Este Primero de Mayo, fecha que históricamente reivindica las luchas de la clase trabajadora, marcó también en la ciudad de Puerto Cabezas el inicio de uno de los ciclos culturales más significativos del Caribe Norte: el May Pole.

Esta expresión trasciende lo festivo para consolidarse como una práctica viva donde convergen historia, espiritualidad, música y danza en la afirmación de la identidad afrodescendiente.

La jornada inaugural partió desde el Centro Deportivo Carlos González González hasta el parque Rubén Darío, en un recorrido protagonizado por cuatro bloques que integraron a 21 grupos de danza. En la actividad participaron barrios organizados, así como instituciones educativas y públicas, entre ellas la BICU, la URACCAN, INATEC, la Alcaldía Municipal y la Escuela Normal Intercultural. Cada comparsa presentó no solo coreografías, sino expresiones de memoria cultural transmitidas de generación en generación.

El “Mayo Ya” se posiciona como un enunciado cultural que simboliza renovación, fertilidad y continuidad. El palo de mayo, como eje central, representa el vínculo con la tierra, el inicio del ciclo lluvioso y la cohesión comunitaria. A su alrededor, los movimientos circulares, los cantos y la musicalidad construyen un lenguaje ancestral que se mantiene vigente en la cotidianidad de los pueblos afrodescendientes y creole.

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Esta manifestación adquiere una dimensión más profunda en los barrios de tradición afrodescendiente de Bilwi, donde el May Pole se vive desde lo comunitario.

Sectores como Spanish Town, Arlen Siu, Peter Ferrera, Los Ángeles, Pedro Joaquín Chamorro, Germán Pomares y El Muelle se convierten durante todo el mes de mayo en escenarios activos de celebración. En estos espacios, las familias organizan bailes tradicionales, levantan el palo de mayo y desarrollan actividades culturales que responden a una lógica de continuidad histórica más que a una puesta en escena.

En estos territorios, la práctica cultural no se limita a la exhibición: se vive como parte del tejido social. Niños, jóvenes y adultos participan en la danza, mientras la oralidad, los cantos en creole y la enseñanza de los movimientos tradicionales fortalecen la transmisión cultural de manera orgánica.

De forma paralela, durante todo el mes, centros educativos de Bilwi impulsan intercambios culturales bajo la lógica del May Pole. Estas jornadas permiten compartir saberes, danzas y elementos identitarios afrocaribeños, fortaleciendo el conocimiento en las nuevas generaciones y promoviendo el diálogo intercultural en la región.

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El poeta Carlos Rigby, ya en otro plano de vida, interpretó el May Pole como una expresión de resistencia cultural, en la que el cuerpo, la música y la palabra funcionan como vehículos de memoria. Su visión permite comprender la celebración no solo como una festividad, sino como un acto de afirmación identitaria frente al tiempo y los cambios sociales.

En Bilwi, el May Pole conserva una fuerte carga ceremonial gracias a su arraigo comunitario, la transmisión generacional y la vigencia de sus significados simbólicos. Coincidiendo con el Mes de la Herencia Africana, esta celebración se proyecta como un espacio de fortalecimiento cultural y reafirmación colectiva.

Más que una festividad, el May Pole en Bilwi constituye una práctica viva que articula historia, territorio e identidad, manteniendo activa la memoria colectiva de sus pueblos.

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