Cuando Ramón Orlando Campo llegó a las cárceles del Sistema Penitenciario Nacional en Tipitapa, todo era gris, pesaba sobre su espalda una condena de muchos años por trasgredir las leyes, apenas había cursado la primaria y no tuvo la opción de aprender algo que le permitiera salir del mundo de los delitos.
Eran los tiempos en que interno del SPN era considerado un reo más, un número más, un hombre que tenía que pagar a la sociedad el delito que había cometido, no habían programas que permitieran la reeducación integral del privado de libertad, para que una vez saliera libre buscase ser alguien que aportara al desarrollo.

En muchas ocasiones un interno lograba su libertad y a los pocos meses estaba nuevamente detenido por otro delito, lo que era una especie de círculo vicioso.
Ya han pasado casi diez años que el Sistema Penitenciario Nacional, como parte del Ministerio de Gobernación ha tenido transformaciones en el que se promueve valores que permitan al interno, no solamente tener opción a involucrarse a actividades educativas, sino también a un proceso integral que le ayude a ser sujeto de cambios positivos, tanto en lo laboral como en lo social.

“Cuando uno viene el hombre se siente deprimido, deja una familia, deja un hogar, deja a los seres más queridos, pero con el proceso que uno tiene dentro de este lugar va aprendiendo que los cambios y oportunidades son buenos”, refiere Ocampo.
Ramón ya no es el mismo que ingresó al SPN condenado a una pena carcelaria, su mentalidad y su visión sobre la sociedad se fueron transformando durante estos últimos diez años.

Las oportunidades que se les negaron cuando era muy joven, las encontró bajo los fríos barrotes, ahí logró graduarse de la secundaria, también cursar una carrera universitaria.
Los días en una prisión para quienes han tenido esa experiencia, aseguran suelen pasar muy lentos, pero a Ramón el destino le demostró que aun en las peores circunstancias, podía enderezar su vida.

Programas ayudan a reducción del delito
El Alcaide del SPN en Tipitapa, Orlando Gutiérrez, sostiene que así como Ramón ha cambiado su vida, otros internos, están teniendo la oportunidad con los programas educativos bajo la modalidad de semi abierto y abierto, al cual pueden ingresar los internos que hayan cumplido con un buen porcentaje de su condena, que sean disciplinados y demuestren sus intenciones de aprender.
“Estamos desarrollando lo que se llama la instrucción escolar en todos los centros, tenemos una población integrada de 4 mil internos tanto en alfabetización, primaria, secundaria y tenemos inclusive carreras técnicas, aquí en Tipitapa tenemos coordinaciones con la Universidad Agraria, tenemos internos en la carrera de ingeniería agraria, en Bluefields ingeniería civil y en el penitenciario de mujeres. También como restitución de derechos para los internos promovemos el deporte, la cultura y la parte educativa”.

Recuerda que esos programas son parte de un plan orientado por el Presidente Daniel Ortega y la compañera Rosario Murillo, de promover valores de amor y reconciliación, además de seguridad ciudadana, porque un interno que experimenta esa transformación, ya no representa un peligro para la sociedad y por tanto contribuye a la reducción de delito.
“Esa son partes de las políticas de tratamiento que nos ha orientado nuestro gobierno con nuestros privados de libertad, de tal manera que cuando salgan a la sociedad sean hombres de bien, independiente de las causas por las que están guardando prisión”.

“Este complejo es una prueba de la intención que hay de mejorar las condiciones del privado de libertad, inclusive de los funcionarios, de cara a mejorar las condiciones de vida para garantizar el respeto de los derechos humanos”, dice Gutiérrez.
Ramón cuenta las semanas y días para lograr cumplir su condena, primero porque ya quiere regresar a su casa con su familia, pero también porque todo lo aprendido quiere ponerlo al servicio de la sociedad.

“He aprendido lo que no sabía cuándo era un hombre libre, hoy con las oportunidades que he tenido pude bachillerarme aquí y obtener una carrera. También he tenido la oportunidad de enseñar, los estudios que he aprendido me han servido para poderles enseñar a otros aquí mismo dentro del Sistema Penitenciario, a jóvenes que también se están integrando, estoy impartiendo física, química, filosofía y sociología dentro de la secundaria en el sistema penitenciario de adolescente”, cuenta Ramón, que reconoce que nada ha sido fácil, porque la vida en la cárcel es dura.
Ahora que está pronto a salir, Ramón pasa sus días dando clase y cuando cae la noche, regresa a su celda ubicada en un complejo mucho más cómodo, donde comparte con otra decena de internos que están bajo el sistema semi abierto y abierto.

