97 años después de su nacimiento, el nombre de Rigoberto López Pérez sigue vivo entre generaciones de nicaragüenses que reconocen en su gesta uno de los actos más valientes y determinantes de la historia política nacional. El joven leonés que en 1956 ajustició a Anastasio Somoza García continúa siendo hoy por hoy una de las figuras heroicas más importantes y recordadas de Nicaragua, por haber enfrentado a la dinastía somocista que durante décadas reprimió al pueblo nicaragüense.

López Pérez nació el 13 de mayo de 1929 en la Ciudad Universitaria, en el seno de una familia humilde junto a su madre, la señora Soledad López Calero. Desde muy joven mostró interés por la lectura, la poesía y por todo lo que ocurría en Nicaragua en aquellos años marcados por la represión, el miedo y el control absoluto que ejercía la dictadura sobre el país.

Parte de su formación transcurrió en el Hospicio San Juan de Dios, donde aprendió el trabajo de sastrería bajo la orientación del sacerdote Agustín Hernández. Años después ingresó a la Escuela de Comercio Silviano Matamoros para estudiar redacción y taquimecanografía, mientras comenzaba a desarrollar una fuerte inclinación por la poesía, la lectura y los temas políticos que sacudían a Nicaragua en aquella época.

Durante la década de los cincuenta viajó por distintos países de Centroamérica y residió durante varios años en El Salvador. En ese período fortaleció vínculos con opositores al somocismo y, junto a Edwin Castro Rodríguez, Cornelio Silva y Ausberto Narváez, comenzó a preparar la acción que ejecutaría el 21 de septiembre de 1956.

Fecha en la que se celebraba una fiesta política en la Casa del Obrero, en León, con presencia del dictador Anastasio Somoza García. 

La operación había sido preparada con anticipación y contemplaba incluso una posible salida para Rigoberto después de ejecutar la acción. Sin embargo, al ingresar al lugar se dio cuenta de que varias condiciones habían cambiado y que ya no podría realizar el plan exactamente como estaba previsto. 

En ese momento tuvo dos opciones: retirarse o actuar aun sabiendo que difícilmente lograría salir con vida.

Rigoberto López Pérez, de 27 años de edad, decidió continuar. Logró acercarse al dictador y disparó contra Somoza García dentro del salón donde se desarrollaba la fiesta. Segundos después fue abatido por miembros de la Guardia Nacional que custodiaban al dictador. Somoza fue trasladado posteriormente a un hospital militar estadounidense ubicado en la Zona del Canal de Panamá y murió ocho días después producto de las heridas.

Por su parte la Compañera Rosario Murillo recordó la gesta del héroe nacional Rigoberto López Pérez y manifestó: “Poeta, músico, héroe, acción heroica desde el principio sabía que estaba destinado, digo al principio cuando empieza a pensar y se ve a sí mismo predestinado y destinado precisamente a librar esa batalla solo a poner las piedras fundacionales del camino de liberación de Nicaragua”.

La Compañera Rosario también agregó: “iniciar como el mismo decía, al hacer el principio del fin uno ve su convicción su sentido del deber, su responsabilidad, ante la patria dice “yo quiero una patria libre sin afrenta y sin mancha y trataré de ser yo el que inicia el principio del fin de esta tiranía”.

“En su carta testamento le dice a su madre yo lo que he hecho es un deber cumplir, un deber que cualquier nicaragüense que de verdad ame a su patria debía haber llevado a cabo hace mucho tiempo, le digo que me sentiré feliz si usted ve, le dice a su madre las cosas como yo las veo y como las deseo siempre que haya una tiranía también habrá alguien que acabe con esa tiranía héroe nacional Rigoberto López Pérez“, finalizó la Copresidenta de Nicaragua.

A 97 años de su natalicio, el nombre de Rigoberto López Pérez continúa estremeciendo la historia política de Nicaragua. Su gesta sigue siendo recordada como uno de los golpes más decisivos contra la dictadura somocista y como un acto que cambió el rumbo del país. Décadas después, su figura permanece viva en la memoria de generaciones que siguen identificando en él valentía, convicción y entrega absoluta por la libertad de nuestro pueblo.

¡Feliz Cumpleaños. Rigoberto!

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