Masaya volvió a romper los fuegos este 15 de agosto y con el sonido de los filarmónicos, la marimba, los bailes y las familias reunidas en sus calles comenzó una celebración que acompañará a la ciudad durante los próximos meses. Las Fiestas Tradicionales y Culturales de 2026 abrieron sus puertas en un ambiente de paz y alegría, llevando nuevamente al centro de esta historia a San Jerónimo Doctor, el querido Tata Chombo, alrededor de quien se encuentran la fe católica y muchas de las costumbres que los masayas han transmitido de padres a hijos. En el arranque participaron el Torovenado El Malinche, el Concejo de Ancianos, autoridades municipales, Indias Bonitas, artistas y pobladores que acompañaron una fiesta llena de música y danzas. La celebración apenas comienza, porque el calendario continuará durante agosto, septiembre, octubre y noviembre hasta llegar a diciembre, con certámenes, festivales, procesiones, Torovenados, Agüizotes, Bailes de Negras, Diablitos y numerosas expresiones que recorren barrios y calles. Detrás de toda esa algarabía existe una historia religiosa mucho más antigua, pues la costumbre establece que cada 15 de agosto el mayordomo llega hasta la iglesia de San Jerónimo para “pedir la licencia”, acompañado por la India Bonita, la reina de las fiestas, miembros del Concejo de Ancianos, cofradías, chicheros y fieles, abriendo así el camino que meses después concluirá el primer domingo de diciembre.

Para encontrar al hombre que siglos después terminaría siendo llamado cariñosamente Tata Chombo en Masaya hay que retroceder hasta alrededor del año 347 y viajar a Estridón, en Dalmacia, territorio situado en la actual Croacia, donde nació Sofronio Eusebio Jerónimo en el seno de una familia que pudo brindarle una sólida educación. Siendo joven marchó a Roma y allí profundizó sus estudios, aprendió latín y griego, se acercó a la literatura y la filosofía y recibió una formación que más adelante resultaría decisiva para el trabajo al que dedicaría buena parte de su existencia. Durante aquella juventud también conoció el ambiente de la gran ciudad romana, hasta que su acercamiento al cristianismo fue modificando el rumbo que había seguido. Recibió el bautismo, se interesó cada vez más por las Sagradas Escrituras y comenzó un recorrido que lo llevó por distintos lugares de Europa y Oriente. Pasó por Aquilea, llegó a Antioquía y se retiró durante un tiempo al desierto de Calcis, donde la soledad, la oración y el estudio ocuparon sus días. En aquellos años perfeccionó el griego y emprendió el aprendizaje del hebreo, una lengua que posteriormente le permitiría acercarse directamente a los textos del Antiguo Testamento y que terminaría siendo indispensable para la obra por la cual su nombre perduraría a través de los siglos.

Aquel estudioso que había pasado del movimiento de Roma al aislamiento del desierto regresó después a la vida eclesial, fue ordenado sacerdote y continuó una formación que lo acercó cada vez más al estudio de la Biblia. Su camino volvió a llevarlo a Roma, donde el papa Dámaso reconoció sus conocimientos lingüísticos y le confió una tarea que cambiaría la historia de los textos bíblicos en Occidente. En aquellos tiempos circulaban diferentes versiones latinas de las Escrituras, algunas parciales y con diferencias entre sí, por lo que Jerónimo comenzó revisando los Evangelios y los Salmos y continuó posteriormente una labor mucho más extensa. Para realizarla recurrió a su dominio del latín, al conocimiento del griego y al hebreo que había aprendido durante sus años en Oriente, comparando manuscritos y trabajando directamente con textos antiguos. Después de la muerte de Dámaso abandonó Roma y emprendió nuevamente el camino hacia Oriente hasta establecerse en Belén en el año 386. Fue allí, cerca de la Gruta de la Natividad, donde aquella tarea alcanzó su etapa más intensa y donde continuó traduciendo al latín libros del Antiguo Testamento desde el hebreo. Con el paso del tiempo ese enorme trabajo sería conocido como la Vulgata y tendría una influencia que se prolongaría durante siglos en la Iglesia y en la cultura occidental.

Belén se convirtió en la última gran estación de su vida. En esa ciudad, Jerónimo continuó trabajando con los textos bíblicos y alrededor de su labor se formó una comunidad dedicada al estudio, la vida religiosa y la atención de quienes viajaban hasta Tierra Santa. Cerca de la gruta donde la tradición cristiana sitúa el nacimiento de Jesús fueron levantados monasterios para hombres y mujeres y espacios destinados a recibir peregrinos. Jerónimo dedicaba parte de sus días a enseñar y explicar los libros de la Biblia, compartiendo sus conocimientos con quienes lo rodeaban, al tiempo que intercambiaba cartas con personas de distintos lugares y continuaba su trabajo con las Escrituras. Durante esas décadas siguió estudiando, compartió sus conocimientos a través de la enseñanza y escribió numerosas obras, hasta que murió en Belén el 30 de septiembre del año 420. Precisamente esa fecha quedó fijada en el calendario católico para recordar a San Jerónimo, sacerdote y Doctor de la Iglesia, y muchos siglos después adquiriría una dimensión particular en Masaya, donde cada 30 de septiembre miles de personas salen a acompañar su imagen. Así se encuentran dos tiempos separados por más de mil años, el del estudioso que terminó sus días junto a la Gruta de la Natividad y el de una ciudad nicaragüense que convirtió la fecha de su muerte en el día principal de una de sus mayores manifestaciones religiosas y populares.

