Es válido contextualmente traer a la mesa del análisis profundo enfoques que nos determinen en que parte está el verdadero peso de los intereses nacionales en la balanza de la justicia dónde muchas veces se cree que los extremos se inclinan por los kilos del fardo y no por el tonelaje de las ideas.
 
En lo personal creo que en la balanza de la justicia, donde péndula la conveniencia para la mayoría y la minoría, me es más importante y tiene mucho mayor peso una onza de lealtad que un quintal de oro y no me refiero a la lealtad hacia los individuos sino a la que debemos a Dios, a la nación y a la familia porque estoy convencido que en esa trilogía están los fundamentos y los principios que sostienen a la prosperidad y  al desarrollo para lograr la calidad de vida que siempre quisimos tener, pero que tristemente nos la negó el prurito de la democracia mal entendida, la que ha querido imponer Washington al mundo libre.    
  
Hay muchos temas que cuando se enfocan o se plantean, de acuerdo al énfasis que el expositor les quiera dar, que de la misma manera que nos pueden llenar las expectativas que depositamos en ellos, de la misma manera pueden quedar a deber cuando por un interés específicamente burdo, se dirige un mensaje, tan sesgado, que pierde de vista su verdadera integralidad.
 
No todos tenemos un radar de visión amplio, a lo mejor requerimos de una campimetría que permita medir nuestro verdadero entorno, es decir, la amplitud de la visión periférica o lateral que una vez fijada en la mirada hacia un determinado punto u objeto nos la pueda definir tan cual es, porque a veces pasan cosas a nuestro alrededor de las que no nos damos cuenta porque no hay posibilidad de identificarlas en su real dimensión o porque simplemente no lo queremos hacer por falta de interés o porque lo que queremos vender sobre determinado tema no abarca la totalidad del universo que encierra y entonces es cuando llega la tergiversación.
 
Creo que para entender las muchas cosas que ha veces nos pretenden agarrar en modo de “sorprendidos” es que siempre debemos tener a nuestra historia como un catecismo de consulta permanente para comprender ¿con quien estuvimos, qué hicimos, de donde venimos, dónde estamos y para dónde vamos?
 
Podría decir que al responder correctamente a las preguntas antes planteadas es porque tenemos un alto nivel de experiencia, pero eso no nos da necesariamente sabiduría porque una cosa es lo que nos sucede y otra lo que pensamos y sentimos acerca de eso que nos sucede.
 
Hay personas que aprenden siempre de la historia y tiene una respuesta para no repetir lo malo que ella nos muestra y que además son muchas. Las otras también que la vida les pasa por encima y no se dieron cuenta que la historia los aplastó. Tristemente la ignorancia es persistente y se les ocurre que pueden ser catedráticos del engaño tratando de enseñar las mentiras que el mundo aborrece porque van dirigidos a pueblos que hoy son más sabios y más educados.

Un pueblo como el nicaragüense por ejemplo está más que claro de la historia que ha vivido y fundamentalmente de lo que no tuvo antes de 1979 con la dictadura dinástica y lo que tuvo desde de la revolución cuando un proceso perfectible de transformaciones políticas, sociales, económicas y culturales nos tienen en el punto actual y eso fue posible porque aprendimos observamos, escuchamos, preguntamos, reconocimos errores, fuimos autocríticos, nos abrimos a las críticas y leímos incesantemente para que nadie nos viniera a contar cuentos de caminos.
 
En política hay temas de temas que abordar que nunca dejarán de ser apasionantes y el más paradigmático de ellos, porque representa un universo de aspectos en su abordaje es el significado real de la democracia. Dícese de ella que es la alternabilidad en el poder, la separación de poderes, la libertad de expresión, respeto a los derechos humanos y otros aspectos ciertamente válidos, pero que desde mi punto de vista de quedan cortos.
 
Por supuesto que todo eso es parte de la democracia y cuando hablamos de elecciones libres en Nicaragua, es porque las hay, pero terminan siendo un “fraude o un robo” porque el oposicionismo, hablando del nuestro, como no gana, por falta de propuestas y de candidatos atractivos, honestos y potables, entonces llegan a llamar al reducido grupo de gentes que les puede apoyar a abstenerse, a no votar por ellos, porque saben que no tienen organización y entonces les resulta más fácil deslegitimar el proceso para que afuera el más interesado, ya sabemos quién, diga que aquí no hay elecciones transparentes y así estimule las patrañas y mentiras de los peleles que se creen la especie, no porque sea cierta, sino por una actitud servil con Washington.
 
