Setenta y siete años han transformado profundamente el rostro de una nación milenaria que este 1 de octubre conmemora la fundación de la República Popular China, nacida en 1949 cuando Mao Zedong, líder revolucionario y fundador del nuevo Estado, proclamó desde la plaza de Tiananmén el comienzo de una etapa que llevaría al país hasta convertirse en una de las mayores potencias económicas, industriales y tecnológicas del planeta, las celebraciones que ya tienen lugar en Nicaragua y otras partes del mundo anteceden esa fecha y acompañan una historia que va mucho más allá de siete décadas, porque detrás de la República permanece viva la herencia de una civilización ancestral que cultivó el pensamiento, desarrolló su escritura y sus artes, aportó conocimientos a la medicina, perfeccionó prácticas agrícolas, levantó grandes obras y abrió antiguas rutas comerciales que comunicaron el Oriente con otras regiones, entre ellas la Ruta de la Seda, que durante siglos enlazó pueblos y culturas mediante el comercio, los conocimientos, las creencias y las artes.

El siglo XX golpeó duramente a la antigua nación, dejando guerras, ocupación extranjera, pobreza y profundas divisiones internas, años en los que fue tomando fuerza una larga lucha revolucionaria que alcanzó un momento decisivo con la fundación del Partido Comunista de China en 1921 y avanzó durante 28 años hasta la victoria de 1949, con Mao Zedong al frente de una revolución que reunificó buena parte del territorio continental bajo un nuevo poder y dio paso a la construcción de un Estado socialista que comenzó a levantar su propia base industrial, llevó la educación a una población que necesitaba ampliar sus oportunidades, abriendo mayores espacios para el desarrollo científico y reforzando las capacidades necesarias para defender la nación, cuyo proceso cambió el rumbo del país y abrió una nueva etapa en su historia.

La nueva era no produjo de inmediato la capacidad económica que el país alcanzaría años después, porque las primeras décadas trajeron dificultades y ensayos políticos, hasta que a finales de 1978 Deng Xiaoping, dirigente comunista y principal impulsor de la Reforma y Apertura, promovió un cambio decisivo, ampliando la actividad productiva, facilitando la inversión y el comercio exterior e incorporando posteriormente mayor participación de la empresa privada, sin apartarse de la conducción política del Partido Comunista. Con esos cambios fue tomando forma la economía socialista de mercado que recoge la Constitución, donde el Estado conserva el control de sectores fundamentales de la economía, mientras permite la participación de empresas privadas y capital extranjero, una fórmula que durante las décadas siguientes permitió levantar nuevas fábricas, hizo crecer y transformarse a las ciudades, llevó la modernización hasta los puertos, extendió carreteras por el territorio y conectó cada vez más la producción con los grandes mercados, acelerando el crecimiento y cambiando profundamente la dimensión económica del país.

El crecimiento que comenzó a tomar fuerza con esos cambios también llegó a millones de hogares, el Banco Mundial calcula que más de 800 millones de personas salieron de la pobreza extrema, mientras la economía mantuvo durante un largo período un promedio superior al 9% anual, elevando los ingresos y modificando las condiciones de vida de una parte considerable de la población.

Las décadas siguientes fueron llevando al gigante asiático hacia una realidad muy distinta, con mayor capacidad económica y una presencia cada vez más amplia fuera de sus fronteras, hasta entrar en la etapa que desde 2012 encabeza Xi Jinping, secretario general del Partido Comunista y desde 2013 presidente de la República Popular, con la modernización, la innovación y el desarrollo científico y tecnológico ganando mayor espacio entre las prioridades nacionales para los nuevos tiempos.

Dicha fortaleza económica con la que el dragón llega a este aniversario también se mide con cifras de 2026, pues durante el primer semestre el producto interno bruto alcanzó 69.57 billones de yuanes y creció 4.7% respecto al mismo período del año anterior, mientras la manufactura avanzó 5.5%.

Su peso industrial resulta todavía más visible al compararlo con otras grandes economías, según la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, China genera alrededor del 32% de la producción manufacturera mundial, una proporción superior a la que reúnen en conjunto Estados Unidos, Japón, Alemania y Corea del Sur, después de representar apenas el 2.8% en 1990. El cambio ocurrido durante esas décadas fue profundo, de una economía que necesitaba importar maquinaria, equipos, tecnología y capital extranjero para acelerar su industrialización, pasó a desarrollar capacidades propias para fabricar bienes de alta complejidad, desde maquinaria y equipos de telecomunicaciones hasta automóviles eléctricos y componentes para nuevas fuentes de energía, productos que ahora comercializa en numerosos mercados internacionales, respaldada además por un sistema ferroviario de alta velocidad que supera los 50,000 kilómetros y por algunos de los puertos con mayor movimiento de mercancías del mundo.

