La noche del 27 de junio de 1979 marcó uno de los momentos más decisivos de la ofensiva final contra la dictadura somocista. Mientras Managua permanecía bajo intensos combates, miles de combatientes sandinistas, colaboradores y familias emprendieron el histórico Repliegue Táctico hacia Masaya para preservar las fuerzas que durante más de dos semanas habían sostenido la insurrección en los barrios orientales de la capital. A partir de ese momento, los combatientes se reorganizaron para reforzar los frentes de Masaya, Diriamba, Jinotepe y Granada, operaciones que precedieron al triunfo revolucionario del 19 de julio de 1979.
Para entonces, el Frente Interno acumulaba más de dos semanas de combates ininterrumpidos y había logrado mantener ocupadas importantes fuerzas del régimen mientras la insurrección avanzaba en otros puntos del país. Pero el desgaste físico de los combatientes, la escasez de municiones y la intensidad de los bombardeos fueron reduciendo la capacidad para sostener ese ritmo de combate. Frente a esa situación, la Dirección Nacional y el Estado Mayor dispusieron el traslado de sus fuerzas hacia Masaya para fortalecer la ofensiva en otros puntos del país y mantener la continuidad de la lucha.
Con la decisión ya tomada, el 27 de junio de 1979 comenzó la preparación del Repliegue Táctico bajo el más absoluto sigilo. La información fue transmitida únicamente a los responsables de cada sector para impedir que la Guardia Nacional descubriera el movimiento. Mientras se organizaban las columnas, también se distribuyó el armamento disponible y se coordinó el traslado de combatientes sandinistas, colaboradores, población civil y decenas de heridos que permanecían en hospitales clandestinos.
Al caer la tarde, quedó claro que la movilización sería mucho mayor de lo previsto. A los combatientes se sumaron miles de colaboradores y familias, hasta reunir a más de seis mil personas que emprendieron la marcha hacia Masaya. El recorrido comenzó en completo silencio, con la misión de evitar que el enemigo descubriera el desplazamiento y frustrara una operación que resultaba decisiva para la continuidad de la lucha.
El recorrido puso a prueba a quienes integraban la columna. La marcha avanzó por caminos rurales, potreros y senderos que conducían hacia Sabana Grande, Veracruz, Piedra Quemada, Nindirí y Masaya, procurando evitar las posiciones ocupadas por la Guardia Nacional. La mañana del 28 de junio, la aviación somocista inició los bombardeos con cohetes y bombas de gran poder destructivo. Hubo muertos y heridos durante el trayecto, mientras los combatientes sandinistas protegían el avance de la población civil y continuaban la marcha bajo el fuego enemigo.
La llegada a Masaya comenzó durante la madrugada del 29 de junio y se extendió a lo largo del día. Los replegados fueron recibidos por pobladores de la ciudad, donde apenas hubo tiempo para descansar antes de incorporarse nuevamente a la lucha. Desde allí partieron columnas hacia Diriamba, Jinotepe, Granada, Masatepe y otras localidades, donde continuó la ofensiva que pocas semanas después culminó con el triunfo revolucionario del 19 de julio de 1979.
Después del Repliegue, muchos combatientes recordaron que dejar Managua fue una de las decisiones más difíciles de toda la insurrección. Atrás permanecían las barricadas, los barrios golpeados por los bombardeos y numerosos compañeros que habían perdido la vida durante aquellos diecisiete días de combate. Aun así, la movilización permitió conservar a miles de combatientes sandinistas que continuaron participando en las operaciones desarrolladas durante la etapa final de la ofensiva.
Con el paso de los años, el Repliegue Táctico también quedó documentado en distintos testimonios y trabajos históricos.
Una de esas obras recopiló las principales enseñanzas que dejó el Repliegue, entre ellas la disciplina, la firmeza del mando político-militar, la capacidad para aprovechar las debilidades del enemigo y la importancia de tomar decisiones audaces de acuerdo con las circunstancias. También señaló que un repliegue táctico podía convertirse en el punto de partida para alcanzar objetivos estratégicos de mayor alcance.
Las operaciones desarrolladas después del Repliegue Táctico permitieron consolidar el avance de la insurrección en varias ciudades del país. En las semanas siguientes fueron cayendo las últimas posiciones de la Guardia Nacional hasta que, el 19 de julio de 1979, la dictadura somocista llegó a su fin con el triunfo de la Revolución Popular Sandinista. Cuarenta y siete años después, el Repliegue Táctico a Masaya sigue formando parte de la memoria histórica de Nicaragua por la magnitud de la movilización y el papel que desempeñó durante la etapa decisiva de la insurrección.













