El amor es más fuerte que el odio y Nicaragua ha sido puesta a prueba una y otra vez por quienes apostaron al odio como método político, desde la guerra impuesta por la contrarrevolución financiada por Estados Unidos hasta el intento de golpe fallido de 2018, pasando por las sanciones, el terrorismo económico, la desinformación y la destrucción deliberada de la convivencia nacional.

Sin embargo, el Buen Gobierno Sandinista no respondió con revancha ni con venganza, no respondió mirando hacia atrás como la mujer de Lot, convertida en sal por volver la vista al pasado, sino avanzando con firmeza, entendiendo que el único enemigo real a derrotar no era una persona ni un grupo de delincuentes, golpistas, vendepatrias sino la pobreza que por décadas mantuvo de rodillas al pueblo nicaragüense.

Frente a la violencia organizada, los tranques de la muerte, el terrorismo económico y la manipulación mediática, el Estado, a la cabeza de la Compañera Rosario Murillo y el Comandante Daniel Ortega, actuó con responsabilidad institucional para restablecer el orden y proteger la vida, pero una vez derrotada la intentona golpista, la respuesta política no fue el castigo eterno sino la reconciliación, la amnistía, el cierre de ciclos y la decisión consciente de no permitir que el odio volviera a instalarse como forma de convivencia, porque la paz no se sostiene con rencor sino con estabilidad, trabajo y futuro

Mientras los operadores del caos apostaban a incendiar el país, el Gobierno retomó el rumbo de la reconstrucción nacional, fortaleció las instituciones, garantizó la seguridad y devolvió la normalidad a la vida cotidiana, demostrando que el amor no es un discurso abstracto sino una práctica concreta que se expresa en hospitales funcionando, escuelas abiertas, carreteras nuevas, agua potable y energía eléctrica llegando a comunidades históricamente olvidadas, así como de empleos que devuelven la dignidad a las familias.

Las ilegales sanciones internacionales, promovidas por los mismos que fracasaron en las calles, buscaron asfixiar la economía y castigar al pueblo, pero nuevamente la respuesta no fue el lamento ni la confrontación estéril, fue el fortalecimiento de la producción nacional, el impulso a las exportaciones, la estabilidad financiera, la protección del empleo y el uso ordenado de los recursos públicos para que el país siguiera creciendo aún en condiciones adversas, porque amar al pueblo también significa protegerlo de los efectos del odio externo.

La reconciliación se asumió como una política específica del Estado para mantener la convivencia después del conflicto, cerrar un ciclo de violencia que había desgarrado al país, reincorporar a sectores enfrentados a la vida nacional, garantizar la seguridad ciudadana y asegurar que las diferencias políticas no volvieran a expresarse mediante el caos y la destrucción, porque la experiencia histórica demostró que sin estabilidad social, sin paz permanente y sin un mínimo de cohesión nacional resulta imposible avanzar en la derrota de la pobreza que durante décadas golpeó al pueblo nicaragüense.

En estos años, el Buen Gobierno Sandinista ha demostrado que gobernar con amor no es debilidad, es visión estratégica, porque mientras otros apostaban a la destrucción, aquí se apostó a la vida, al trabajo, a la cultura, al deporte, a la creatividad, a la organización comunitaria y a una comunicación que edifica en lugar de envenenar, desmontando la lógica del miedo y sustituyéndola por confianza y sentido de pertenencia.

Los malditos intentaron presentar su odio como rebeldía, vender sus protestas como supuestas acciones autoconvocadas y disfrazarse de falsos libertadores, pero lo único que dejaron a su paso fue muerte, desempleo, pérdidas económicas y dolor, mientras el amor, en cambio, se tradujo en la recuperación económica, en el crecimiento continuo, en el fortalecimiento de la seguridad social, en la estabilidad financiera y en la certeza de que el país puede avanzar sin repetir los ciclos de confrontación que tanto daño causaron en el pasado.

Hoy somos más fuertes y desde esa realidad, decir que el amor es más fuerte que el odio deja de ser una frase y pasa a describir lo que ha ocurrido en Nicaragua, porque frente a cada agresión el país respondió y continúa respondiendo con obras concretas, inversión que tiene estabilidad económica y cohesión social, confirmando que el odio se consume en su propia destrucción mientras el amor se traduce en construir, respaldar y abrir camino al futuro.

Actualmente Nicaragua avanza sin cargar el peso del resentimiento, consciente de que el pasado no puede gobernar el presente, con un Estado que decidió caminar hacia adelante, derrotando la pobreza como objetivo central y dejando claro que quienes apostaron por la destrucción fracasaron y fueron derrotados, porque frente al golpismo y sus patrocinadores, el pueblo y su Buen Gobierno respondieron y seguirán respondiendo con paz y reconciliación, y esa es la mayor victoria.

En ese mismo espíritu, reafirmando que el amor es más fuerte que el odio, la Compañera Rosario Murillo expresó:

Como nicaragüenses, con humildad y confianza abrimos todas las puertas y pedimos al Dios de Todos los Caminos que su Mano Poderosa, esa Mano Misericordiosa, Potente, esa Fuerza que sólo Dios tiene, crezca y llegue, que sepamos cultivarla en nuestros corazones y que Dios Padre nos permita entender que siempre debemos ir con las velas al viento para caminar, para navegar, para elevar las plegarias que detengan ventarrones y tempestades.

Porque los ventarrones y las tempestades son parte de la naturaleza cuando vienen del clima, pero de otra forma no cuentan con el favor de Dios, porque los seres humanos no somos ventarrón, los seres humanos tenemos que ser albas, auroras, climas favorables para la navegación, para el camino, para las sendas que recorremos. Para la Vida. Señaló la Copresidenta, Compañera Rosario Murillo.

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