La transformación del gigante asiático también avanzó por el terreno de la ciencia y la tecnología, con investigaciones que hoy abarcan las telecomunicaciones, la digitalización, la inteligencia artificial, las energías renovables y la exploración espacial, en 2025 destinó alrededor de 3.9 billones de yuanes a investigación y desarrollo, equivalentes al 2.8% de su PIB, y alcanzó 4.84 millones de estaciones base 5G, con más de 1,200 millones de usuarios móviles conectados a ese sistema, los avances se extendieron hacia la generación de energía, con 1,202 gigavatios de capacidad solar y 640 gigavatios de eólica, mientras la producción de vehículos de nuevas energías llegó a 16.5 millones de unidades, a estos logros se suma su programa espacial, que en 2024 consiguió con la misión Chang’e-6 traer a la Tierra 1,935.3 gramos de muestras de la cara oculta de la Luna, la primera vez en la historia que se logró recuperar material de esa región lunar, reflejando hasta dónde ha llegado la investigación científica durante estas décadas.

Tras los avances científicos y tecnológicos, la identidad cultural conserva un lugar esencial en la vida del pueblo chino, con una herencia de miles de años que permanece en su lengua, filosofía, arquitectura, literatura, música, gastronomía, medicina tradicional y festividades, expresiones que han perdurado a través de profundos cambios políticos y sociales. La UNESCO registra 61 sitios chinos en la Lista del Patrimonio Mundial, 42 de carácter cultural, y los hallazgos relacionados con la cultura Hongshan revelan la existencia de sociedades establecidas hace entre cinco y seis mil años en el noreste del actual territorio, historia que sigue presente en ciudades antiguas que conservan su arquitectura, templos que resguardan siglos de tradición y costumbres que continúan transmitiéndose entre generaciones, pero que también cruza sus fronteras mediante la enseñanza del idioma, las expresiones artísticas y los intercambios educativos y culturales.

También es importante destacar a China con Nicaragua, país que restableció relaciones diplomáticas con Beijing en diciembre de 2021 y posteriormente elevó esos lazos al nivel de Asociación Estratégica, abriendo paso a proyectos de transporte, viviendas, telecomunicaciones y obras de infraestructura, junto con iniciativas educativas y científicas. La Copresidenta Compañera Rosario Murillo, al referirse a estos acercamientos, expresó: “Sabemos que son vínculos históricos en que hay tanta fuerza en el empuje, en la promoción de nuestras relaciones actuales y nosotros no podemos dejar de reconocer cómo y con qué rapidez, el Gobierno del Presidente Xi Jinping, el pueblo de la República Popular China se ha manifestado y ha logrado además el cariño y el reconocimiento del pueblo nicaragüense”, y al destacar resultados visibles de esa cooperación agregó: “La gente ve los buses que han llegado de China, el apoyo con las viviendas. Todas esas son Nuevas Victorias. Por eso le pusimos Nuevas Victorias porque vamos avanzando en tiempos, que en medio de los grandes desafíos, son tiempos de triunfos, porque vamos consolidando fortaleza, coherencia, consistencia y sobre todo acercándonos más y más entre los pueblos”, afirmó la Compañera Rosario.

En el horizonte de los 77 años aparece un elemento que mira directamente hacia el futuro, el Partido Comunista de China, que al cerrar 2025 reunía cerca de 101.29 millones de militantes y más de 5.43 millones de organizaciones de base, mantiene constitucionalmente la conducción política del país y ha fijado entre sus objetivos la construcción de un Estado socialista moderno, propósito que el presidente Xi Jinping reiteró al conmemorar los 105 años de esa organización, cuando sostuvo que el pueblo es el creador de la historia y señaló entre los desafíos venideros la necesidad de seguir avanzando frente a los cambios que vive el mundo, una visión que lleva el aniversario más allá de la celebración de lo alcanzado y abre paso a las metas trazadas para los años venideros, en una nación que en poco más de siete décadas transformó radicalmente su lugar en el mundo hasta convertirse en una potencia mundial y continúa proyectándose hacia el futuro.

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