La historia que a Nicaragua le ha tocado vivir está llena de muchísimos episodios de todo calibre donde por supuesto hay vencedores y perdedores que la escribieron y al respecto debo decir que en lo personal no me quedo con aquello de que solo los ganadores lo hacen ya que en los por qué los perdedores también siempre han tenido mucho que decir.
 
Cuando afirmamos que Nicaragua es mil veces heroica es porque hemos andado, desde los días de nuestra independencia por circunstancias muy particulares que no creo otros países hayan experimentado como por ejemplo; golpes de estado, intervenciones, invasiones, cercenamientos territoriales, guerras vecinales y fratricidas, dictaduras, dinastías, revoluciones, contrarrevoluciones y casi toda la gama de fenómenos naturales, pues hasta donde sé y en el nombre de Jesús nunca suceda, solo nos hace falta que nos llueva fuego.
 
Muchos de estos trances sufridos a través de la historia representaron procesos muy largos de solución y sanación a través de los tiempos para poder superarlos y en no pocas de estas circunstancias, encontrar la salida siempre anduvo a paso de tortuga porque las heridas abiertas de la confrontación fueron y serán difíciles de cerrar y los costos económicos para reconstruirnos, tras cada uno de esos eventos, fueron millonariamente altísimos.
 
Al final sin embargo lo que siempre hizo más difícil la sanación de las heridas o la reconstrucción de tantas pérdidas a lo largo de la historia fue la envidia y el egoísmo de aquellos perdedores, desadaptados y malos nicaragüenses que serán minoría sí, pero que indudablemente causan daño.
 
Veámonos hoy como estamos, diera la impresión que no se aprende aun de los errores y aunque la gran mayoría de los nicaragüenses hayamos unido voluntades para ir hacia adelante y olvidarnos de lo que el odio nos quiso hacer en abril de 2018, que nos representó retomar el vuelo del Ave Fénix, aun persisten los necios en seguir jochando.

Yo solo me pongo a pensar cómo estaría Nicaragua hoy de no ser por el miserable oposicionismo que pretendió consumar el fallido golpe de estado de aquel 2018 financiado por el derrumbado hegemon; que por encima nos haya caído la peste del Covid-19 y seguidamente como albarda sobre aparejo ETA y el IOTA y realizar que a pesar de, estamos de pie y victoriosos.
 
Yo no dudo que sin esas anclas nuestro país, a pesar de estar siendo reconocido hoy por sus inmensos avances económicos, estaría a la cabeza de los más crecientes en el continente y tristemente no es así por la envidia y el egoísmo de algunos individuos que habitaron una sociedad promiscua de anti valores donde se revolcaban jerarcas del clero, -que gracias a Dios ya no están aquí- con empleados del gran capital, con falsos estudiantes y politiqueros de todo tiempo que nunca estuvieron bien hasta que todo el pueblo estuvo mal.         
 
A esta gentuza le caracteriza la envidia, un sentimiento malsano por lo bien que puede estar otra persona, es el desagrado o la molestia que se produce en alguien que quiere ser como aquel al que todo le sale bien y como no le resultan las cosas así, entonces por eso que caiga el diluvio apocalíptico contra el éxito de los demás porque el envidioso no admite que al final, por su incapacidad personal, no haya logrado sus metas y que esta sea la suma de sus propios errores.
 
Esa condición de fracaso por el cual habla el envidioso nos conduce al egoísmo que domina a quien solamente se ocupa de aquello que es para su propio interés y beneficio, sin atender ni reparar en las necesidades del resto de las personas, de la sociedad, del pueblo, del país.
 
El egoísta se reconoce fácilmente por su yoísmo, cree que el mundo es solo para él y todo debe ser para su propio provecho y poco o nada valen las opiniones de los demás y así sin empacho es capaz de pasar por encima de cualquier verdad con tal de imponer su propia mentira y lidiar con alguien así es difícil porque frena la relación con el prójimo, porque ese individualismo siempre estará tratando de hacer sentir a los demás como si no existieran o como si sus preocupaciones o ideas no importaran.
 
Dicho lo anterior imagínense a la envidia y al egoísmo juntos como una bomba que todos los días el terrorista lanza contra la paz y la estabilidad de Nicaragua para amargarnos la existencia porque le ocurrió que aquí solo el puede estar bien, aunque esté mal y vaya a seguir estando mal donde este hasta la consumación de sus últimos días, porque aquí, ni lo queremos ni lo necesitamos.
 
Estas miserias humanas, padecen el “Síndrome de Procusto” que es la incapacidad para reconocer como válidas las ideas de otros; es el terror en el individuo a ser superado profesional o personalmente por otros y eso los lleva a eludir responsabilidades, los lanza a tomar malas decisiones, a boicotear las iniciativas, aportaciones e ideas de aquellos que pueden dejarlos en evidencia como fracasados.
 
