Luego de más de una semana de haber sido sacudido por un terremoto de 6.2 grados en la escala Richter, el pueblo nagaroteño está volviendo poco a poco a la normalidad y con la esperanza en que pronto logrará superar la tensión provocada por el desastre.
Un ejemplo de ello es el señor Huber José Baca, cuya casa resultó seriamente dañada, quien aseguró que a pesar del terremoto y las continúas réplicas los habitantes de Nagarote no quisieron quedarse de manos cruzadas.
Este señor tiene un quiosco en el parque central de la ciudad donde vende quesillos, gaseosas y refrescos. Explicó que si bien en los días posteriores al terremoto hubo un bajón en el comercio, este paulatinamente ha ido retornando a la normalidad.
“La vida es una lucha, la vida no es fácil. Yo tenía 25 años de haber construido mi casa y (el terremoto) me la desbarató en término de 50 segundos. Y ni modo, esos 25 años (voy) a botarlos y construir de nuevo las paredes”, indicó.
Tan es el temple de los hombres y las mujeres nagaroteñas que muy pocos comercios dejaron de trabajar en estos días.
“Yo he estado trabajando. No he cerrado ningún día. La gente siempre compra. A pesar de la tensión que se ha vivido todo está normal”, afirmó Aura Paiz Bone, propietaria de Quesillo Bone.
Paiz subrayó que el apoyo del gobierno ha sido fundamental para que las cosas se vayan solucionando en este municipio, que junto a Mateare, la comunidad de Momotombo y algunos distritos de Managua, fueron los más afectados.
El gobierno, la alcaldía municipal, y la juventud han estado muy de cerca atendiendo la emergencia, lo cual ha ayudado a que la vida vaya encausándose en la normalidad, dijo por su parte la pobladora Marina Olivas.













