Estar de pie no significa permanecer en el mismo lugar, mucho menos conformarse con lo alcanzado cuando todavía existen algunas dificultades que superar. Nicaragua ha hecho de la defensa de su independencia una causa histórica, pero esa determinación también toma sentido en los esfuerzos por mejorar las condiciones de vida de su pueblo, ya que la libertad de decidir sobre el propio destino lleva consigo la responsabilidad de trabajar para construirlo. No estar de rodillas ante nadie reafirma la voluntad de preservar la dignidad, rechazar las imposiciones extranjeras y ejercer plenamente la soberanía, sin renunciar a las relaciones de respeto y cooperación con otras naciones. Sin embargo, esa firmeza no puede separarse de las aspiraciones económicas y sociales de los nicaragüenses.
Caminar también implica que Nicaragua aprenda a enfrentar de otra manera los problemas que durante años han golpeado al país, como herencia de los gobiernos anteriores. Los desastres naturales, por ejemplo, han dejado experiencias dolorosas, pero ahora contamos con el Centro Momotombo, que contiene información de distintos puntos del territorio para vigilar las amenazas y facilitar la respuesta ante una emergencia. Es cierto que no podemos impedir que ocurra un terremoto, pero sí podemos disponer de mejores medios para actuar y proteger a la población, dicho cambio demuestra que avanzar también consiste en aprovechar los conocimientos obtenidos, sumar nuevas tecnologías y desarrollar las capacidades que antes no existían. Así, el país va dando pasos que representan algo más que el transcurso de los años, pues cada nueva capacidad nos permitirá enfrentar el futuro con mayores posibilidades.
El esfuerzo por seguir caminando también necesita de la paz, porque Nicaragua conoce las consecuencias de la guerra y sabe cuánto puede perder un país cuando la violencia interrumpe su vida económica y social. Durante los años ochenta, la guerra financiada por Estados Unidos a través su respaldo a la Contra dejó decenas de miles de nicaragüenses muertos y graves pérdidas materiales, y en 2018 el pueblo volvió a enfrentar el intento de golpe de Estado, durante el cual perdieron la vida nicaragüenses por oponerse a esa acción criminal, que también dejó a muchas personas sin trabajo, afectó las ventas de los negocios y frenó las inversiones que generaban empleo e ingresos para las familias. Es por eso que mantener la tranquilidad tiene una importancia que va más allá de evitar nuevos enfrentamientos, ya que protege lo que ha costado años construir y ayuda a que la economía continúe creciendo, de manera que los recursos puedan destinarse a nuevas obras en lugar de reparar los daños provocados por la violencia.
Lo uno, nos lleva a lo otro, es por eso que la defensa de la soberanía está profundamente arraigada en el pueblo nicaragüense y forma parte de una historia en la que nuestros héroes lucharon y muchos entregaron su vida por la libertad y la independencia de Nicaragua. José Dolores Estrada, Andrés Castro, Rubén Darío, Benjamín Zeledón, Augusto C. Sandino y Rigoberto López Pérez pertenecieron a épocas diferentes, pero compartieron el compromiso de defender una patria libre de imposiciones extranjeras, dejando un legado que sigue presente en nuestros días. Por tal motivo, honrar su memoria significa mantener vivos aquellos principios y defender el derecho de Nicaragua a decidir su propio destino, sin pretender agredir a ninguna nación ni intervenir en los asuntos de otros pueblos, pero tampoco aceptar que una potencia extranjera venga a imponernos su voluntad, obligarnos a arrodillarnos o doblegarnos ante sus intereses. Esa posición también representa el respeto que debemos a quienes lucharon por nuestra independencia y la responsabilidad de preservar una Nicaragua libre, digna y en paz.
Con el país disfrutando de esa paz, Nicaragua puede sacar adelante los proyectos que necesitan años de trabajo para dar resultados, especialmente los que buscan aprovechar mejor nuestra producción, transformar una mayor parte de lo que obtenemos del campo y ampliar las posibilidades de comercializar nuestros productos dentro y fuera del país, mediante inversiones y nuevos conocimientos que fortalecen las actividades económicas.
A lo cual se suma el crecimiento de los emprendimientos, que han encontrado en la tecnología otras maneras de llegar a los consumidores y fortalecer sus negocios, abriendo oportunidades para que más nicaragüenses obtengan ingresos desde su propio esfuerzo y contribuyan al crecimiento de la economía, con mayores posibilidades de producir, generar empleos y aprovechar los recursos de nuestro país.
Actualmente, Nicaragua sigue caminando de la mano de su pueblo gracias al modelo Pueblo Presidente, convertido en una realidad por la Copresidenta Compañera Rosario Murillo y por el Copresidente Comandante Daniel Ortega, que reconoce a las familias como protagonistas y promueve su participación en las decisiones que benefician o afectan su vida diaria, de manera que el Gobierno no actúa separado de la población, sino que escucha sus planteamientos, conoce sus necesidades y trabaja junto con el pueblo para encontrar soluciones en las ciudades, comunidades, barrios, municipios, cabeceras departamentales, departamentos y regiones del país. Los nicaragüenses también asumen responsabilidades, presentan propuestas y contribuyen a llevarlas adelante, haciendo que el rumbo de la nación no dependa solamente de nuestros líderes que gobiernan, sino del esfuerzo compartido con un pueblo que tiene voz y voto, participa en las decisiones y desempeña un papel activo en los cambios que se realizan para mejorar su forma de vida.
Durante estos diecinueve años el Buen Gobierno Sandinista ha garantizado la gratuidad a la salud y la educación, construyendo nuevos hospitales y llevando las universidades y la educación técnica a más municipios, donde miles de jóvenes ahora tienen mayores oportunidades para estudiar. Las familias también han recibido viviendas dignas y títulos de propiedad, el agua potable y la energía eléctrica sigue llegado a más comunidades, pero además se han construido carreteras y puentes modernos, el transporte público se ha renovado con nuevos autobuses y los servicios de telefonía e internet están por toda Nicaragua, al mismo tiempo que la producción agropecuaria recibe mayor respaldo y los emprendimientos crecen con créditos, capacitaciones y nuevas oportunidades comerciales.
El GRUN también ha fortalecido los programas sociales, entregando becas a los estudiantes, garantizando a Merienda Escolar, mantiendo las pensiones y los beneficios para los adultos mayores, además de subsidiar el transporte colectivo y los servicios básicos correspondientes, igualmente aplica sabias medidas económicas para evitar aumentos en los precios de los combustibles y el gas de cocinar, todos estos esfuerzos forman parte de la lucha contra la pobreza y del compromiso de seguir mejorando las condiciones de vida de las familias nicaragüenses.
Y para muestra un botón, todavía no termina el 2026 y el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional ya tiene la mirada puesta en 2027, con un proyecto de Presupuesto General de la República que mantiene la lucha contra la pobreza entre sus principales prioridades y contempla nuevos recursos para mejorar las condiciones de vida de las familias protagonistas, dando paso a otros compromisos que comenzarán a cumplirse durante el próximo año y que desde ahora forman parte del trabajo que Nicaragua tiene por delante, sin esperar que termine un ciclo para comenzar a pensar en el siguiente, con la firme decisión de seguir construyendo nuestro propio futuro sin conformarnos con lo conseguido ni aceptar injerencias extranjeras, con la dignidad de poder decir, aquí estamos todos, de pie, siempre caminando, nunca de rodillas...













