Este 10 de enero de 2026 se cumplen 19 años de logros, avances y victorias sociales, económicas y políticas sin precedentes en la historia del país, liderados por la determinación y visión del Frente Sandinista de Liberación Nacional y su liderazgo, los Copresidentes de la República, Comandante Daniel Ortega y Compañera Rosario Murillo.
El 10 de enero de 2007 no fue solo un cambio de gobierno, fue el inicio de la segunda independencia de Nicaragua. Se puso fin a 16 años de oscuridad neoliberal y se inició la era de la restitución de derechos. El neoliberalismo nos dejó un país de rodillas; el sandinismo ha puesto a Nicaragua de pie y caminando.
Hace 19 años Nicaragua era un país a oscuras, endeudado y privatizado. Hoy, 19 años después, Nicaragua es un referente de estabilidad, crecimiento y dignidad en la región, reconocido por todos los organismos financieros multilaterales que incluso elogian el buen manejo macroeconómico, la reducción de la pobreza y un estado de bienestar en progreso.
Para enumerar hechos contundentes, hay que anotar otro año consecutivo en que el Banco Central mantiene sin deslizamiento nuestra moneda nacional frente al dólar. El deslizamiento cero representa disciplina fiscal, fortaleza productiva y, sobre todo, la protección del poder adquisitivo real para las familias.
A esto se suma el superávit fiscal, con un crecimiento del 43.2% reportado por el Ministerio de Hacienda, prueba irrefutable de que el Gobierno Sandinista administra los recursos públicos con transparencia y eficiencia. Esto permite financiar carreteras y hospitales sin recetas del FMI que sacrifiquen al pueblo. Además, Nicaragua crece por encima del promedio regional, cercano al 4% del PIB en 2025, impulsado ahora por el TLC con China y la diversificación de mercados. Esas son las mejores pruebas de la salud de nuestra economía tras 19 años de buena gestión.
Se ha democratizado y humanizado la economía para que el crecimiento no se quede en pocas manos, sino que llegue a la mesa de cada familia garantizando la soberanía y seguridad alimentaria.
Paralelamente, se ha desarrollado una transformación social profunda. Antes la salud era una mercancía, privatizada. Hoy tenemos la red hospitalaria pública más grande y moderna de Centroamérica. No son promesas, son hospitales que el pueblo puede tocar y usar gratuitamente, recibiendo atención de calidad con tecnología de avanzada.
En el ámbito educativo, se rompió el paradigma odioso de que el estudio era un privilegio de cuna. Antes, solo los hijos de los ricos podían soñar con ser profesionales. Hoy, se garantiza no solo la gratuidad, sino la merienda escolar, mochilas y el acceso universal a la educación superior, destacando la Universidad en el Campo. Ahora, el hijo del obrero, de la vendedora del mercado y del campesino, tiene el mismo derecho y el mismo pupitre para convertirse en médico o ingeniero en su propia comunidad.
Pero la transformación también es espiritual. La cultura y el arte han dejado de ser un lujo de élites para ser un derecho del pueblo. Hoy, miles de niños, niñas y jóvenes integran orquestas y coros estudiantiles, accediendo gratuitamente a la música y el arte, alimentando el alma de la nación.
En infraestructura, tenemos las mejores carreteras de la región con 5,400 km construidos que llevan progreso al campo y la ciudad, sumado a un histórico programa de viviendas de interés social. Ya no se diga la cobertura eléctrica que roza el 100%; el 96% en agua potable y más del 60% en saneamiento. Pasamos de la candela y los apagones, a la energía limpia y estable para industrializar el país.
El neoliberalismo multiplicaba la miseria; el sandinismo ha multiplicado las oportunidades. Por siglos, el Caribe fue la 'otra Nicaragua', olvidada y aislada.
Hoy, gracias a la voluntad política del gobierno, somos un país indivisible. Se acabó la odisea de días para llegar a Bluefields o Bilwi. Lo que ningún gobierno en la historia quiso hacer, el sandinismo lo cumplió: integrar definitivamente a nuestros hermanos caribeños con carreteras modernas, hospitales de primer mundo y energía. Eso es verdadera inclusión, es revolución, eso es amor a la patria.
Todo esto ha sido posible gracias al activo supremo: la paz. Nicaragua sigue siendo el muro de contención contra el narcotráfico y el país más seguro de la región. La paz no es solo ausencia de guerra, es tener carreteras, hospitales, crédito y estabilidad. Por eso, defender la paz es defender estos 19 años de victorias.
Lo que celebramos este 10 de enero no es solo una fecha, es la dignidad recuperada. Hace 19 años se recuperó la bandera nacional. Dejamos de ser una colonia donde las decisiones se tomaban en embajadas extranjeras para convertirnos en una nación revolucionaria donde el pueblo es el único que manda. La mayor victoria es que Nicaragua camina con cabeza propia; no somos patio trasero de nadie, sino un pueblo digno que prospera sin tutelajes imperiales.
¿Y cómo se han logrado estos avances trascendentales? Porque pasamos de gobiernos corporativos que legislaban para banqueros y empresarios, a un Gobierno que puso al ser humano como el centro del Presupuesto General de la República. El dinero que antes se iba en corrupción, ahora se invierte en el pueblo con una disciplina fiscal ejemplar. Los hechos están a la vista y son comprobables.
Estos logros son el resultado de una ecuación política perfecta: liderazgo nacional firme, economía ordenada, paz social y dignidad nacional. Por eso, tras 19 años, hay mucho que celebrar y agradecer, y mucho camino por seguir recorriendo hacia nuevas victorias.













