En el contexto del 90 aniversario del natalicio del Fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional, Carlos Fonseca Amador, consagrado como el Jefe de la Revolución Popular Sandinista, la Asamblea Nacional en pleno se trasladó a Boca de Piedra, al pie del Cerro Zinica, en el municipio de Waslala, de la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte de Nicaragua y distante a 271 kilómetros de Managua.
Lo que el parlamento de Nicaragua hizo conmemorativamente para celebrar el 90 aniversario del nacimiento de uno de los personajes y mentes más avanzadas de todos los tiempos de todos nuestros tiempos fue una movilización humana y logística enorme que significó ir al centro de la montaña, pisar la arcillosa humedad vitalizadora del verdor de los bosques adormecidos en el tiempo por el canto de los ríos que son parte de una pintura que describe el retrato de una poderosa idea.
Hace unos 30 años atrás visité por primera vez Waslala agotando agendas proselitistas y lo grabé en mi memoria como un recorrido tortuoso porque salimos de Managua a Matagalpa en aquella Panamericana a la que había que ampliar para que pudieran alcanzar los enormes cráteres que la perforaban y luego de Matagalpa a Waslala nos representó un castigo para el peor de los condenados porque la ruta era sobre descomunales e indescriptibles pegaderos, del más fino barro, donde buses, camiones y 4x4 parecían soldados caídos que solo podían ser reanimados por el previo pago de tractores que estaban ahí para extraer del lodo a los vehículos que muchas veces quedaban varados por días.
Que fotografía más distinta que tomé a Waslala, en esta mi segunda visita 30 años después. Ya no fue sobre suampos lo hice a través de una maravillosa carretera, una parte mayor en asfalto y el resto adoquinada que se extiende 108 kilómetros a partir de la Perla del Septentrión y que toma transitarla dos horas y cuarenta minutos porque si de algo debemos estar claros es que si acaso encontramos en ella tres trechos de 200 metros continuos en rectas, es mucho.
Es impresionante como ha crecido Waslala y el Plus que la carretera le ha dado. Hace 30 años que estuve en ella era una locación propia para una película del Oeste. Casas distantes entre una y otra, era apenas una ruta de tránsito de alto riesgo llegar más al norte del caribe; La fuerza animal era la característica de tránsito interno; Los lugareños consumían lo que particularmente el municipio producía. Hoy sin embargo su realidad es otra cosa, hablo de un pueblo vivo que se hizo grande en todos los niveles y tanto que, sin duda, para la región, tiene una importante apuesta por el desarrollo y la economía.
Pero bien Waslala en esta misión solo un puerto de tránsito porque el destino fue Boca de Piedra, una comunidad acentuadamente rural al pie del Cerro Zinica, enclavado en el trayecto hacia Siuna. La distancia desde el casco urbano de Waslala hacia Boca de Piedra es de aproximadamente 15 a 20 kilómetros por camino de macadán, un recorrido que toma entre 45 minutos y 1 hora en vehículo, dependiendo de las condiciones climáticas generalmente lluviosas y del camino resbaladizo y arcilloso que obliga a la dependencia rigurosa de máquinas 4 x 4.
La comunidad Boca de Piedra ocupa una zona de amortiguamiento zona de amortiguamiento o tampón. Es un territorio colindante que rodea a un espacio protegido, reserva natural, patrimonio cultural o zona sensible. Su función principal es mitigar los impactos negativos causados por las actividades humanas, actuando como un escudo protector y su área rural se extiende cerca de los cerros El Garrobo y El Bambú.
Esta descripción de Boca de Piedra obviamente puede resonarnos como inaccesible pero no, hoy se llega con precaución y paciencia y en condiciones que en la década de los 70s del siglo pasado eran inimaginables porque para entonces el lugar era remoto y aislado, ideal para la movilidad guerrillera, para la clandestinidad desde la selva, pero también expuesto a operativos y patrullajes de la Guardia Nacional que operaba a través por los jueces de mesta que eran “autoridades rurales” nombradas por el gobierno concebidas en el papel para resolver conflictos ganaderos, pero que mutaron a una red de informantes y colaboradores paramilitares de la dictadura somocista.
Los jueces de mesta eran los ojos y oídos del régimen en las comarcas y zonas más apartadas de Nicaragua que identificaban a campesinos opositores y colaboraban con la Oficina de Seguridad Nacional, eran generalmente terratenientes locales o antiguos miembros de la Guardia Nacional y solían ser leales al Partido Liberal Nacionalista (PLN) de Somoza, para perseguir a los simpatizantes y guerrilleros del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y desde esa actitud de chivatos ejercían el poder en sus comunidades.
Dicho lo anterior Boca de Piedra, al pie del Cerro Zinica, es hoy un santuario marcado por un mausoleo que contiene una cruz que determina el lugar preciso donde Carlos Fonseca, el consagrado jefe de la Revolución Popular Sandinista, cayó abatido un 8 de noviembre de 1976 a la edad de 40 años, una muerte que fue festejada y cacareada por la dictadura porque para el último de los dinastas, Anastasio Somoza Debayle se acababa con la peor amenaza para la prolongación de la dinastía que ya preparaba en el orden de sucesión al “Chigüín” quien como asesino ya había hecho grandes méritos.
En el contexto de su caída en combate Carlos Fonseca había regresado a la zona montañosa de Nicaragua en 1976 para integrarse directamente a la guerra de guerrillas, buscando reorganizar y fortalecer las fuerzas del FSLN en la región. En ese propósito se encontraba enfrascado cuando fue emboscado. El Jefe de la Revolución Popular Sandinista fue cazado como presa, capturado con vida y asesinado en cautiverio refiere la historia documentada de su final terrenal. Su asesinato ocurrió tres años antes del triunfo del 19 de Julio de 1979. Actualmente, el área de Zinica, donde cae, es un sitio histórico de peregrinación que recuerda la ruta de resistencia de la columna guerrillera donde cae Carlos Fonseca cuyos restos fueron exhumados tras el triunfo de la Revolución Popular Sandinista y trasladados a Managua, donde hoy descansan en el mausoleo ubicado en la Plaza de la Revolución.
No obstante, todo lo anteriormente expuesto lo que este 23 de junio hizo la Asamblea Nacional de Nicaragua no fue recordar su caída que sucedió el 8 de noviembre de 1976 sino celebrar el 90 aniversario de su nacimiento en 1936.
El cumpleaños 90 de Carlos Fonseca fue una fiesta de pueblo agradecido al pie del Cerro Zinica. Este agasajo es un aplauso de vida por las ideas lanzadas desde su caída hacia la posteridad del futuro. Es más que valentía y arrojo porque es una semilla nacida de la esperanza a través de la terquedad invencible de su pensamiento y eso lo podemos testificar los que vemos la Nicaragua de hoy avanzando sin pausas, sin detentes y con firmeza hacia la PAZ.
El sandinismo rescatado por Carlos Fonseca como depositario del legado del General de Hombres Libres venera al jefe revolucionario por la abnegada lucha que decidió emprender, por su temeraria valentía, por su extremo sacrificio y por la dedicación que confirió a cada principio hasta convertirse en una figura inmortal y tanto que su historia continúa siendo una fuente de inspiración para todo lo hermoso que venga para el país por el cual entregó hasta la última gota de sangre.
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA













