Los seres humanos muchas veces vemos únicamente lo que queremos ver o nunca más allá de nuestras narices. Lo hacemos por miopía intelectual o porque le ponemos más atención a los decires que a lo que realmente es. Somos dados a lo superficial creemos más en el ropaje exterior que en los valores íntimos de las personas por lo que terminamos juzgando solo las apariencias y eso a la postre tiene costos altísimos para los propósitos de las personas, de la sociedad o de la nación.

Hay gente terca y obtusa calada hasta los tuétanos, que pueden tener frente a sus ojos un monumento a la prosperidad del tamaño del Monte Evert y lo que terminan viendo es únicamente la piedra inaugural de la obra y lo hacen por no conferir al autor el mérito que merece porque el egoísmo, la envidia o el odio se convierte en una venda para sus ojos.       
       
Si usted llama a uno de esos fatólogos y frente a él pone una hoja blanca con un punto negro en el centro tenga la seguridad  que la fuente de su atención será el punto negro. Ese ciego jamás se percatará que hay un inmenso blanco alrededor del punto negro de la misma manera que si usted lo pone a ver un árbol en el bosque solo se quedará viendo el árbol, pero no el bosque y eso exactamente es lo mismo que pasa en la vida de algunas personas, que tienen una hoja en blanco entera para ver y aprovechar, pero se centran solo en lo negro.

Lo más curioso es que son tan ciegos, tan viscerales, que no se quieren dar cuenta que con actitudes como esas lo que hacen es ganar opiniones adversas porque el sentido común termina imponiendo desde la sabiduría más básica que quien se deja arrastrar por el pesimismo y la fatología está condenado a terminar aislado e ignorado porque nunca la necedad fue buena concejera y por el contrario repugna por el grado de idiotez con que terminan identificados los que llaman negro a lo blanco, malo a lo bueno, odio al amor, violencia a la paz y muerte a la vida.

Para los que creemos en la existencia de un Padre Celestial la vida es un regalo de Dios, nos la dio con cariño y amor y por eso muchos tenemos sobrados motivos para festejar porque hemos sabido evitar que el odio se apoderara de nosotros y nos destruyera, porque fuimos más los amigos que nos apoyamos y nos mantuvimos firmes, que aquellos que nunca lo fueron y condicionaron su supuesta amistad a que pensáramos igual que ellos.  

Los puntos negros son mínimos en comparación con todo lo que diariamente obtenemos, pero la fatalidad nos los quiere incrustar en la mente en todo momento y  antes que introducirnos al debate sobre algo que no tiene discusión porque es  absoluto la recomendación es que saquen su atención de los puntos negros, que aprovechen cada bendición, cada momento que el Creador nos da, tranquilícense y sean felices porque Nicaragua va a salir adelante como lo hizo en etapas de la historia que fueron mucho más difíciles que la coyuntura que le quieren  dibujar.

No escuchemos los cantos desafinados de aquellos que quieren atraernos a su propia frustración porque las cosas no les salieron como pensaban y por esas mismas razones se les ha ocurrido que debemos lanzarnos junto con ellos al abismo de sus tragedias cuando la verdad es que ya sabemos cómo antes se trajeron al suelo la prosperidad que traía el país.

Ahora nos corresponde a usted, a mí, a todos, no parar nuestro andar hacia adelante con la seguridad que hemos de remontar una gran montaña que podrá ser muy empinada pero jamás será más grande que la voluntad de lograrlo.

Aquellos a los que nos corre el nacionalismo por las venas estamos más que claros que somos nosotros como ciudadanos los pilotos del país. Nuestro coche se llama Nicaragua y este auto no es para quienes son el punto negro en la hoja es para los que aprendimos  que las adversidades no son para vencedoras sino lecciones para emendar, corregir, replantear y reiniciar, pero jamás para capitular. La historia está llena de hombres que estuvieron peleando por sus ideas y que después de fracasos temporales, obtuvieron el éxito.

Los nicaragüenses lo hemos demostrado una y otra vez y aunque no hayamos  alcanzado la meta la porque falta mucho por  hacer y por seguir convenciendo vamos a salir adelante dando vuelta a la página de los oscuros porque ese camino solo podemos andarlo aquellos que tenemos convicción  y dominio de la historia y no esos que en su desesperación siguen cometiendo errores, siguen sabiéndose ignorados y apartados por un pueblo que ha sido sumamente sabio para no ponerse al mismo nivel de sus victimarios.

La sensación de esta libertad que vivimos frente a la esclavitud que el miedo nos quiso imponer, el asumir el control del volante de nuestra vida como nación nos ha dado una seguridad y energía interior que no tiene precio y que se transformó en derrota para los que solo saben ver el punto negro.

Para un militar su orgullo son las heridas de guerra. Para el hombre de negocios, es platicar de sus fracasos, antes de alcanzar la cima y por esas mismas razones construir la patria grande que soñó Rubén será salir de la fosa profunda a la que la miseria humana nos lanzó.  Pasado el tiempo, aunque las derrotas temporales nos hayan causado dolor, cuando sean cosa del pasado, nos divertirá recordarlas y dará más valor por el éxito alcanzado porque los que lloraran serán aquellos que nunca pudieron ver el inmenso blanco que había alrededor del punto negro.

Hay que apartarse de todo punto donde está la maldad, de aquel o aquellos que quieren asesinar esperanzas. La sabiduría y la salud mental llama a no escucharlos a no verlos para que nos sean quienes dirijan el coche de tu vida, sino que seas tú quien tome el volante y el control de la velocidad para que tu propia acción te conduzca al destino común que es la paz, la paz de ver feliz a tus seres amados, la paz del trabajo para cumplir con las responsabilidades del hogar donde está el centro de la familia.      

No te reprimas, no tengas miedo de compartir lo que es tu verdad si su propósito tiene raíces en el bien. En tu camino siempre estarán los muros, los alacranes, los bichos y las ponzoñas que querrán dañarte. Cuando encuentres esos insectos no te detengas, sigue adelante, no se te ocurra volverlos a ver, ignóralos y pásales encima porque su intención siempre será hacer que pierdas el tiempo, que te metas al círculo de sus vanas discusiones, para robarte el ímpetu y las energías.
             
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA

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