Procusto era, para la mitología griega, el Rey del terror y además la envidia personificada. Procusto tenía una pequeña posada en las colinas de la región del Ática que ofrecía cobijo al viajero solitario, pero cuando el transeúnte se acostaba en la cama de hierro para descansar, era amordazado por Procusto, que lo ataba de pies y manos y si la víctima era demasiado alta, cortaba las partes del cuerpo que sobresalían; si era de baja estatura, descoyuntaba sus huesos y estiraba su piel hasta que alcanzaba el tamaño de la cama.
 
Para añadir dramatismo a la historia, las leyendas cuentan que nadie gozaba de una estatura idónea, ya que Procusto escondía dos camas: una alargada y otra diminuta. Las torturas de Procusto llegaron a su fin cuando el héroe Teseo, como parte de su última aventura antes de llegar a Atenas, retó al posadero a tumbarse en la cama y superar su propio reto. No lo logró: perdió la cabeza y los pies.
 
Siglos después, el mito se ha transformado en una problemática psicológica conocida como el “Síndrome de Procusto” y lo padecen aquellos que cortan la cabeza o los pies de quienes sobresalen. Los oposicionistas, terroristas o miserias humanas que lo padecen te roban tus sueños y tus energías.
 
Esos que tienen el “Síndrome de Procusto” se afectan emocionalmente cuando otra persona tiene razón y ellos no. Son enfermos que tienen miedo de conocer a personas a las que todo les va bien, que son proactivas y que tienen más conocimientos, capacidades o iniciativas que ellos y cuando las gentes de bien surgen y son visibles se sienten invadidos por una sensación de desconfianza y malestar y eso explica muchas reacciones estúpidas y descerebradas por las que abundantemente se distinguen.
 
Los que padecen el “Síndrome de Procusto” son expertos en cuestionar y descalificar la capacidad creativa de otros para que no quede en evidencia su propia ignorancia lo que en nuestra Nicaragua es imposible porque todo lo que hacen tiene una magnitud descomunalmente acémila.
 
En Nicaragua el “Síndrome de Procusto” representa en verdadero rostro del terror y está en una parte minúscula del  clero católico, bajo sotanas salpicadas de sangre; en lo que fue el COSEP, donde la mayor característica fue la empresa de maletín; estuvo en la llamada sociedad civil donde algunas y extintas ONGs encontraron una caleta de buen billete para vivir plácidamente en rosa; estuvo en falsos estudiantes universitarios, que si acaso, tienen doctorados únicamente en vagancia y estuvo por supuesto en viejos rostros de la politiquería más arrugados que una pasa y que cascarudamente llegaron a decirnos que representan el relevo, pero todos ellos enfermos de la fatalidad, semillas muertas que fueron sembradas en tierra infértil que solo produjeron tragedias y a los que no podemos pedir que cambien porque su naturaleza es la maldad y la agresión para la Nicaragua en que equivocadamente nacieron.
 
El gran problema para los que sufren el “Síndrome de Procusto” es que aquella máxima de Joseph Goebbels del miente, miente, miente que de la mentira algo queda, se quedó atrapada en el uyuyuy aquel que gritaba ya viene el lobo porque de tanto repetirlo nadie lo creyó y por eso, a pesar de las campañas mediáticas, de las descalificaciones, de las amenazas de reeditar lo del 2018, no han podido ser más que la verdad que el pueblo defiende ni más que las grandes victorias y éxitos que en todos los campos logra el gobierno de unidad y reconciliación nacional que no solo es reconocido por el pueblo que lo acuerpa sino que también por organismos internacionales que tiene influencia en Estados Unidos, que como albarda sobre aparejo, es la nación del planeta más afectada por el “Síndrome de Procusto” y si no véanlo pintado en el 47 de la oficina oval.
 
¿Qué hacer con estos Procustistas?
 
Hemos, aquellos que decidimos no ver hacia atrás, es decir los que jamás pensamos en detenernos, seguir avanzando y construyendo y a la vez acabando con todo vestigio del odioso terror que la envidia y el egoísmo generó en 2018 y cada quien desde su propia misión hacer efectiva posible la recuperación total de la paz.
 
Algunos no entendieron que recuperar la estabilidad fue un esfuerzo serio, difícil y contra corriente porque el financiero del terror abrió las bóvedas donde reposa el cada vez más devaluado dólar para financiar una nueva reedición de lo que pretendieron hacer en el 2018 y para eso los afectados por el “Síndrome de Procusto” movieron sus patas para pedir fondos millonarios para llenar sus bolsas a nombre de una libertad y democracia de la que goza plenamente el nicaragüense y que jamás hemos perdido, como tampoco hemos pedimos a nadie, menos a los lacayos del imperio que luchen por ella para que nos la devuelvan porque la tenemos y la defendemos.
 
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.

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