En una democracia la separación de poderes es importante, ahora nosotros tenemos órganos, pero aquí para el fracasado oposicionismo, que no existe, argumenta que los copresidentes de la República lo controlan todo, pero en  tiempos Violeta Chamorro, de Arnoldo Alemán y del tristemente célebre Enrique Bolaños, cuando la Asamblea Nacional era controlada por el MRS, el PLC y sus aliados, respectivamente, los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo Supremo Electoral, eran nombrados por la mayoría parlamentaria, que no era la bancada Roja y Negra y al final, quien los coordinaba era el presidente de la república y en ese momento los que hablaban de la falsa separación de poderes manifestaban todo lo contrario porque muchos de esos fueron magistrados y para colmo no servían para nada más que para figurar y pavonearse como los grandes personajes de la época y ganar salarios prohibitivos si consideramos la pobreza extrema de aquellos tiempos, porque entonces el presidente de la república se echaba a la bolsa 10 mil dólares y los ministros 8,7,6 y el más chanfaina cinco mil dólares por debajo de la mesa porque por arriba, en la nómina oficial y fiscal, también había otra cifra que cobrar. 
 
La libertad de expresión es, no hay duda, un parámetro válido del significado de democracia y en este rubro la actual administración de gobierno tiene notas sobresalientes porque aquí los decibeles en algunos medios de comunicación, en el oleaje terrorista de la previa, en el desarrollo y a posteriori del fallido golpe de estado mintieron, desinformaron, calumniaron y difamaron y se pusieron por encima del libertinaje lo que a mí entender se dejó correr demasiado porque lo que vino después fue el odio, el crimen y la perversidad desatada y estimulada descaradamente a nombre de la libertad de expresión.
 
En la democracia el respeto a los derechos humanos, el respeto a las minorías, a lo que piensan y a lo que dicen existe, pero lo que no existe por parte de quienes en realidad la niegan, es respeto a la autoridad, es respeto a la vida y al pensamiento ajeno, si usted no piensa igual a una miseria humana, Dios lo guarde porque el odio le caerá encima.
 
¿Aquí quiénes son dictadores e intolerantes?
Aquellos que no se soportan entre sí, que campean en la división de sus propias refriegas y para quienes democracia es el irrespeto a la ley y al derecho de los demás, porque el terrorista no concibe que otros tengamos humanamente el derecho a vivir en paz y cuando estos vándalos caen presos, por efecto de sus delitos y andadas criminales, entonces gritan violación a sus derechos humanos y es cuando aparecen los vividores defendiendo a los victimarios y desamparando a las víctimas porque ese es el negocio que por supuesto nada tiene que ver con la democracia, pero sí mucho con la estafa puesta al servicio de lo más rancio de la política invasiva e intervencionista de quien les financia y que los usa para propósitos totalmente antidemocráticos que lastiman a la mayoría de los nicaragüenses.
 
La democracia es tener un alto sentido de lo que son los derechos y obligaciones. No funciona cuando al exigir tus derechos crees que solo uno y no los demás los tienen y se te ocurrió que manifestarte y marchar es para destruir, para quemar, para agredir o para insultar a quien te reclama porque con tu actitud afectas directamente a los demás.
 
La democracia no es solo que tengas derecho a ser electo, sino que, al postularte para tal propósito, tangas certeza de que los electores van a observar en ti a una persona con los suficientes valores como para que se hagan representar por vos, pero si no tienes ese elemental requisito, nunca alcanzarás un cargo de elección popular, sobre todo en un país tan pequeño como el nuestro dónde todos sabemos quién es quién y donde la ignorancia no entiende que no es lo mismo política que politiquería.
 
Ahora bien, de lo que he hablado hasta el momento, es la democracia política con la que ningún pueblo prospera porque la base del desarrollo es otra cosa y no tiene nada que ver con los apetitos personales y de figuración con los que algunos creen es el camino hacia la toma del poder y no necesariamente para servir. 
 
La democracia en la que el pueblo realmente cree es aquella que esta antecedida de propuestas para la colectividad y no para las élites. Por ejemplo, aquí en Nicaragua este club de oposicionistas desde que desataron sus demonios contra la paz, hasta nuestros días, nunca hicieron una sola oferta social a la nación porque únicamente se quedaron repitiendo y repitiendo como loras que se vaya Daniel Ortega, que se vaya Rosario Morillo, pero nunca te dijeron para qué, jamás que qué harían de ser cierto ese sueño para ellos y pesadilla para los demás y aunque eso siempre estará en los cuernos de la luna, tampoco dijeron nunca cómo arreglarían al país porque creyeron que los gringos mandarían sus aviones para bombardearnos con dólares desde aquel portaviones que nunca llegó, se acuerdan, “ya el portaviones salió, está en camino, eso nadie lo para”.
 
