La defensa de la tierra que siglos después conformaría Nicaragua tiene antecedentes que se remontan a los pueblos originarios que habitaban estas regiones mucho antes de que existiera la República y de que la soberanía nacional adquiriera el significado jurídico que tiene en nuestros días. Entre las primeras figuras identificadas por nombre durante los acontecimientos que marcaron la resistencia frente al avance de los conquistadores españoles aparecen los caciques Diriangén y Nicarao, autoridades indígenas que en 1523 enfrentaron la llegada de la expedición encabezada por el conquistador español Gil González Dávila, quien avanzó sobre estas tierras en nombre de la Corona española con la intención de recorrer y conquistar nuevos dominios, imponer su poder sobre los habitantes, apoderarse de sus riquezas y extender el "cristianismo" entre los pueblos originarios.

La conquista que siguió a aquellas primeras incursiones desató enfrentamientos en los que murieron numerosos indígenas y dio paso a años de esclavización, saqueos, abusos y violencia sexual contra las mujeres. Los conquistadores también impusieron la autoridad de la Corona española y llevaron consigo la religión de la Iglesia católica, desplazando las creencias y prácticas espirituales que los pueblos habían mantenido hasta entonces. En aquella época, el Pacífico estaba habitado por comunidades asentadas en distintas regiones, donde defendían las tierras que ocupaban, se comunicaban en sus propias lenguas y las transmitían de padres a hijos, rendían culto de acuerdo con sus creencias y mantenían vivas sus prácticas espirituales, seguían las costumbres aprendidas de sus antepasados, cultivaban la tierra para alimentarse y llevaban sus productos a otras comunidades para intercambiarlos. De esa manera mantenían contacto con poblaciones vecinas y, cuando surgían diferencias, también llegaban a enfrentarse. Cinco siglos después, el Estado nicaragüense reconoce aquellos acontecimientos como antecedentes de la resistencia indígena frente a la invasión extranjera y coloca a Diriangén y Nicarao entre las raíces históricas de una larga defensa de la tierra, la libertad y la autodeterminación.

Nicarao gobernaba un cacicazgo de origen nahua asentado en el sur del actual territorio nicaragüense, entre el Gran Lago Cocibolca y el litoral del Pacífico, en una región que comprendía parte del actual departamento de Rivas. Al frente de aquel pueblo ejercía la autoridad acompañado por otros dirigentes, mientras los habitantes practicaban la religión heredada de los antepasados, hablaban una lengua propia, mantenían vivas las costumbres y se reunían en el monéxico, el consejo de ancianos donde conversaban y resolvían los asuntos de la comunidad. El 5 de abril de 1523 se produjo en el istmo de Rivas el encuentro entre Nicarao y Gil González Dávila, capitán español que había penetrado por el Pacífico acompañado de hombres bajo el mando de la Corona. Las crónicas atribuyen al jefe indígena un prolongado intercambio de preguntas con los recién llegados acerca de las creencias que profesaban y otros asuntos que despertaron interés. Ese episodio ha sido objeto de distintas interpretaciones a través del tiempo, pero forma parte de los primeros contactos documentados entre una autoridad originaria de esta región y la expedición europea que avanzaba sobre tierras hasta entonces gobernadas por los pueblos que las habitaban.

Mientras los españoles continuaban el recorrido, otro liderazgo indígena ocupaba una posición decisiva más al norte.

Diriangén era señor de los dirianes y encabezaba poblaciones chorotegas asentadas en lo que hoy corresponde al departamento de Carazo. En abril de 1523 se encontró con Gil González Dávila, quien llegó acompañado por hombres que avanzaban en nombre de la Corona española y exigían a los habitantes aceptar una nueva religión y reconocer la autoridad invasora. Diriangén rechazó aquellas pretensiones y, después de ese primer contacto, se retiró para preparar junto a sus guerreros la respuesta frente a los españoles. El 17 de abril regresó al frente de los combatientes indígenas y se produjo, en la zona identificada actualmente con Diriamba, el enfrentamiento contra la expedición del conquistador. Aquel episodio ocurrido hace más de cinco siglos quedó registrado como uno de los primeros levantamientos indígenas contra los conquistadores en lo que posteriormente sería Nicaragua. En aquella resistencia, Diriangén contó con guerreros que conocían cada rincón de la zona, dominaban los caminos y parajes por donde acostumbraban movilizarse y aprovecharon ese conocimiento para hacer frente a los hombres llegados de otro continente, que pretendían someter a los pueblos indígenas y apoderarse de la región.

Esa misma existencia no terminó con el enfrentamiento encabezado por el cacique Diriangén. Aunque los caciques Diriangén y Nicarao pertenecían a pueblos distintos y antes de que los europeos irrumpieran en estas tierras existían diferencias entre ellos, ambos quedaron unidos por un mismo momento histórico al enfrentar el avance de los conquistadores sobre las regiones que habitaban. La lucha indígena tampoco concluyó en un solo combate, porque la invasión abrió un período mucho más largo que cambió profundamente la vida de los pueblos originarios. Los criminales y ladrones de esa época, avanzaban para apoderarse de nuevas tierras en nombre de la tal Corona española, saqueaban las riquezas que encontraban a su paso, obligaban a los habitantes a someterse a la autoridad impuesta y trataban de extender su religión sobre las creencias que aquellas comunidades habían practicado durante siglos.

