Nicaragua comenzará a vivir desde finales de agosto una nueva jornada de Fiestas Patrias que llegará a las escuelas, llenará de patriotismo las calles y reunirá a las familias en municipios y comunidades, hasta desembocar en las grandes conmemoraciones del 14 y 15 de septiembre. El Ministerio de Educación prepara desfiles estudiantiles, visitas a San Jacinto, actividades cívicas y el recorrido de la Antorcha Centroamericana, sumando a niños, jóvenes, docentes y familias a una celebración que la Copresidenta Compañera Rosario Murillo ha descrito desde las tradiciones, el patriotismo y el alma nicaragüense. La programación permite que el país vaya entrando poco a poco en ese ambiente sin restarle significado a las fechas históricas de septiembre, porque el recorrido comienza antes, pero conduce hacia ellas y ayuda a comprender por qué cada bandera azul y blanco, cada acto escolar y cada visita a los lugares donde se escribió nuestra historia tienen detrás siglos de luchas, sacrificios y decisiones. Las fiestas llegan además en un momento en que Nicaragua se prepara para aprobar, en primera legislatura a inicios de septiembre, las reformas parciales a la Constitución Política, orientadas a reafirmar la independencia, la soberanía nacional, la paz y el principio de no injerencia en los asuntos internos del país, así como el derecho del pueblo nicaragüense a decidir libremente su propio camino. De esta manera, las celebraciones patrias coinciden con un proceso que coloca nuevamente en el centro principios que han acompañado distintos momentos de la historia nacional, desde las luchas por la libertad hasta la defensa de Nicaragua frente a las intervenciones extranjeras.
Para entender lo que se conmemora hay que remontarse mucho antes de 1821, cuando Centroamérica todavía permanecía sometida al dominio colonial español y comenzaban a escucharse voces que reclamaban cambios. Las luchas independentistas que avanzaban por América también llegaron a estas tierras, donde las revueltas de 1811 y 1812 mostraron que el dominio de la Corona ya enfrentaba resistencia. En ese camino apareció el presbítero nicaragüense Tomás Ruiz, originario de Chinandega, quien participó en 1813 en la llamada Conjura de Belén en Guatemala y formó parte de aquellos primeros movimientos contra la dominación colonial. Años después, otro hijo de Nicaragua entraría de lleno en las discusiones que antecedieron a la ruptura definitiva con España. Miguel Larreynaga, formado primero en el Seminario San Ramón de León y posteriormente en la Universidad de San Carlos de Guatemala, había alcanzado reconocimiento como abogado, filósofo, matemático, catedrático y hombre de una extraordinaria preparación intelectual. Su trayectoria lo llevó hasta los círculos jurídicos y políticos donde se debatía el futuro de la región, convirtiéndolo en una de las voces nicaragüenses presentes cuando llegó el momento de decidir si Centroamérica continuaba subordinada a la monarquía española o comenzaba a caminar por sí misma.
El 15 de septiembre de 1821, Larreynaga participó en Guatemala junto a Gabino Gaínza, José Cecilio del Valle, Pedro Molina y otras figuras en las deliberaciones que culminaron con la firma del Acta de Independencia de Centroamérica. Diversas referencias históricas lo sitúan entre quienes respaldaron que aquella decisión se tomara sin mayores demoras, llevando al debate el prestigio acumulado durante años de ejercicio jurídico y académico. Sin embargo, aquel documento no resolvió de un solo golpe las profundas contradicciones que atravesaban a la región ni significó que desde ese instante quedara asegurada una independencia plena. Después de la declaración comenzaron años de controversias, enfrentamientos y conflictos que demostraron que 1821 apenas abría un largo camino para los pueblos centroamericanos. Nicaragua terminó separándose de la Federación Centroamericana en 1838 y continuó buscando su propio rumbo mientras enfrentaba disputas internas y amenazas externas, hasta que pocas décadas después una nueva fuerza invasora demostraría que firmar la independencia era una cosa y defenderla frente a quienes pretendían apoderarse del país sería otra batalla completamente distinta.
Esa amenaza llegó con el imperialista William Walker y los filibusteros, que a mediados del siglo XIX pretendieron convertir Nicaragua en pieza de sus ambiciones expansionistas y extender su dominio hacia el resto de Centroamérica. En medio de aquella guerra apareció con toda su dimensión histórica el General José Dolores Estrada, nacido en Nandaime, quien el 14 de septiembre de 1856 comandó la defensa de la hacienda San Jacinto. En ese lugar combatieron fuerzas nicaragüenses acompañadas por indios flecheros de Matagalpa frente a mercenarios que disponían de mejores armas, en un combate que terminó con la derrota de los invasores y se convirtió en uno de los mayores símbolos de resistencia del país. Por eso San Jacinto forma parte esencial de las celebraciones patrias y las visitas programadas para estudiantes tienen un significado que va mucho más allá de conocer un sitio histórico, porque también pueden encontrarse con el lugar donde hombres sencillos, campesinos y flecheros defendieron una nación amenazada por extranjeros que pretendían apropiarse de ella. Un día antes de recordar la independencia centroamericana, Nicaragua conmemora así una batalla que enseñó cuánto costaba conservarla, uniendo el 14 y el 15 de septiembre mediante dos acontecimientos distintos que terminaron hablando de una misma aspiración, ser y permanecer libres.