Los gringos, a los que algunos ven como los John Rambo de la película, no están interesados en la democracia en Nicaragua, pero sí en que Daniel Ortega no esté en el poder porque para ellos es un mal ejemplo por el nivel de estadista que tiene y que contrasta enormemente con quienes le sucedieron a partir de 1990 en nuestro país y con otros presidentes de nuestro hemisferio que pasaron sin pena ni gloria por sus administraciones. Para referir esto recordemos que en la década de los 90s la expresidenta Violeta Barrios abusivamente y sin consulta previa a nadie le perdonó la sentencia que la Haya había dictado contra Estados Unidos y que se llegó a calcular en unos 17 mil millones de dólares, añada usted ahora los intereses, y en siete años de gobierno ultra conservador y pronalista, el imperio lo único que dio a cambio fueron migajas y lástima.

La misma conducta tuvo con Arnoldo Alemán y con el ario y tristemente célebre de Enrique Bolaños, a pesar de ser este el clon mejorado de Adolfo Díaz y cuando llegó nuevamente a la presidencia Daniel Ortega lo primero que hizo el imperio fue quitar la Cuenta Reto del Milenio porque el Tío Sam no observaba satisfechos sus caprichos y aunque se mantuvo con ellos relaciones respetuosas, el yanqui por debajera financiaba, capacitaba y armaba el golpe de 2018 y todo porque el gobierno rojo y negro de Nicaragua con sus proyectos sociales, con poco pero con eficacia, había logrado ubicar a Nicaragua no solo como una de las naciones con mayor crecimiento en el hemisferio sino con una impactante visión social que obviamente perturbó el sueño del inquilino 45, 46 y 47, de la Casa Blanca, este último, el proxeneta, terrorista serial del mundo, convicto y criminal, Mister Zanahorio.
 
En ese entonces no le gustó al actual 57 el ejemplo de Nicaragua en una América Latina interesada en una izquierda como la sandinista que con un respaldo abrumador de su pueblo sigue hacia adelante desmontando un capitalismo salvaje con una revolución socialista, cristiana y solidaria que está en pie no por discursos cargados de promesas sino por hechos y realidades.
 
Estemos claros entonces que las elecciones son en la integralidad de la democracia procesos soberanos que deben afianzar la paz de todos nosotros los nicaragüenses, los que lo somos, los que estamos aquí y que nunca fuimos capaces de prestarnos a la destrucción del país para arrebatar por la vía del crimen y del asesinato un poder que mercenarios, lacayos y vende patrias jamás lograron por la vía constitucional.
 
Por lo tanto la decisión de quien o quienes deben ser los electos es un aspecto tan profundamente moral y transparente que no se trata simplemente de depositar un voto en una urna sino que este represente legitimidad que el elector determine tenga un partido contendiente, cualidades en los postulantes y méritos de amor a la Nicaragua que se pretenda servir porque ¿de que hablaríamos por ella si permitimos que sean hijastros los que se pongan al frente para que como el alacrán lo único que buscan es devorarla como ya se hizo antes a lo largo de la historia?
 
En consecuencia, en el actual contexto la Asamblea Nacional, órgano legislativo de la Presidencia de la República, inicia un proceso de consulta con su también órgano electoral, para establecer meridianamente que somos nosotros los nicaragüenses que amamos la paz, que queremos la paz y que deseamos vivir en paz los que vamos a decidir nuestro destino desde la voluntad de una premisa fundamental que aquí no hay retorno al pasado, que el odio está desterrado y que los espacios para los “líderes de barro” están cerrados y que aquí no hay cabida ni para el vicio somocista ni para el terrorista asesino que hoy por hoy puede decir desde afuera lo que quiera mientras desde adentro nos preparamos para afinar los grandes detalles que perfeccionaran un sistema electoral que pondrá el destino de la patria en las manos de quienes quieren y hacen por Nicaragua.
 
Finalmente comprendamos que la democracia es realmente integral y su materia prima está en la suma, en la multiplicación y no en la resta y la división de quienes se caracterizan por un oposicionismo demencial y peligroso para una nación que como la nuestra es gobernada por un sistema que es perfectiblemente democrático porque centra sus esfuerzos en beneficio de una mayoría que jamás en su historia recibió tanto como ahora.  
 
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.

Comparte
Síguenos