LAS JUDEAS: TEATRO DEL PUEBLO

Jorge Eduardo Arellano

AL MENOS desde mediados del siglo XIX, hay constancia escrita de que en la mayoría de nuestras ciudades y pueblos tenían lugar durante la Semana Santa las representaciones de la Pasión y Muerte de Jesucristo. De las leonesas, llamadas “Pasos” fue testigo Rubén Darío. Este recordaría en la revista La Biblioteca, de Buenos Aires (agosto de 1896): “Varios personajes de la sagrada historia de Cristo, generalmente Nuestro Señor, los apóstoles y la Samaritana, recorren las calles. En ciertos lugares hay especies de estrados o tablados, cuyas decoraciones consisten en cortinajes de colores y arcos floridos adornados de banderolas”. Allí los actores populares recitaban sus parlamentos, con ademanes invariables, de pasajes bíblicos.

Como en otros lugares, el texto que servía de modelo a la “Procesión de los Judíos” en Managua, era un novelón del español Enrique Pérez Escrich (18291-1897): El Mártir del Gólgota. Se trataba de una versión más popular de su pieza sobre el mismo tema, escrita en 1856 y ejecutada en su patria como espectáculo edificante los Viernes de Cuaresma. “El más conocido de los patrocinadores del sainete ––consignó Gratus Halftermeyer–– era Bruno Blandino, quien contrataba a los ‘artistas’ de ambos sexos y ensayaba durante un mes antes, por la Cuaresma, para salir airoso ante el público. He calificado de saínete la ‘Procesión de los Judíos’ porque, aunque el motivo era altamente dramático, al fin de cuentas resultaba así por lo ridículo y lo grotesco, toda vez que los actores iban tomados de licor, a media asta. La Curia Eclesiástica intervino y prohibió esas representaciones que no tenían nada de religiosa y más bien profanaban el culto cristiano”. (Historia de Managua… 3ª ed., op. cit (1959), p. 385).

En los años ochenta, Pepe Prego y Digna Bendaña le dedicaron sendas crónicas. “En Managua, Niquinohomo y algunos pueblos ensayan desde hace un mes La Pasión de Jesucristo” ––registró el primero–– en el diario Barricada del 14 de abril de 1984: “La Judea: tradición teatral de nuestro pueblo”. Y agrega: “En otros lugares, ejercitando lo aprendido de sus antecesores, sastres, costureras, zapateros, beatas, sacristanes y monaguillos trabajaban por encargo las prendas que estrenaban durante la Semana Santa, y también ornamentos y disfraces de las Judeas que no eran responsabilidad de los curas. Existen también múltiples anécdotas acerca de los perpetuadores de esta tradición. En Granada, un muy apreciado educador de apellido Sandino heredó el apodo de su padre, a quien en una Judea del puerto lacustre de San Carlos se le cayó el manto cuando interpretaba al Nazareno, siendo llamado desde entonces “Jesús cochino”.

Ejemplo de Judea en los ochenta era del Grupo de Teatro Popular “Héroes y Mártires del Barrio María Auxiliadora”, ilustrada en el diario citado con una fotografía de Óscar Cantarero: la escena del encuentro de Cristo con María de Magdala. Por su lado, Digna Bendaña refiere que la Judea es la presentación callejera más teatral: “Cristo, las dos Marías, los dos ladrones (Dimas y Gestas), Barrabás (el más feo del pueblo) son los principales e invariables actores. Lo que sí cambia de un lugar a otro es la longitud del trayecto, pero de cualquier forma, en la Judea, todo el pueblo se convierte en Jerusalén” (Barricada, 27 de marzo, 1988).

Para los años noventa la Judea de Catarina, frente a su mirador de la Laguna de Apoyo, un grupo de aficionados al teatro, la escenificaron, continuando una tradición de vieja data. Con ello encontraban la mejor manera de relacionarse con la gente de su pueblo y cumplir con su deber de católicos. Una de sus integrantes, que representaba a la Samaritana, era la estudiante de pedagogía Gloria del Carmen Ruiz Potosme. Otro (Jesús) ya se había graduado de administrador de empresas. Era su nombre Eddy Gallegos”. (Anuar Hassam: “Semana Santa en la pasión de un pueblo”. La Tribuna, 27 de marzo, 1994).

Durante los mismos noventa siguieron escenificándose, incluso en los más remotos pueblos como San Juan de Limay, departamento de Estelí, sin alteraciones profanas. Su cronista autodidacta refirió que a inicios de los años veinte se escenificaba una “Judea” con el siguiente reparto: David Morales (Jesús), Alesio Rosales (Pilatos), Antenor Valle (Ángel tentador), Dolores Morales de Alfaro (Claudia, esposa de Pilatos) e Ignacio Talavera (Anás). Dicho cronista calcula que en las décadas de los veinte y treinta dejó de representarse y en los cincuenta comenzaría una nueva tradición: la del centurión romano que recorría las calles, interpretado por Federico Rosales. Este “era vitoreado por los presentes mientras montaba un brioso caballo e iba ataviado con espadas y atuendos militares: dos pajes le acompañaban, interpretados por Bonifacio Galeano y Juan Zenón Jarquín (Gustavo Vindel Acuña: “En la Judea de Limay”. La Tribuna, 27 de marzo, 1994).

Alfredo Valessi anotó sobre ellas en los barrios de Managua de los años treinta. Historiones ocasionales
 ––artesanos y mujeres del pueblo–– subían al escenario (un trabajo circunstancial al aire libre), generalmente en un patio. “En una de aquellas funciones, durante la escena en que el Diablo tienta a Jesús en el desierto, cuando el Maligno pregunta: ––Hijo del Hombre, ¿me conoces?, Jesús contestó: ––Como no te voy a reconocer, jueputa. Vos sos hijo de Juana, la chanchera. Esta era una forma muy nuestra de vivir la realidad entreverada con su ‘reflejo artístico’ muy antes de la utilización de este recurso por [Bertold] Brech [1848-1856]”. (“Recuerdos teatrales de Managua”, en Revista Nicaragüense de Cultura, núm. 6, septiembre, 2022, p. 78).

Comparte
Síguenos