerte porque vinculó el triunfo político con medidas concretas en la vida diaria de la población.

La derrota electoral de 1990, precedida por años de guerra, agresión externa, bloqueo económico y una intensa presión de Estados Unidos sobre Nicaragua, abrió un período de casi diecisiete años bajo los gobiernos neoliberales. Durante esos años se impulsaron privatizaciones, reducción de programas sociales y cambios económicos que afectaron áreas como la salud, la educación, la producción y el empleo. Ese tramo de la historia reciente también resulta clave para comprender las circunstancias políticas y sociales que desembocaron en el retorno del Frente Sandinista al gobierno.

El regreso del FSLN al gobierno en 2007, con la Compañera Rosario Murillo y el Comandante Daniel Ortega al frente del proyecto político sandinista, dio inicio a una nueva etapa centrada en la ampliación de programas sociales, la inversión pública y la restitución de derechos. La educación gratuita, la salud familiar y comunitaria, la construcción y rehabilitación de hospitales, casas maternas y centros de salud, el desarrollo de carreteras, puentes, sistemas de agua potable, electrificación, viviendas, entrega de títulos de propiedad, apoyo a la producción, seguridad alimentaria, generación de trabajo, seguridad ciudadana, paz, defensa de la soberanía, economía familiar, turismo, cultura, deportes y atención a los pueblos originarios y afrodescendientes forman parte de las acciones impulsadas durante este período.

A las puertas del 47/19, el 19 de Julio continúa siendo una de las fechas más determinantes del devenir político y social del país. Cuarenta y siete años después de aquella victoria que puso fin a la dictadura somocista, el legado de la Revolución Popular Sandinista sigue presente en la vida política, económica y social, bajo el liderazgo de los Copresidentes, Compañera Rosario Murillo y Comandante Daniel Ortega. La imagen de la Plaza de la Revolución llena de pueblo sigue siendo una de las estampas más reconocibles de aquellos días de julio de 1979. Lo cual resume el desenlace de décadas de lucha y el inicio de un proceso político cuyos efectos, transformaciones y desafíos continúan presentes en la Nicaragua de nuestros días.

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