El Día Internacional de la Mujer, que se conmemora cada 8 de marzo, tiene su raíz histórica en una jornada de lucha protagonizada por mujeres trabajadoras en Rusia en 1917. Ese día, miles de obreras textiles salieron a las calles de Petrogrado exigiendo pan para sus familias, el fin de la guerra que en ese momento se libraba en Europa, conocida como la Primera Guerra Mundial, y mejores condiciones de vida. 

Aquella movilización, protagonizada principalmente por mujeres de fábricas, desató una ola de protestas que rápidamente se extendió por la ciudad y terminó precipitando el derrumbe del régimen zarista.

Ese levantamiento se convirtió en el inicio de la Revolución rusa de 1917, uno de los acontecimientos políticos más decisivos del siglo XX.

Años antes, en 1910, durante una conferencia internacional de mujeres socialistas realizada en Copenhague, capital de Dinamarca, la dirigente socialista alemana Clara Zetkin, militante del movimiento obrero y defensora de los derechos de las mujeres trabajadoras, propuso establecer un día internacional dedicado a la lucha de las mujeres trabajadoras.  La idea comenzó a discutirse dentro del movimiento obrero internacional, y años después, tras la movilización de las obreras en Petrogrado en 1917 que reclamaban pan y el fin de la guerra que se libraba en Europa, aquella fecha del 8 de marzo terminó siendo adoptada para conmemorar la jornada internacional dedicada a las mujeres trabajadoras. 

Aunque el origen de la conmemoración del 8 de marzo está vinculado a la movilización de las obreras en Petrogrado en 1917, con el paso del tiempo también se ha difundido otra historia relacionada con las luchas de las trabajadoras. Se trata del incendio ocurrido en 1911 en la fábrica Triangle Shirtwaist de Nueva York, donde murieron 146 trabajadores, la mayoría mujeres jóvenes inmigrantes que laboraban en condiciones extremadamente precarias, muchas de ellas quedaron atrapadas porque las puertas de la fábrica estaban cerradas mientras trabajaban y no pudieron escapar cuando se desató el fuego, algunas murieron dentro del edificio y otras al lanzarse por las ventanas intentando salvar sus vidas, la tragedia provocó indignación internacional y dio impulso a reformas laborales en Estados Unidos.

Antes de los acontecimientos ocurridos en Rusia en 1917 y del incendio de la fábrica en Nueva York en 1911, también se registraron movilizaciones de trabajadoras en Estados Unidos que forman parte del contexto histórico de las luchas laborales femeninas. 

En 1908, miles de obreras textiles marcharon en Nueva York reclamando reducción de la jornada laboral, mejores salarios, derecho al voto y condiciones de trabajo más seguras, aquella movilización dio visibilidad a las demandas de las trabajadoras y al año siguiente, en 1909, el Partido Socialista de Estados Unidos organizó por primera vez el llamado Día Nacional de la Mujer, una jornada dedicada a las reivindicaciones laborales y políticas de las mujeres. 

Estos antecedentes quedaron registrados dentro de las luchas del movimiento obrero femenino, aunque la conmemoración internacional del 8 de marzo se vinculó posteriormente a la movilización de las obreras rusas en Petrogrado en 1917.

En este 8 de marzo, cuando la historia recuerda a las mujeres que alzaron su voz por pan, dignidad y justicia, Nicaragua también reconoce a una lideresa cuya vida ha estado entrelazada con las páginas más intensas de su historia reciente. La Compañera Rosario Murillo, Copresidenta de la República, pertenece a esa generación de mujeres que no se limitaron a observar los acontecimientos, sino que decidieron asumir responsabilidades en medio de ellos. 

Desde los años de lucha contra la dictadura somocista, pasando por las etapas más complejas de la vida política nacional, hasta la conducción del país en la actualidad, su trayectoria ha estado vinculada al acompañamiento permanente de las familias nicaragüenses, a la defensa de la soberanía nacional, a la promoción de la paz y al impulso de estrategias económicas que desde el gobierno han logrado reducir drásticamente la pobreza en nuestro país. 

En la Nicaragua de hoy, su nombre se encuentra asociado a una etapa en la que la participación femenina se ha expandido en la política, en la economía, en la cultura y en el deporte, reflejando un tiempo en el que las mujeres dejaron de ser espectadoras de la historia para convertirse en protagonistas de su propio destino común.

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