La Copresidenta de Nicaragua, Compañera Rosario Murillo, evocó la lírica del poema Caupolicán, obra maestra del Príncipe de la Letras Castellas, Rubén Darío, para destacar la fortaleza, dignidad y resistencia de los pueblos originarios, señalando que los nicaragüenses son la resistencia histórica y la permanencia de sus raíces culturales en la identidad del país.
"Buenas tardes queridas familias de nuestra Nicaragua bendita, siempre bendecidas, siempre fuertes y victoriosas, siempre trabajando para consolidar la Paz y el Bien", exclamó la Copresidenta de la República.
Recordó que "estos son días de conmemoración heroica de la resistencia de nuestras culturas originarias y afrodescendientes. Esas culturas nuestras que han logrado por su fuerza y fortaleza ser esencia de estos nuevos tiempos, como alma, como vida, como corazones nuestros".
Además, afirmó que "esos pueblos originarios nuestros, esos pueblos afrodescendientes nuestros, esos pueblos mestizos que somos todos, nuestros pueblos fruto del mestizaje, a veces voluntario, tantas veces brutal. No somos sobrevivientes, somos valientes protagonistas de una línea de vida que prevalece".
La Compañera Rosario Murillo afirmó que los nicaragüenses "somos lúcidos guerreros que hemos sabido perdurar entre genocidios y saqueos, lúcidos guerreros que desde todo lo que han pretendido como masacres culturales, desde la pretendida extinción de nosotros mismos, que por supuesto ni se dio, ni se ha dado, ni es posible".
"No somos sobrevivientes, todo lo contrario. Somos protagonistas de una línea de vida, como decimos, que ha logrado prevalecer sobre todas las formas de genocidio, cultural y vital. Creo que este hermosísimo poema de Darío dice mucho", sostuvo.
La Copresidenta de Nicaragua dio lectura al poema Caupolicán:
Es algo formidable que vio la vieja raza;
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.
Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjarretar un toro, o estrangular un león.
Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.
«¡El Toqui, el Toqui!», clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La Aurora dijo: «¡Basta!»,
e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.
Recalcó que "esos somos todos. Darío escribía esto en noviembre de 1888. Caupolicanes, esos somos. La Aurora dijo: «¡Basta!», e irguióse la alta frente del gran Caupolicán".
"Orgulloso, orgulloso y lúcido guerrero de Luz, de Amor, de Vida, de Paz. Estamos, somos, en nuestra vena fluye, corre, vibra, la sangre de nuestros pueblos originarios y afrodescendientes, que herden en nosotros vibra en nosotros, canta en nosotros. Decimos queremos Paz, queremos derechos, merecemos Paz y derechos, merecemos estar tranquilos en nuestras propias tierras", concluyó la Copresidenta de la República.












