Desde hace sesenta y cuatro años, el criminal y cobarde bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba sigue golpeando la vida de millones de cubanos, a pesar de que la mayoría de los países del mundo lo ha condenado y exigido durante décadas su levantamiento.
Sus antecedentes se remontan a los primeros años posteriores al triunfo de la Revolución Cubana en 1959, encabezada por su líder histórico, el Comandante Fidel Castro Ruz, cuando Washington comenzó a imponer severas restricciones económicas para asfixiar a la isla y presionar al Gobierno revolucionario.
El 6 de abril de 1960, el entonces subsecretario de Estado estadounidense, Lester Mallory, propuso privar a Cuba de suministros y recursos financieros, reducir los salarios reales de la población y provocar hambre y desesperación para conseguir el derrocamiento del Gobierno cubano.
Dos años después, en 1962, Estados Unidos impuso el bloqueo general, que sucesivas administraciones estadounidenses endurecieron con nuevas agresiones disfrazadas de sanciones y medidas destinadas a impedir el desarrollo económico del pueblo cubano. Desde entonces, la economía ha sufrido graves consecuencias, los hospitales han enfrentado dificultades para conseguir suministros y las familias han padecido las carencias que afectan los servicios públicos. Sin embargo, ninguna de estas agresiones ha logrado doblegar la dignidad ni la resistencia de los cubanos.
Después de más de seis décadas de asfixia económica, los daños causados por el bloqueo estadounidense contra Cuba ascienden a 178 mil 700 millones 500 mil dólares a precios corrientes, según las cifras oficiales, y solamente entre el 1 de marzo de 2025 y el 28 de febrero de 2026 las pérdidas alcanzaron 8 mil 83 millones 300 mil dólares, un 7 por ciento más que en el período anterior. Sin este cerco, el Producto Interno Bruto de 2025 habría sido un 10,8 por ciento mayor, pero las restricciones impuestas por Washington han perjudicado gravemente la producción agrícola y el desarrollo industrial, debido a las dificultades que enfrenta el país para adquirir materias primas, repuestos y maquinaria.
La persecución financiera estadounidense también ha provocado que numerosos bancos y compañías extranjeras rechacen operaciones comerciales con La Habana por temor a sufrir sanciones, impidiendo de esta manera que la población pueda recibir productos indispensables, incluso si contaran con el dinero necesario para comprarlos.
A este estrangulamiento financiero se sumó en 2026 el endurecimiento del cerco contra el suministro de petróleo, cuando el gobierno de Trump autorizó el 29 de enero nuevos aranceles contra los países que vendieran combustible a Cuba y, el 1 de mayo, amplió las sanciones contra empresas extranjeras que mantuvieran relaciones económicas con instituciones cubanas. La presión estadounidense agravó la escasez energética hasta el punto de que, al finalizar mayo, el país tenía 2 millones 667 mil 800 toneladas menos de combustible de lo previsto y alrededor de 1.400 megavatios de capacidad permanecían sin producir electricidad por falta de abastecimiento, dejando a numerosas comunidades durante más de treinta horas seguidas sin luz. Los apagones también han perjudicado el suministro de agua potable, la conservación de alimentos y el transporte, al tiempo que las industrias han tenido que reducir su producción y numerosos emprendedores enfrentan serias dificultades para mantener abiertos sus pequeños negocios, de los cuales depende el sustento de sus familias.
La escasez de combustible también ha castigado severamente la producción agrícola cubana, pues durante el ciclo de siembra que concluyó en los primeros meses de este año los sistemas de riego apenas pudieron trabajar dos horas diarias de las dieciséis que necesitaban, perjudicando los cultivos y reduciendo sus rendimientos. La falta de transporte retrasó además la distribución de unas 20 mil toneladas de alimentos destinadas a las comunidades más necesitadas y afectó la asistencia a clases de numerosos estudiantes, cuyo traslado representa una necesidad para cerca del 30 por ciento de la matrícula escolar, por lo que las universidades también tuvieron que modificar sus actividades académicas durante el primer semestre del año. A estas privaciones se sumó el muro bancario impuesto por Washington, que entre marzo de 2025 y febrero de 2026 llevó a 34 entidades financieras internacionales a suspender o rechazar operaciones con La Habana, cerrando así otras vías para adquirir los suministros que necesita la economía revolucionaria.
