Arrancamos un nuevo ciclo. La pesada locomotora con sus calderas repletas de optimismo pone en marcha todos los vagones que cargados de ilusiones son la materia prima que nos permitirá abrazar a una Nicaragua montada sobre los rieles de la esperanza rumbo a un despegue que tiene como puerto su desarrollo y su bienestar.

Este 6 de enero de 2026 ya es un año que comienza amortiguado con profundas reformas constitucionales que en pocos días entran en vigor para fortalecer la seguridad y la estabilidad que generen paz y hacer efectivo el trascendental paso que vamos a dar, con la fuerza hiper sónica, con el ya efectivo y real tratado de libre comercio con China, con el fortalecimiento de nuestra relación con Rusia, con la actualización de la cooperación bilateral con Irán, con una nueva ruta canalera y por supuesto con los brazos listos de cada nicaragüenses para levantar y catapultar a esta gran patria que parió hijos que ni se venden ni se rinden.

Haber decidido correctamente las batallas que teníamos que pelear en esta guerra que contra la pobreza vamos ganando fue determinante para crear las condiciones super favorables que hoy tenemos y que son las mejores desde aquel 2007 cuando la segunda fase de la revolución prácticamente arrancó desde cero porque todo era oscuridad y carecíamos de energía para empezar.

Llegamos a este 2026 bendecidos y prosperados, con notas sobresalientes que son producto de una nueva cultura de trabajo y que es dinámica y ejemplar por un halo místico que la distingue y fuerza por supuesto que representa la razón del milagro que hoy vive Nicaragua gracias a una visión sabia y humana que va dirigiendo al país tomando en cuenta los recursos que hemos logrado potenciar, las necesidades de los que fueron postergados y claro los puntos de apoyo que más allá de nuestras fronteras hemos encontrado no por la buena cara que tenemos, sino porque nos admiran la condición de guerreros que tenemos para enfrentar toda adversidad y ponernos de pie para derrotar toda amenaza que desde adentro o desde afuera nos quiso vencer.
    
Cuando uno visita a un oftalmólogo o un oculista vamos con la expectativa que nos diga que tenemos una visión 20/20, es decir perfecta. A los nicaragüenses nos gusta mucho el juego numérico y tratamos de encontrar en las combinaciones simbologías, que cabalísticamente puedan representar conjeturas que generalmente nos sean presagios de buenas vibras, como las que tuvimos el año pasado, lleno de estoicismos, de encantos, de saldos positivos y hasta desencantos por las demenciales agresiones imperiales que nos fortalecieron como sobrevivientes, por lo que ahora debemos imponernos que este 2026, que hoy estrenamos laboralmente hablando, sea mucho más inspirador y motivador para sobrepasar lo que ya quedó atrás y que el éxito alcanzado en el libro escrito el año pasado, como la jubilosa victoria sobre lo sufrido en el 2018, contra la pandemia, los fenómenos naturales y los malos nicaragüenses, sea un Gracias a Dios porque somos vencedores y aquí estamos, de una sola pieza, orgullosamente siendo vistos por la nobleza del planeta como espartanos que no solo resistimos, sino que eso que hemos defendido es apenas una muestra de lo mucho que está por venir.

Para celebrar toda batalla ganada, que una tras otra es lo que nos conducirá a la victoria final sobre la pobreza, es determinante saber de dónde venimos y por ello es imposible olvidar los contagios y las muertes por efecto de la pandemia surgida en 2020 que se cifran por millones en el planeta. No podemos olvidar cómo las economías boyantes de muchas potencias quebraron, el mundo prácticamente se paralizó y la humanidad se aisló para defenderse de un monstruo invisible contra el que debemos seguir cuidándonos porque está aquí, vino para quedarse y estamos tan conscientes de eso que nuestro principal estado de conciencia es estar claros que siempre estaremos expuestos a cualquier otra peste creada por los traficantes de la muerte.

El 2026 debe ser para los nicaragüenses, que realmente aman a su patria, un año de retos a vencer, de propósitos a conquistar, plenamente conscientes que la escarpada nos la hará siempre difícil el cobarde del norte que lanza sobre nosotros sus criminales misiles de odio que al final nos saben a miel porque no hay nada más espectacular en el ser humano que sentirse un David vencedor frente al gigantesco Goliat decapitado por su propia espada.

Así las cosas, iniciamos un nuevo andar y nos incorporamos al mundo real dejando atrás tiempos en los que sin duda los nicaragüenses pedimos por la magia de los nuevos días para que este 2026 represente un rostro totalmente opuesto al dolor que nos impuso la estupidez de la politiquería, el impacto letal de la pandemia y la fuerza de la naturaleza a la que siempre estaremos expuestos porque su poder es innegable. 

