Este primero de enero de 2026 amanece en Nicaragua con un país en pie, afirmado por el esfuerzo acumulado de su gente, por días enteros de trabajo, por las decisiones tomadas a tiempo y por la convicción profunda de no desviarse del camino elegido. Las familias despiertan en un territorio en paz, con seguridad, con trabajo, con soberanía y dignidad, con instituciones al servicio del pueblo y con un Estado presente que abraza con amor a su pueblo.

El mensaje de Año Nuevo de los Copresidentes Rosario y Daniel, definen el rumbo del 2026 de forma exacta al situar, en primer lugar, la paz como patrimonio y conquista irrenunciable del pueblo nicaragüense, una paz con soberanía, derechos y dignidad que se resguarda todos los días. Deja establecido de manera inequívoca que el país no volverá a los tiempos de dominación, exclusión e injerencia que ya fueron derrotados y que no existe camino de regreso a ese pasado. Desde esa certeza, Nicaragua se afirma en el escenario internacional del lado de los pueblos que defienden su derecho a vivir en sus propias tierras, expresando solidaridad firme con Palestina, con Venezuela, con Cuba, con Rusia y con China, en un mundo que vive disputas profundas. Y hacia adentro, el llamado es a fortalecer la unidad, la espiritualidad, el trabajo y las propuestas indispensables para seguir avanzando contra la pobreza, señalada como enemiga de la humanidad, y continuar construyendo bienestar, alegría y porvenir, y concluye el mensaje con la convicción de ir siempre más allá.

Algo muy importante para tener presente este nuevo año, es que comienza después de dieciocho años continuos de buen gobierno sandinista, dieciocho años en los que el poder dejó de ser privilegio de élites para convertirse en herramienta del pueblo presidente. Desde aquel 10 de enero de 2007, cuando el Frente Sandinista regresó al Gobierno, Nicaragua cambió de dirección. La pobreza pasó a no ser una condena heredada, la educación se garantizó como gratuita, la salud se convirtió en un derecho, y el país recuperó su dignidad cuando la Compañera Rosario y el Comandante Daniel levantaron la bandera de Sandino y Nicaragua aprendió a caminar con la frente en alto, sin someterse al imperio yanqui ni arrodillarse ante sus designios, dejando atrás el tiempo de los gobiernos neoliberales que entregaron la soberanía y agacharon la cabeza.

El 2026 se abre con la claridad de lo que el país ha atravesado y ha sabido enfrentar. El intento de golpe de Estado de abril de 2018 dejó muertos, destrucción y una economía golpeada por el odio de quienes, al servicio del imperio yanqui y sin respaldo popular, intentaron derribar al gobierno constitucional y recurrieron a la violencia para alzarse con el poder. Aquellos días oscuros no quebraron al país. 

El pueblo resistió, defendió la paz y los venció. Los terroristas se quedaron sin respaldo, sin calle y sin pueblo. Nicaragua salió de pie y más consciente de lo que estaba en juego, y es por eso que hoy hago mías aquellas palabras expresadas desde lo más profundo del alma por la Compañera Rosario, ni perdón ni olvido, dichas para quienes cometieron violencia, crímenes y pretendieron imponer el caos sobre la voluntad soberana del pueblo, ahora ese pasado no se repite, la tranquilidad que se vive responde a decisiones concretas, es el resultado de un modelo de seguridad comunitaria, de organización social y de un gobierno que no entregó el país ni permitió que se impusiera la ley de una derecha fascista que no volverá.

En estos buenos y nuevos tiempos, las familias circulan, trabajan, producen y estudian en un entorno estable, una normalidad que no llegó sola y que fue defendida frente a quienes quisieron arrebatársela por la fuerza. Mientras en otros países de la región la violencia y la incertidumbre definen la vida cotidiana, en Nicaragua la paz se cuida como un bien esencial conquistado por el pueblo. 

La Compañera Rosario Murillo lo ha dicho con firmeza en cada mensaje de Navidad y de Año Nuevo, gobernar es cuidar la vida, la familia y la paz. Desde el cristianismo, el socialismo y la solidaridad, el país avanza sin renunciar a sus valores ni a su identidad. 

En esa misma línea, la Compañera Rosario Murillo expresó, en sus propias palabras: 

“Días para agradecer, días para bendecir, días para comprometernos en continuar caminando en bien común, y en convivencia familiar, como gran familia nicaragüense y como hogares y familias que nos sentimos bendecidos porque tenemos fe, esperanza, certeza, porque somos solidarios, porque somos un pueblo cristiano, devoto, lleno de esa gran fuerza que Dios nos da para trascender y alcanzar cada día más y mejores metas, alcanzar nuestros sueños trabajando, resguardando la seguridad, la tranquilidad, la paz y prosperando”, resaltó.

El nuevo año encuentra al país con planes en marcha. 

Más inversión social, más infraestructura, más respaldo a la producción, más programas para las familias trabajadoras. Nada empieza de cero. Todo continúa desde lo que ya funciona y se proyecta hacia lo que falta por hacer, con responsabilidad y sin aventuras. Así inicia el 2026 en Nicaragua. Con un pueblo que venció, con un gobierno que no retrocede y con una sociedad que aprendió a defender la paz como su mayor patrimonio. El año comienza y el rumbo está trazado. El pueblo sigue siendo protagonista y la historia sigue escribiéndose desde el corazón de la gente, con trabajo, con dignidad y con futuro.

¡2026, vamos por más victorias!

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