Este tipo de internos también se involucran en labores productivas, los que reciben un estipendio que es entregado a sus familiares, a fin que puedan comprarles los artículos de primera necesidad que necesitan para su vida diaria en el penal. Reciben visitas familiares cada fin de semana.
“Para nosotros es bastante importante saber que sale un hombre y ver que va con una formación, tenemos experiencia en ese sentido, aquí ya han venido internos analfabetos, y aquí han salido ese tipo de internos con una carrera profesional y que hoy en día están en la sociedad trabajando para bien”, reflexiona el alcaide Gutiérrez.

En Tipitapa existe el Centro de Producción Penal (CEPROP), ahí labora el señor José Roberto Moncada de 68 años, que después de cumplir una condena, no solamente aprendió a trabajar en ingeniería, sino que es el coordinador del área de prefabricados.
Recuerda que la Revolución Sandinista fue la primera en insertar dentro de los centros penales, programas reeducativos para transformar la vida de los internos, pero en los gobiernos neoliberales los privados de libertad ya no tuvieron esa oportunidad, la que fue restituida un par de meses después de retornar el FSLN al poder en el 2007.

“En 1989, la Revolución; el Comandante Daniel Ortega nos dio la oportunidad a varios de que nos quedáramos trabajando en el penal, por la obediencia, la disciplina y por lo que habíamos asimilado”, cuenta don José Roberto, que va a cumplir 29 años de laborar en el SPN.
Este señor ingreso como interno el 23 de agosto de 1983, saliendo en marzo de 1989, pero las autoridades penales le dieron la oportunidad de seguir trabajando por la actitud positiva que siempre demostró.
“Yo puse énfasis en aprender, mi trabajo no era la construcción, yo soy sastre de profesión, pero ya estando detenido mi primer trabajo era de armador, después bodeguero, fiscal y ahora he estado aquí de responsable del área de prefabricado”.
Don José Roberto ve con mucho entusiasmo las oportunidades que tienen los internos del SPN de poder cambiar sus vidas, de ingresar siendo un peligro para la sociedad, al salir con la mentalidad de aportar al desarrollo, gracias a esa visión del presidente de la República Comandante Daniel Ortega Saavedra y de la compañera Rosario Murillo, de que el ser humano puede ser sujeto de cambios y de transformar su existencia para beneficio de su familia y de la patria.

Las mujeres son protagonista de las transformaciones
En el SPN de Tipitapa, en el establecimiento penitenciario de Mujeres “La Esperanza” y en otros penales del país, se promueven este tipo de programas reeducativos.
Y este modelo de restitución, ha cambiado la vida a Maritza Luque, que al ingresar a la cárcel no sabía leer, ni escribir, se graduó de primaria y ahora cursa el décimo grado de secundaria, también sabe elaborar panes, repostería, queques, manualidades y otros oficios técnicos.

“He aprendido muchas cosas, gracias a la ayuda que nos ha brindado el Presidente Daniel Ortega, pues tengo entendido que ha orientado estas capacitaciones, por eso damos gracias a Dios, al presidente, que ha cambiado muchas vidas para el estudio, sé que en Nicaragua el gobierno tiene ese interés con la juventud para que salgamos adelante”, reconoce Maritza que es madre de 9 hijos.
Sabe que una vez en libertad, la vida será distinta, lo que ha aprendido en la cárcel de mujeres lo pondrá en práctica para beneficio de sus hijos y con otras internas que han sido capacitadas, tienen metas y planes para una vida mejor.

“Ya son cinco años en los que he estado trabajando en el área de panadería, he enseñado a otras compañeras que no sabían, hemos conversado que el día de mañana hacer un equipo y poner una panadería y digamos que esto lo aprendimos, nos esforzamos a salir adelante y no volver a cometer el error que nos ha marcado la vida para mucho tiempo”.
Estos programas promovidos por el Gobierno Sandinista, a través del Ministerio de Gobierno que pasa las orientaciones al SPN se hacen bajo el modelo de alianza con otras instituciones del gobierno, como el Tecnológico Nacional, el Consejo Nacional de Universidades, el Ministerio de Educación y otras instituciones.
De esta manera, transformando vidas, el Ministerio de Gobernación y sus diversas instituciones celebran su 37 aniversario de fundación.













