Cuando Carlos Fonseca Amador nació en Matagalpa el 23 de junio de 1936, Nicaragua todavía vivía bajo el impacto del asesinato del General Augusto César Sandino y el ascenso de la dinastía somocista. Aquel niño que creció en el barrio El Laborío, ayudando a su madre Justina Fonseca a sostener el hogar, terminaría convirtiéndose en el fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional y en el principal forjador de la doctrina política de la organización. Décadas más tarde dedicaría su vida a rescatar el pensamiento de Sandino y a construir un movimiento revolucionario que cambiaría la historia de Nicaragua.

Mucho antes de fundar el Frente Sandinista, Carlos ya había comenzado a construir el camino que marcaría su vida. Mientras ayudaba económicamente en su hogar vendiendo caramelos, periódicos y trabajando como mensajero del Telégrafo de Matagalpa, sobresalía en las aulas por su dedicación al estudio. En 1955 recibió la medalla La Estrella de Oro como mejor bachiller de su generación y poco después se trasladó a León para iniciar estudios universitarios. Aquella etapa resultó decisiva, pues fue entonces cuando profundizó en el pensamiento de Augusto César Sandino, participó activamente en el movimiento estudiantil y dio los primeros pasos de una militancia que más adelante lo convertiría en uno de los principales referentes revolucionarios de Nicaragua.

La década de los cincuenta estuvo marcada por el fortalecimiento de la dinastía somocista, el control de la Guardia Nacional y la persecución contra quienes cuestionaban al poder de turno. Mientras en distintos sectores del país crecían las demandas de cambio, comenzaban a surgir núcleos estudiantiles que debatían sobre la realidad nacional, el antiimperialismo y el legado de Augusto César Sandino. En medio de aquel ambiente político apareció una generación que años después daría origen al Frente Sandinista de Liberación Nacional.

El ajusticiamiento de Anastasio Somoza García en septiembre de 1956 y el triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959 alteraron el panorama político de América Latina. Nicaragua tampoco escapó a esa realidad. La represión aumentó, las detenciones por motivos políticos se volvieron frecuentes y la discusión sobre las vías para enfrentar a la dinastía somocista comenzó a ocupar cada vez más espacio entre sectores estudiantiles, obreros y campesinos. Fue en medio de esas circunstancias donde empezó a abrirse paso una corriente revolucionaria que, pocos años después, lograría construir una organización, levantar una dirección política y trazar una estrategia para enfrentar al sistema impuesto por los Somoza.

La persecución política que siguió al ajusticiamiento de Anastasio Somoza García en 1956 alcanzó también a Carlos Fonseca, quien fue encarcelado en medio de la ofensiva represiva desplegada por la dinastía somocista. Al recuperar su libertad continuó participando en actividades políticas y, en 1957, viajó a la Unión Soviética como delegado al VI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.

Aquel viaje quedó reflejado posteriormente en el libro Un nicaragüense en Moscú, una de las primeras obras que publicó. En 1959 se incorporó a la columna guerrillera Rigoberto López Pérez, organizada para abrir un frente de lucha contra la dinastía somocista. Durante los combates de El Chaparral resultó herido de bala en un pulmón y tuvo que ser trasladado para recibir atención médica. Aquellos hechos ocurrieron en una etapa de constantes intentos por organizar la resistencia armada, esfuerzo que continuaría desarrollándose hasta desembocar en la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1961.

El 8 de noviembre de 1976 el Comandante Carlos Fonseca Amador cayó en Zinica, Matagalpa, junto a los combatientes Benito Carvajal y Crescencio Aguilar. Para entonces ya había dejado trazado el rumbo político e ideológico del Frente Sandinista de Liberación Nacional. La recuperación del pensamiento de Sandino, el Programa Histórico de 1969 y la formación de cuadros revolucionarios en distintas etapas de la lucha formaban parte de una obra que continuó creciendo después de su caída. Noventa años después de su nacimiento, su nombre sigue presente en la memoria política de Nicaragua y en una organización que mantiene vigentes las banderas por las que dedicó su vida.

Sobre la dimensión humana, revolucionaria y sandinista de Carlos Fonseca Amador, la Copresidenta Compañera Rosario Murillo ha compartido una de las reflexiones más completas sobre quien es reconocido como el Padre de la Revolución Popular Sandinista:

Fácilmente podemos identificar a Carlos Alberto Fonseca Amador, en las gloriosas páginas de la historia de este país, como un hombre valiente, digno, honorable, estudioso, generoso, pero sobre todo congruente, por eso le honramos con el título de: “Padre de la Revolución Popular Sandinista”. Ese es el peso indiscutible, impresionante y permanente, de un hombre que supo ser ejemplo, que supo ser líder, que supo ser compañero, que supo ser un sandinista a pesar de las limitaciones, a pesar de las adversidades, a pesar de todo.

Porque un revolucionario y un sandinista, no pueden ser personas sin corazón, sin alma, sin ternura, sin entrega, sin amor por nuestro pueblo, aunque tenga los conocimientos teóricos e intelectuales. A pesar de ser un ejemplar estudiante de primaria, secundaria y universitario, nuestro Carlos, no era un intelectual lejano a la pobreza, a la explotación, a la exclusión, que vivía nuestro amado pueblo, en las garras de la dictadura más sanguinaria, explotadora, desigual y cruel que esclavizó a nuestra patria, los Somoza.

Conoció la pobreza personalmente desde su infancia, en su originaria Matagalpa.

Esa calidad de revolucionario, de sandinista, de humanista, de nuestro Carlos, se resume en una frase dicha por él mismo: “Y también enséñenles a leer”, porque no era egoísta, porque quería que el conocimiento que él tenía, también lo tuvieran las personas analfabetas, que abundaban en la época del somocismo, porque sabía que el conocimiento y la educación, eran y siguen siendo, los mayores instrumentos para que un pueblo sea libre, independiente y soberano.

Carlos, nuestro Carlos, puso su vida, su conocimiento, sus estudios, su esfuerzo al servicio de ese pueblo que tanto amó, le mostró a nuestra gente el camino a seguir, con dignidad, valentía y autoridad moral, porque sabía que la causa sandinista, a pesar del poder de la dictadura somocista, vencería, porque la apoyaba la razón, el conocimiento, el derecho y la historia, finalizó la Copresidenta Compañera Rosario Murillo.

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