Ante aquella arremetida, los indígenas permanecieron en sus dominios, defendieron las costumbres que formaban parte de su vida, continuaron practicando la religión heredada de sus antepasados y lucharon por mantener la manera en que habían vivido durante generaciones. La expedición encabezada por Gil González Dávila encontró resistencia y tuvo que retroceder, pero aquello no puso fin a la conquista. Otros invasores regresarían después y, durante los años siguientes, avanzarían nuevamente por la región hasta extender la colonización, desatando guerras, sometiendo a los habitantes, explotándolos, esclavizándolos y obligando a muchos a abandonar los lugares donde vivían. A todo ello se sumaron las enfermedades provenientes de Europa, que se propagaron entre los indígenas y provocaron una enorme disminución de la población. Aquella defensa iniciada frente a los primeros conquistadores abrió así un largo período de resistencia contra una invasión que, con el paso de los años, terminaría cambiando para siempre la historia de Nicaragua.

Esos dolorosos acontecimientos de 1523 adquieren un significado particular cuando se miran desde la Nicaragua de nuestros días.

En aquel tiempo todavía no existía jurídicamente la República de Nicaragua ni la soberanía nacional tenía el significado que alcanzaría siglos después. Sin embargo, los caciques Diriangén y Nicarao defendieron por instinto lo que les pertenecía: protegieron a sus pueblos, lucharon por las tierras donde vivían, mantuvieron sus costumbres, ejercieron su propia autoridad y rechazaron que hombres venidos de otro continente llegaran a someterlos y apropiarse de sus dominios.

Lo que entonces significaba defender la tierra, la libertad y el derecho de sus pueblos a decidir por sí mismos, siglos después tendría un nombre: defensa de la soberanía. Allí se encuentra uno de los antecedentes históricos de la soberanía nicaragüense. Mucho antes de las luchas por la Independencia, de la Guerra Nacional y de los posteriores enfrentamientos contra las intervenciones extranjeras e imperialistas de los siglos XIX y XX, los pueblos originarios ya habían resistido a quienes pretendían apoderarse de sus tierras e imponerles un dominio ajeno.

La historia del nombre Nicaragua también quedó ligada a Nicarao y a la región que gobernaba cerca del lago Cocibolca, aunque historiadores y lingüistas han debatido a lo largo del tiempo sobre el origen y la evolución exacta de esa denominación. Quinientos años después de aquellos acontecimientos, el reconocimiento a los dos caciques también quedó establecido en las leyes nicaragüenses. El 17 de abril de 2023, al cumplirse cinco siglos del inicio de la resistencia indígena de 1523, la Asamblea Nacional, atendiendo orientaciones de la Compañera Rosario Murillo y el Comandante Daniel Ortega, aprobó la Ley N°. 1149, “Ley que declara Héroes Indígenas de Nuestras Luchas Antiimperialistas al Cacique Diriangén y al Cacique Nicarao”, mediante la cual ambos líderes indígenas recibieron oficialmente esa condición por el papel que desempeñaron frente a los conquistadores.

La ley señala que ambos presentaron batalla contra el invasor español que irrumpió en estas tierras en 1523 y establece oficialmente su condición de Héroes Indígenas. La legislación fue publicada en La Gaceta, Diario Oficial N°. 66, el 18 de abril de 2023, quedando desde entonces incorporada a las leyes de Nicaragua. De esta manera, cinco siglos separan las luchas protagonizadas por aquellos caciques del reconocimiento que finalmente les otorgó el Estado nicaragüense. A partir de esa declaratoria, el 17 de abril quedó establecido como una fecha que recuerda aquella resistencia iniciada cuando la expedición encabezada por Gil González Dávila avanzaba por el Pacífico y encontró la oposición de los pueblos que habitaban estas tierras. Diriangén y Nicarao no enfrentaron a Cristóbal Colón, quien había llegado a la costa Caribe del actual territorio nicaragüense en 1502, ni a Pedrarias Dávila, cuya participación corresponde a una etapa posterior de la conquista. Fue Gil González Dávila quien en 1523 tuvo contacto con Nicarao y posteriormente enfrentó la resistencia encabezada por Diriangén. Así, la lucha protagonizada por ambos caciques hace más de quinientos años quedó reconocida legalmente como parte de la historia de Nicaragua.

Siglos después de aquella primera resistencia encabezada por los caciques Diriangén y Nicarao, la defensa de estas tierras continuó apareciendo en distintos momentos de la historia de Nicaragua y encontró nuevos protagonistas frente a las amenazas de cada época. Durante la Guerra Nacional de 1856 surgieron

José Dolores Estrada y Andrés Castro frente a los filibusteros de William Walker; años más tarde, Rubén Darío levantó desde la literatura y el pensamiento una voz contra el expansionismo y la injerencia en 1912, Benjamín Zeledón combatió la intervención militar estadounidense entre 1927 y 1933, Augusto C. Sandino encabezó la resistencia contra la ocupación de los marines y en 1956, Rigoberto López Pérez protagonizó otro capítulo de la historia nicaragüense, ajusticiando al dictador Anastasio Somoza García. Es por eso que, de Diriangén y Nicarao a José Dolores Estrada, Andrés Castro, Rubén Darío, Benjamín Zeledón, Augusto C. Sandino y Rigoberto López Pérez, hasta llegar a nuestros días con nuestros líderes, la Copresidenta Compañera Rosario Murillo y el Copresidente Comandante Daniel Ortega, distintas generaciones de nicaragüenses han levantado la defensa de la soberanía frente al colonialismo, el filibusterismo, las intervenciones extranjeras y el imperialismo.

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