El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el imperio muestra sus consecuencias más graves cuando le da un zarpazo a la salud, en vista que la falta de medicamentos y los constantes apagones ponen en peligro la vida de pacientes que necesitan atención inmediata. Más de 100 mil personas esperan una operación, entre ellas 12 mil niños, y más de 30 mil menores no han podido recibir sus vacunas a tiempo porque escasea el combustible necesario para transportarlas bajo refrigeración, situación que también amenaza el tratamiento de 2.888 pacientes que dependen de la hemodiálisis.
De los 395 medicamentos que produce el país dentro de su cuadro básico de salud, 300 están en falta por la escasez de materias primas, y los médicos han tenido que realizar cirugías alumbrándose con sus teléfonos celulares durante los apagones, al tiempo que los enfermos de cáncer sufren retrasos en sus radioterapias y carecen de determinados fármacos especializados. Para las familias cubanas, cada cirugía aplazada y cada tratamiento interrumpido aumenta la angustia de ver comprometida la salud de sus seres queridos, como consecuencia de las decisiones políticas inhumanas que han mantenido los gobernantes de la Casa Blanca.
Durante este año, la solidaridad de países amigos ha permitido aliviar algunas necesidades del pueblo, aunque todavía resulta insuficiente frente a la magnitud de la crisis energética. Rusia envió un buque con 100 mil toneladas de petróleo y China entregó 5 mil sistemas solares destinados a llevar electricidad a viviendas de zonas apartadas y centros públicos, aportes que lamentablente no alcanzan para cubrir la escasez de combustible ni las dificultades que enfrenta el suministro eléctrico. A pesar de sus propias carencias, la isla ha mantenido durante décadas su cooperación médica con otros pueblos, atendiendo pacientes y contribuyendo en el conocimiento de profesionales de la salud.
El respaldo a Cuba también se hizo sentir en el seno de Naciones Unidas, donde Nicaragua alzó su voz contra el bloqueo a través de su embajador Jaime Hermida, quien intervino en nombre de nuestro Pueblo y Gobierno.
Esa posición fue reafirmada este 27 de octubre por la Copresidenta Compañera Rosario Murillo durante su comunicación EN DIRECTO con las familias nicaragüenses, al señalar que “esa política terrorista de los Estados Unidos desconoce todos los fundamentos y convenciones internacionales”. Asimismo, exigió: “Una vez más, Nicaragua exige a Naciones Unidas que cumpla con su rol asumido en sus tiempos fundacionales, un rol que ha venido siendo desvirtuado por los tiempos y la agresividad aparentemente imparable de los imperios”. “Cuba es libre y seguirá siendo libre. Somos hermanos en Soberanía, Dignidad y Paz. Cuba seguirá venciendo”, expresó la Compañera Rosario, quien reiteró: “No más bloqueos, no más agresión”, concluyó nuestra jefa de Estado.
Este 28 de octubre, la Asamblea General de Naciones Unidas someterá a votación por trigésima cuarta ocasión la resolución que exige el fin del bloqueo contra Cuba, después de que el canciller Bruno Rodríguez Parrilla denunciara las presiones ejercidas por Estados Unidos contra distintos gobiernos mediante amenazas de sanciones económicas, restricciones de visados y suspensión de programas de cooperación para conseguir que cambiaran sus posiciones o se abstuvieran. Desde 1992, la mayoría de los países ha reclamado el levantamiento de esta política, y en 2025 fueron 165 las naciones que respaldaron su eliminación, aunque Washington ha ignorado reiteradamente esos pronunciamientos. Después de 64 años de resistencia del pueblo cubano, el imperialismo yanqui volverá a ser derrotado una vez más por las naciones del mundo, que exigirán el fin de las agresiones y el respeto al derecho de Cuba a vivir en paz, defender su independencia y decidir soberanamente su futuro. ¡Viva Cuba!













