La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestramérica (ALBA) no solo reinventó la cooperación complementaria y solidaria entre las naciones latinoamericanas y caribeñas, esta concertación de naciones que nació en Diciembre del 2004 se ha convertido en el motor integracionista de una región que lucha para alcanzar el desarrollo económico y social en un mundo cada vez más desigual.

En el décimo aniversario del ALBA, el analista político William Grigsby, expresa que la solidaridad y la complementariedad son los principales atributos que sus fundadores, los comandantes Hugo Chávez Frías y Fidel Castro, imprimieron en el proyecto del ALBA.

“El ALBA es una genialidad del presidente Hugo Chávez que demostró en la práctica su espíritu solidario e internacionalista, algo que hasta ese momento había sido muy complejo hacerlo vivo, sobre todo después que Cuba tenía tantas dificultades económicas. Gracias al Presidente Hugo Chávez hoy podemos hablar de un concierto de naciones empobrecidas que cooperan entre sí, y que abren un parte-aguas en la historia de la cooperación internacional”, explica Grigsby.

El éxito de la Alianza, valora Grigsby, radica en que el ALBA es un modelo en el que todos los pueblos necesitan, pero también todos pueden ayudar.

“No coloca precio al intercambio de conocimientos y de capacidades de cada uno de los países que lo integran y hace de la solidaridad un elemento crucial para demostrar fraternidad. No se trata de hacer negocios, sino se trata de complementarnos, ayudarnos en lo que cada uno necesita, sobre todo en los países menos desarrollados dentro del ALBA como Haití, Nicaragua, las islas caribeñas que han recibido la ayuda solidaria del ALBA y de Petrocaribe”, explicó Grigsby.

Para los latinoamericanos, el Comandante Eterno Hugo Chávez, uno de los grandes impulsores del ALBA, fue el primer hombres de Estado, en la historia de la humanidad, que coloca los recursos de su país al servicio de otros pueblos sin ponerle un precio”, reconoce Grigsby.

“Chávez dijo que el petróleo de Venezuela no era de Venezuela, estaba al servicio de los pueblos y él entendió que de esa riqueza no se podía aprovechar Venezuela con las mismas condiciones del comercio injusto que existe en el mundo. Él utilizó el petróleo que es esencial para la vida cotidiana de cualquier país, para paliar la crisis y la pobreza de cada uno de los beneficiarios”, en todo el mundo, resaltó Grigsby.

Después de 10 años, el ALBA es reivindicada por miles de ciudadanos en todo el mundo, porque la alianza se transformó en un referente de qué camino seguir para salir de la pobreza y acabar con la mezquindad.

El ALBA también es considerada como el motor de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y de los esfuerzos integracionistas. La alianza se constituye como una oportunidad de los países latinoamericanos y caribeños, que por encima de sus diferencias ideológicas, políticas, limítrofes y económicas, forman un bloque común que les permite defenderse de las agresiones del imperio.

“Estamos claros que otros poderes en el mundo no les gusta ese tipo de poder emergente, y van a intentar frenarlo o destruirlo como en efecto lo están haciendo”… pero tanto el ALBA, como la CELAC, la Unasur, el Mercosur, Caricom y el SICA “son esfuerzos que deben mancomunarse para poder resistir entre todos”.

“América latina es la única región que puede ufanarse de estar en la senda del progreso y eso es gracias al ALBA y a los gobiernos progresistas de América Latina”, manifestó Grigsby.

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