En el municipio de Nagarote un poco más de 300 familias perdieron sus casas a consecuencia del terremoto del pasado 10 de abril, entre las afectadas se encuentran muchas mujeres que con grandes sacrificios levantaron sus humildes hogares que en cuestión de segundos se cayeron por la fuerza de la naturaleza.
Entre estas mujeres hay muchas historias de superación, como la de doña Blanca Estela Medrano Pérez, de 52 años, que se levanta todos los días a las 3 de la mañana para comprar el quesillo, preparar la cebolla cocida, la crema y las tortillas, para salir hacia Managua y vender en diversos colegios este típico alimento nagaroteño.
Con sus ojos humedecidos por el llanto, con sus manos temblorosas y su corazón palpitando a mil revoluciones, encontramos a esta mujer que durante 25 años ha recorrido las calles de la capital ofreciendo el quesillo a diez córdobas.
“A las tres de la mañana ya estoy arriba (despierta), a las cinco de la mañana ya estoy montada en el bus que va hacia Managua. Empecé mi casa con plástico, después con zinc, hasta que la vi levantada”, relata esta mujer que por ahora su preocupación principal es tener su casita nuevamente y recuperar su televisor, su refrigeradora y otros electrodomésticos que con sacrificio fue comprando a lo largo de 25 años.
Doña Blanca lloraba al ver cómo un pala mecánica demolía las ruinas de lo que quedó de su humilde hogar, que colapsó por la violencia del sismo de 6.2 grados en la escala de Richter que sacudió prácticamente toda la franja del pacífico nicaragüense.
Resurgirán como el ave fénix
El caso de esta señora vende quesillos no es el único en Nagarote, su historia es muy emblemática, porque es la misma de otras mujeres que madrugan para dirigirse hacia la capital y otras ciudades a “ganarse el pan de cada día” y que al regresar esa tarde del 10 de abril, encontraron sus hogares caídos por el terremoto.
“El terremoto botó 25 años de sacrificio. Veinticinco años para poder hacer mi casa y ahorita que veo esa cosa (la pala mecánica demoliendo lo que había quedado de pie) me siento desbaratada, siento que toda mi vida y mi trabajo (se vino al suelo)”, dijo mientras lloraba copiosamente.
La tragedia de esta humilde mujer se multiplica por todos los barrios de Nagarote, pero todas y cada una de estas historias de dolor, han encontrado el consuelo y la solidaridad de las autoridades del Gobierno Sandinista, municipales y políticas del FSLN que trabajan unidas para devolverles la tranquilidad y la paz.
Doña Blanca lloraba, pero su dolor y sufrimiento tuvo sosiego cuando vio llegar los primeros materiales que le permiten tener esperanza de un futuro mejor, porque su nuevo hogar será levantado por esa mano solidaria que tienen extendida el Gobierno Sandinista y todas sus instituciones.
“Le agradezco al Presidente Daniel (Ortega), a Rosario (Murillo) porque sé que ellos nos han acompañado y me siento respaldada como mujer viuda que soy. Estoy sola con mis tres hijos que estudian y yo sé que no nos han abandonado, que Dios les siga dando sabiduría para que puedan seguir actuando de esta manera, tal y como lo han hecho hasta el momento ayudándonos”, refirió doña Blanca, un poco más calmada cuando jóvenes de la Promotoría Solidaria de la Juventud Sandinista, descargaban las 50 bolsas de cemento, los 5 quintales de hierro, los más de 400 ladrillos, los perlines y otros materiales que le permitirán resurgir como el Ave Fénix.
En Nagarote se están demoliendo algunas viviendas que resultaron severamente dañadas por los sismos, algunas de ellas sus paredes se agrietaron a tal punto que corrían peligroso de caerse en cualquier momento y por eso la urgencia de ser derribadas.
Los dueños de estas viviendas también están siendo respaldadas y acompañadas por el Gobierno Sandinista, a fin que puedan levantarse nuevamente y con ello puedan retomar sus vidas, tal es el caso de esta mujer nagaroteña, un ejemplo de lucha y tenacidad, vendiendo quesillo y dando estudio a sus tres hijos.