Pero las amenazas contra esa aspiración no terminaron con la derrota del filibusterismo. El país volvió a conocer la intervención extranjera y en ese nuevo capítulo surgió Benjamín Zeledón, cuya resistencia frente a las fuerzas estadounidenses lo incorporó a la larga secuencia de nicaragüenses que enfrentaron la imposición foránea. Más adelante, Augusto C. Sandino encabezó desde las montañas la lucha contra la ocupación norteamericana hasta la retirada de los marines, dejando como herencia una defensa de la soberanía que posteriormente estaría entre los cimientos históricos e ideológicos del Frente Sandinista de Liberación Nacional. El triunfo de la Revolución Popular Sandinista el 19 de julio de 1979 abrió otra etapa y llevó esa búsqueda de independencia hacia terrenos que tocaban directamente la vida de las familias, con transformaciones en educación, salud, reforma agraria, cultura y deporte. De esa manera, el camino que había comenzado con la ruptura del dominio español, que pasó después por San Jacinto y continuó mediante sucesivas resistencias, fue adquiriendo un significado más amplio, porque la libertad ya no se limitaba únicamente a la ausencia de una fuerza ocupante, sino que comenzó a expresarse también en la posibilidad de tomar decisiones nacionales, desarrollar políticas propias y procurar que los recursos y esfuerzos del país respondieran a las necesidades de su población.
Las actuales Fiestas Patrias vuelven a poner en primer plano la dignidad, la independencia y la soberanía, particularmente en tiempos de amenazas injerencistas y presiones que pretenden manosear el derecho de los pueblos libres a decidir su destino. Nicaragua conoce lo que significa enfrentar intereses extranjeros, lo vivió bajo el dominio colonial español, volvió a sufrirlo con el filibusterismo y más tarde con las intervenciones que encontraron resistencia en distintas generaciones de nicaragüenses. También conoce el costo de las guerras y confrontaciones que dejaron miles de hogares llorando la ausencia de sus seres queridos. La Copresidenta Compañera Rosario Murillo, al hablar de la alegría y la paz que viven las familias nicaragüenses, expresó: “muchos de los que hoy vemos desfigurados, malos, malvados, cómo quisieran estar aquí, cómo quisieran vivir esta alegría, pero es que la alegría no solo es alegría de vivir en Paz, la Alegría la da la Fe, la alegría la da la gracia de Dios”. Más adelante agregó: “los que ya no son nicaragüenses por decisión propia, porque ideay, se decidieron a traicionar su patria, por eso decimos apátridas, yo me imagino en el fondo de ellos mismos lo que quisieran es estar aquí”, finalizó la Compañera Rosario.
Los estudiantes tendrán un papel importante durante estas semanas y llevarán esa historia a las calles a través de los desfiles y las distintas actividades preparadas para las Fiestas Patrias. Desde los centros educativos, el Ministerio de Educación continuará acompañando su formación con programas que les permitan aprender dentro y fuera de las aulas, mientras los docentes reciben preparación para fortalecer la enseñanza, se mejoran las condiciones de las escuelas y se aprovechan las nuevas tecnologías como parte del aprendizaje. Las bandas estudiantiles también saldrán a recorrer las calles y muchos muchachos y muchachas visitarán San Jacinto, donde podrán conocer el lugar en el que José Dolores Estrada encabezó la defensa de Nicaragua y los flecheros de Matagalpa combatieron contra los filibusteros. En ese sitio tendrán frente a ellos una parte de los acontecimientos que han venido conociendo desde las aulas, junto con otros capítulos como la presencia de Miguel Larreynaga en Guatemala durante los sucesos de 1821. A estas celebraciones se sumará la Antorcha Centroamericana, que será recibida el 10 de septiembre en la frontera con Honduras y avanzará por suelo nicaragüense, encontrando a su paso a alumnos y autoridades de los diferentes municipios. El día 12 llegará a la Presidencia de la República, donde la Compañera Rosario Murillo y el Comandante Daniel Ortega la recibirán de manos de los estudiantes, antes de continuar hacia Costa Rica, donde será entregada el 13 de septiembre. Finalmente, el día 15 volverá a escucharse en los centros educativos la lectura del Acta de Independencia, culminando así una celebración que comenzará desde finales de agosto y continuará hasta las fechas históricas en que Nicaragua conmemora la Batalla de San Jacinto y la Independencia de Centroamérica.
Cuando las banderas azul y blanco comiencen a ondear y Nicaragua entre de lleno en sus Fiestas Patrias, no solamente estará recordando dos fechas históricas, estará reafirmando una condición que le pertenece como nación libre. La independencia se ejerce cuando un país decide sin tutelajes, la soberanía se demuestra cuando ninguna potencia extranjera puede imponerle su voluntad y la dignidad se sostiene cuando un pueblo se niega a ser manoseado desde afuera. Ese es el sentido que acompaña estas celebraciones en 2026, en momentos en que todavía persisten amenazas injerencistas contra naciones que reclaman el derecho de conducir sus asuntos internos. Nicaragua llegará al 14 y 15 de septiembre en paz, levantando su bandera y defendiendo una libertad que no admite dueños extranjeros, porque la patria pertenece a los nicaragüenses y son los nicaragüenses quienes tienen el derecho de decidir su presente y escribir su futuro.