Ahora nos encontramos en un mes en el que cada quien asumió un compromiso. Muchos empezaremos, decimos, una dieta rigurosa, otros dejar de tomar, fumar, ser mejores estudiantes, conseguir un trabajo, ser más eficientes para cuidar lo que se tiene, ahorrar para comprar la casita, ser mejores padres o mejores hijos, no ser mal hablados y así muchos deseos más de año nuevo que tienen que ver con un interés muy personal, pero profundamente noble y el más grande de ellos es sin duda el que tenemos con el país, con esta tierra que no es de nadie, que no es suya, que no es mía, que nos pertenece a todos los que la amamos, pero no a aquellos que no solo la ofenden al difamarla y calumniarla sino también a los que la  agreden físicamente cuando piden al extranjero que la mancillen.

En lo personal me comprometí a ser un mejor ciudadano porque eso me ayudará a permanecer en mi mejor estado de confort. También aposté por ser un mejor cristiano, porque eso ya me identifica con el bien de todos porque ni la ciudadanía ni la cristiandad se evaporan cuando llega febrero o marzo o cualquier otro mes, sino por el contrario son cualidades humanas y patrióticas que nos fortalecen todos los días, en todo momento y en toda circunstancia. 

Los sanos propósitos deben inspirarnos porque francamente estamos urgidos de ellos, necesitamos los nicaragüenses, ahora que la fuerza laboral y pensante del estado se incorpora al quehacer de todos los días que nos vistamos con una nicaraguanidad esencialmente ciudadana para deponer las espadas y tomar todos, desde la más íntima actitud cristiana, el olivo de la paz, para reconciliarnos, para volvernos a ver sin odios, para que en la familia seamos capaces de volver a compartir juntos en una misma mesa y sin que mi forma de pensar o la tuya se conviertan en distancias insuperables e insalvables en la obligación franciscana de sembrar siempre amor en cualquier parte donde haya odio.

Pienso que los conceptos unidos de ciudadanía y cristiandad representan juntos el núcleo de la comunidad y eso debe empujarnos a todos, independientemente de la posición política de cada quien a esforzarnos para que todos aterricemos en la normalidad porque aquí existe una sola fórmula mágica para salir adelante y eso es la estabilidad integral del país.

Los nicaragüenses debemos imponernos andar sobre nuestros propios caminos para llegar al puerto que nos permita atracar en una salida donde lo que se trate sea el presente y futuro del país y sin más pretensiones que se respete la ley y la constitución de la república porque pasar por encima de ese gran pacto político y social será condenar al país irremisiblemente a un conflicto sin fin que después de haber sido propiciado por mezquinos intereses externos nadie querrá involucrarse en él porque entonces aquí no quedará piedra sobre piedra.

No señores si Nicaragua va a tratar sus asuntos lo hará entre connacionales, aunque el oposicionismo actúe, piense y hable en inglés y si va a un diálogo lo hará, pero no en el teatro de lo absurdo ni con modelos que tengan por origen el golpismo que Estados Unidos diseñó para derrumbar la democracia pinolera que vivimos con nuestros sabores y particularidades y de esto deben estar claros algunos profesionales de la fe que fueron las manos ejecutoras de la más grande mentira tejida contra el país y de la misma manera deben entenderlo todos aquellos que comprendan que el diálogo es por el desarrollo de la nación, por lanzarla hacia adelante, no para cuotas de poder porque esas ya las decidió el pueblo en los procesos electorales, pero sí hablar por el alto interés de nuestra tierra con gentes que puedan asumir compromisos de prosperidad, que estén dispuestas a ser materia prima del desarrollo, a ser soldados del ejército que vaya a la guerra contra la pobreza.

Que hay problemas que resolver y que fueron creados desde afuera y nos polarizaron extremamente; Que una gran mayoría de los nicaragüenses estamos indignados contra el imperio y sus lame botas internos y externos; Que el gobierno debe hilar fino para lidiar con esas y otras realidades, sí, estamos claros, pero nadie se llama a engaño cómo fue que se armó la gran mentira que luego desembocó en una triste y dolorosa realidad que enfrentamos todos, pero con sabiduría, con prudencia, con mucha paciencia y serenidad.

2018, 2019, 2020, 2021, 2022, 2023, 2024, 2025 deben ser círculos a cerrar y dejar ir con su odio y resentimiento con la idea fija en nuestras mentes de que nunca más se repetirán. Esos años ya son pasado y los nicaragüenses de bien nunca encajamos en ellos y en consecuencia los desterramos al olvido de donde nunca más volverán porque hoy tenemos al 2026 como la nueva carátula de nuestro calendario y estamos obligados por sanidad mental y espiritual a aprovechar las nuevas oportunidades sobre las que ya andamos los primeros siete días y no seguir perdiendo el tiempo que no tenemos para reconstruir al país y sanar sus heridas. 

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.

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