Con el paso de las generaciones, los masayas hicieron de San Jerónimo una figura cercana de su fe y comenzaron a llamarlo cariñosamente Tata Chombo, nombre con el que permanece profundamente ligado a las celebraciones de la ciudad. Desde hace alrededor de doscientos años existe la tradición de honrarlo entre sus pobladores, aunque el calendario no concentra todo en una sola fecha. Después de aquella petición de licencia del 15 de agosto llega el 20 de septiembre, cuando se realiza la bajada del santo y la imagen deja su lugar para encontrarse con una feligresía que la espera entre flores, rezos y música. Los miembros de la Cofradía participan en su preparación, lo colocan en la peaña y posteriormente lo cargan en hombros, mientras las familias se acercan, se persignan y cumplen las promesas que han mantenido durante años. Diez días después llega el 30 de septiembre, la jornada principal, cuando Tata Chombo recorre gran parte de la ciudad acompañado por miles de devotos procedentes del municipio y de otros departamentos. Algunos llegan para pedir, otros regresan para agradecer favores que atribuyen al santo y muchos participan porque aprendieron esa devoción dentro de sus propias familias. De esa manera, el recorrido no empieza ni termina con quienes hoy cargan, bailan o acompañan la imagen, pues detrás aparecen padres, abuelos y bisabuelos que hicieron lo mismo mucho antes que ellos.

Cuando termina septiembre, Masaya todavía está lejos de guardar sus marimbas. El 7 de octubre llega la Octava y Tata Chombo vuelve a salir sobre los hombros de los miembros de la cofradía en una procesión que puede extenderse durante unas catorce horas por la ciudad. Luego los domingos van llenándose de otras expresiones que mezclan la promesa religiosa con costumbres nacidas y conservadas en los barrios, especialmente en Monimbó. Aparecen los Diablitos, las Húngaras, los Bailes de Negras y los Torovenados, mientras las rondallas de marimba acompañan recorridos en los que cada grupo lleva vestuarios, personajes y maneras particulares de bailar. En 2026 ese largo calendario incorpora además la Fiesta de la Mocuana, la preparación de la enramada y del palo lucio, la Vela del Candil, los Agüizotes Infantiles, la tradicional Procesión de los Agüizotes y la Alborada del Torovenado de Monimbó antes de su recorrido por las principales calles. La celebración religiosa que comenzó pidiendo permiso en agosto se va extendiendo así hacia numerosas manifestaciones populares sin perder a San Jerónimo como punto de encuentro. Los promesantes le bailan a Tata Chombo para expresar su devoción, preparan alimentos que comparten durante las fiestas, colaboran en la organización de las actividades, toman la imagen sobre sus hombros y caminan junto al santo para cumplir las promesas que hicieron.

Entre esas expresiones que continúan tomando las calles se encuentra el Torovenado El Malinche, cuya historia tiene una estrecha relación con Carmen Toribio y sus descendientes, que dieron continuidad a una costumbre en la que mayordomos y promesantes asumen responsabilidades para hacer posible cada actividad. Con el Requerimiento de Cuadros, cada uno sabe lo que le corresponde hacer y comienza a prepararse para cumplir con su parte, desde disponer los alimentos y las bebidas hasta atender otros detalles necesarios para la celebración. Cuando llega el momento de salir, unos dan vida a los personajes con sus disfraces, otros acompañan con música y baile, y también aparece la sátira popular que durante años ha caracterizado al Torovenado. Mientras la celebración avanza, los artesanos trabajan desde sus talleres el cuero, moldean el barro y convierten la madera y la palma en distintas piezas, en los mercados los comerciantes ofrecen sus productos, las familias cocinan los alimentos tradicionales y las diseñadoras, costureras y artesanas preparan trajes folclóricos y huipiles que después lucen durante las festividades. 

La llegada de visitantes abre además oportunidades para que productores y vendedores den a conocer lo que elaboran y encuentren compradores, haciendo que estos meses también den movimiento a la actividad artesanal, turística y económica de la ciudad.

Esta tradición seguirá pasando de padres a hijos y de abuelos a nietos, como ha ocurrido durante generaciones en Masaya, donde las familias participan en las celebraciones y enseñan a los más jóvenes las costumbres que recibieron de sus mayores. Nuevamente los pobladores se reúnen alrededor de San Jerónimo, a quien llaman cariñosamente Tata Chombo, en una ciudad donde la música, los bailes, la artesanía y las expresiones religiosas continúan formando parte de sus fiestas. El Buen Gobierno Sandinista promueve y respalda estas costumbres, fortalece la cultura y las tradiciones del pueblo y, al mismo tiempo, defiende la paz, la seguridad y la tranquilidad que permiten a las familias disfrutar este año de las celebraciones en honor a San Jerónimo. ¡Viva Tata Chombo! ¡Viva San Jerónimo Doctor! ¡Vivan las tradiciones de Masaya!

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