Corn Island conmemoró este 27 de agosto una historia que comenzó mucho antes de que la sopa de cangrejo, los tambores, las carrozas y el carnaval llenaran sus calles. Hace 185 años, en 1841, 98 hombres y mujeres sometidos a esclavitud recibieron en esta isla del Caribe nicaragüense la noticia de su emancipación, después de haber trabajado por la fuerza y vivido bajo un sistema colonialista que los consideraba propiedad. Al recibir la libertad, aquella población no disponía de grandes provisiones para festejar. Según el relato transmitido entre generaciones, los recién liberados fueron hasta el mar y los humedales, recogieron cangrejos, consiguieron cocos y buscaron otros alimentos que tenían a su alcance. Con lo reunido cocinaron una sopa, mientras bailaban y tocaban los tambores para celebrar aquel momento. Aquella celebración de 1841 dio origen a una tradición que, 185 años después, continúa reuniendo a los habitantes de Corn Island cada 27 de agosto.

La libertad anunciada en Corn Island había tardado años en llegar hasta sus habitantes. Centroamérica decretó la abolición de la esclavitud en 1824, pero en la Costa Caribe aquella decisión no se cumplió de inmediato. La Mosquitia seguía bajo fuerte influencia británica y todavía había hombres y mujeres obligados a trabajar para otros. El 1 de enero de 1839, el rey misquito Robert Charles Frederick proclamó el fin de la esclavitud en sus dominios y dio plazo hasta el primer día de 1841 para acabar con ella. Llegó la fecha y algunos propietarios continuaron reteniendo a las personas que trabajaban para ellos. En agosto de 1841, el coronel Alexander McDonald, superintendente de la Honduras Británica, viajó a la región para hacer cumplir la abolición. Durante su paso por la Costa Caribe, antes de llegar a Corn Island, se reunió con el monarca, habló con las autoridades y trató el asunto con los propietarios. En esos días, 44 personas fueron liberadas en Bluefields y otras 24 recuperaron su libertad en Pearl Key Lagoon, hoy Laguna de Perlas, en la Costa Caribe Sur de Nicaragua.

McDonald llegó finalmente a Great Corn Island, una isla donde los hombres y las mujeres esclavizados trabajaban principalmente en las plantaciones de algodón. Propietarios anglos y creoles, algunos procedentes de San Andrés y Providencia, cultivaban el llamado Sea Island cotton, un algodón de fibra larga que enviaban a mercados extranjeros. En aquel tiempo vivían en la isla unas 200 personas y casi la mitad permanecía esclavizada. El 27 de agosto, la embarcación que transportaba a McDonald ancló en Insurance Harbour, frente a Southwest Bay. Desde allí fueron llamados los propietarios y también se reunió a las personas sometidas a esclavitud para comunicarles la decisión que cambiaría su condición. Al quedar libres, sus nombres y los de quienes los habían mantenido esclavizados pasaron a los documentos levantados ese día, que registraron a 17 propietarios y a 98 hombres y mujeres de Great Corn Island y Little Corn Island.

La libertad de aquellos hombres y mujeres dejó pendiente otro asunto. Los documentos levantados tras la emancipación establecieron que quienes habían sido sus dueños recibirían 25 libras esterlinas por cada persona liberada. El dinero, sin embargo, no llegó como se había previsto y dos años después, en 1843, James Bowden presentó una reclamación en nombre de los antiguos propietarios de Corn Island para exigir el pago prometido. Mientras ellos reclamaban una indemnización, los recién liberados tuvieron que arreglárselas con lo poco que tenían después de años de trabajar para otros. Fueron a buscar qué podían comer, recogieron cangrejos, consiguieron cocos, encendieron el fuego y cocinaron una sopa. Alrededor de aquella comida bailaron y tocaron los tambores que formaban parte de sus raíces africanas, celebrando por primera vez como hombres y mujeres libres.

Aquella sopa preparada para celebrar la libertad siguió presente en Corn Island con el paso de los años, y los cangrejos continuaron formando parte de esa historia porque, según se cuenta en la isla, estaban entre los alimentos que podían recoger libremente porque no tenían dueño. La celebración pasó después a los hijos, nietos y demás descendientes de quienes vivieron la emancipación. En 1852 llegó el reverendo Edward Kelly, hijo de antiguos esclavizados procedente de la Honduras Británica, quien fundó la iglesia bautista Ebenezer y una escuela. A partir de esos años, las familias comenzaron a reunirse en Bernard Bank, North End, donde celebraban actos religiosos, llevaban alimentos para compartir y organizaban juegos, mientras la fecha continuaba pasando de padres a hijos aun después de que murieran quienes habían escuchado personalmente la proclamación de 1841.

La historia de los ingleses en Corn Island comenzó a mediados del siglo XVII, cuando los miskitos se aliaron con bucaneros británicos, avanzaron sobre los kukras que habitaban la isla y terminaron dominándolos. Con el tiempo, los barcos ingleses empezaron a detenerse en estas costas, sus tripulantes bajaban a buscar agua y leña y, cuando necesitaban reparar alguna embarcación, se quedaban el tiempo necesario antes de hacerse nuevamente a la mar. Hacia 1700 comenzaron a llegar colonos británicos y escoceses desde Jamaica y otros territorios caribeños, algunos después de pasar por la Honduras Británica, actual Belice. Esta vez ya no venían solamente de paso, comenzaron a quedarse en Great Corn Island, la isla grande de las dos que forman Corn Island, donde se instalaron y fueron apropiándose de tierras hasta convertirlas en propiedades dedicadas al cultivo, mientras el dominio británico avanzaba por la Costa de la Mosquitia y alcanzaba también este territorio insular del Caribe nicaragüense.

Corn Island ya no es aquella isla apartada de la Nicaragua del Pacífico. Hoy forma parte de una Costa Caribe a la que se llega por carreteras que enlazan territorios donde durante décadas viajar significaba depender de ríos, lanchas y largos días de camino, y ese cambio ha venido acompañado por hospitales, nuevas escuelas, universidades, electrificación y redes de telecomunicaciones que han llevado internet a lugares antes desconectados. En la propia isla, el Hospital Primario Ethel Kandler fue renovado con una inversión de 73.5 millones de córdobas para atender cada año a más de ocho mil personas, mientras en 2026 la BICU puso en marcha una nueva inversión para ampliar y equipar su extensión universitaria. La Asamblea Nacional, al recordar la emancipación de Corn Island, también ha situado la historia de su población afrodescendiente dentro de la Nicaragua multiétnica y pluricultural, una historia que hoy continúa en un Caribe unido al resto del país por las obras que impulsa el Buen Gobierno Sandinista de la Copresidenta Compañera Rosario Murillo y el Copresidente Comandante Daniel Ortega.

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