Es instructivo recordar el contexto regional e internacional de la década de los 1980s, hace más de 40 años, un período histórico bastante similar en algunos aspectos a lo que el mundo vive ahora. Hubieron guerras en diferentes partes de África, en Irán y el Líbano. Mientras los países occidentales apoyaban en mayor o menor grado a los regímenes racistas en Sudáfrica e Israel, Cuba luchaba para defender Angola y Palestina luchaba para sobrevivir. En Europa, hubo el enfrentamiento entre EE.UU y sus aliados contra la Unión Soviética y seguía la guerra en Afganistán.
En América Latina y el Caribe, la revolución cubana enfrentaba el implacable bloqueo norteamericano y constantes agresiones terroristas apoyados por el mismo gobierno yanqui. México luchaba para superar la crisis económica de la década perdida y, en América Central, Guatemala, El Salvador y Nicaragua estaban en guerra. Los movimientos populares y partidos revolucionarios del Caribe y América del Sur enfrentaban condiciones adversas similares o peores a las que prevalecen hoy. En ese momento, el intenso asalto norteamericano a la soberanía de la Nicaragua revolucionaria impuso una ofensiva muy compleja con varios frentes.
Entre éstos lo más grave, por mucho, fue la cruenta guerra terrorista, impuesta contra la población civil por el presidente Reagan, y la lucha para sostener la economía nacional contra el despiadado bloqueo norteamericano. Otros frentes incluían la campaña diplomática por medio del grupo Contadora y el proceso de Esquipulas, la batalla jurídica en la Corte Internacional de Justicia y, como siempre, una constante, implacable guerra psicológica comunicacional. Al final de la década, se dio el asalto a la soberanía nacional en el frente electoral en el mismo momento de la invasión de Panamá.
La Nicaragua soberana
Como nos ha recordado el Dr. Gustavo Porras en estos días, “Esas Elecciones no fueron libres, porque ahí te pusieron una pistola en la cabeza y dijeron: ‘Si ganan los Sandinistas, va a continuar la guerra’.” La lección fundamental de ese momento histórico y sus secuelas a lo largo de los años 1990s ha sido que las elecciones pueden brindar una formal soberanía legal, pero no aseguran una verdadera soberanía política. Las élites gobernantes norteamericanas y sus aliados nacionales pensaban que iban a poder destruir el Frente Sandinista y dejar el país completamente bajo el control yanqui pero se equivocaban.
Fallaron porque en Nicaragua la auténtica soberanía era defendida y conservada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional gracias al legado institucional revolucionario. Los gobiernos neoliberales no tenían monopolio de la justicia para poder perseguir a los Sandinistas y no podían usar las fuerzas armadas o la policía nacional para aplicar una represión sistemática de la resistencia popular. En ese sentido, el FSLN mantenía la soberanía popular aun estando fuera del gobierno y en cumplimiento de la promesa de nuestro Comandante Daniel, luego de las elecciones de 1990. El Comandante prometió que el FSLN iba a gobernar desde abajo y regresar al gobierno por medio de los votos, lo cual se hizo en 2006 luego de 17 años de defensa de los derechos de la mayoría empobrecida del país.
Desde la derrota de las fuerzas de ocupación yanquis por el General Sandino, Blanca Araúz y el Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional, el Sandinismo siempre ha sido la fuerza política por excelencia que defiende la Nicaragua soberana. Como siempre nos recuerda nuestra Co-Presidencia, la bandera rojinegra rescata la bandera azul y blanco. Desde luego, la experiencia de Nicaragua durante los 17 años de desgobierno de las administraciones títeres neoliberales demostró de manera fehaciente que la imposición de un gobierno ilegítimo, por medio de un mero endeble aval electoral, implica un período de permanente crisis política y socioeconómica. Los gobiernos que resultan de los ejercicios electorales viciados necesariamente padecen de una crónica falta de legitimidad.
Soberanía y crisis de legitimidad
Es casi inevitable que esta realidad se expresa en un permanente ciclo de crisis política y represión de las aspiraciones populares. La inherente inestabilidad de los gobiernos instalados por medio de elecciones amañadas, sin la legítima soberanía popular, es evidente en los desenlaces de los respectivos procesos electorales durante el último año y medio en muchos de los países en la región. En Bolivia, Colombia, Ecuador, Honduras y Perú las élites vendepatrias y sus amos extranjeros han logrado imponer victorias electorales claramente viciadas a favor de fuerzas políticas, clientes del imperio, que impulsan políticas en perjuicio de los intereses de las mayorías en sus propios países.
La diferencia fundamental en el contexto regional ahora es un abandono aún mayor por parte de las élites gobernantes occidentales y sus gobiernos vasallos del debido respeto por la soberanía de las naciones. Ya no les sirven, ni siquiera de fachada para sus interminables crímenes, los principios fundacionales de la Carta de las Naciones Unidas, la no agresión y la autodeterminación de los pueblos, que en todo caso se observaron más en la brecha que en su cumplimiento. Ahora, la clase gobernante norteamericana recurre a viejos patrones de dominio regional ante un nuevo orden mundial en que el mundo mayoritario defiende de manera cada vez más resoluta sus derechos soberanos.
La más reciente maniobra norteamericana en América Latina ha sido el llamado Escudo de las Américas, una alianza militar inaugurada el pasado 7 de marzo en una cumbre en Florida con la asistencia de doce jefes de estado y gobierno de la región. La iniciativa intensifica el asalto a la soberanía de nuestros pueblos y contra las iniciativas de la integración regional como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Sin embargo, los dos países con las economías más importantes de la región, Brasil y México no apoyan el Escudo de las Américas en un momento cuando sus gobiernos se encuentran en medio de fuertes contradicciones con el gobierno estadounidense por motivo, entre varias otras razones, de los exagerados aranceles aplicadas de manera arbitraria a sus exportaciones.
Los conflictos comerciales y políticos del gobierno norteamericano con Brasil y México reflejan procesos internacionales que contrarrestan el anhelo norteamericano de poder consolidar su control de los recursos naturales y puntos estratégicos de la región. Es innegable el declive en los últimos 20 años de su poder económico global y regional, especialmente relativo a China. La lógica subyacente del desarrollo soberano de los pueblos en la región inclina naturalmente hacia un mayor acercamiento de toda América Latina hacia mayor intercambio con los dinámicos mercados de Asia. Se ha demostrado que las iniciativas norteamericanas en la región no tienen suficiente peso económico de inversión y comercio para frenar esta realidad.
El desarrollo soberano en Nicaragua
En todo este contexto, el gobierno Sandinista en Nicaragua ha seguido desde enero 2007 con el desarrollo soberano de la nación enfocada en la persona humana y en las aspiraciones y necesidades de las familias nicaragüenses. La democratización de la economía entre 2007 y 2018 permitía una década de estabilidad política, avances económicas y paz social sin precedentes en la historia del país. De repente, en 2018, el choque del fallido intento de golpe de estado señaló la necesidad de actualizar con mayor rigor las medidas administrativas y legales para poder cortar los vectores de la intervención extranjera con el objetivo de desestabilizar el país.
Por ejemplo, se aplicó un riguroso control de lo que antes eran las organizaciones no gubernamentales, también de las universidades privadas y de otros canales que servían para el financiamiento ilícito y la promoción ilegal de actividades contra el gobierno del Pueblo Presidente. Luego, los infructuosos intentos de parte de la oposición golpista para desestabilizar el proceso electoral de 2021 impulsaron importantes iniciativas legislativas para impedir ese tipo de injerencismo también. Ahora, ante las amenazas de algún nuevo atento contra la Paz en nuestro país, el Comandante Daniel y la Compañera Rosario han iniciado una reforma constitucional para reforzar la estabilidad social y económica de la nación para la seguridad y el Bien Común de la población.
En las recientes reuniones y encuentros organizados por la Comisión Especial Constitucional establecido para coordinar la elaboración de la reforma, el presidente de la Asamblea Nacional ha enfatizado que “Lo más importante es no olvidar aquello que nos une a todos: el objetivo de alcanzar Estabilidad, Seguridad y Paz. Y, a partir de ello, avanzar de manera exitosa en la lucha contra la pobreza.” Así que, la propuesta de la reforma busca asegurar de manera contundente que las elecciones en Nicaragua responden al imperativo de lograr el Bien Común de las familias nicaragüenses.
Por ese motivo hay que asegurar que, como también explicó el Dr. Porras, “Las elecciones son de los nicaragüenses, para los nicaragüenses, organizadas por nicaragüenses" y para que nunca más surge una situación como ocurrió durante el proceso electoral de 2021. Ese año durante el conteo de los votos a nivel central en Managua, el embajador yanqui de ese entonces, un tal Oliver Garza, se metió al centro de cómputo electoral y ordenó que se detuviera el conteo de los votos. Luego, exigió que se cambiara el personal a cargo del conteo, lo cual las autoridades de aquel entonces aceptaron. Así se desarrolló el conteo de los votos bajo las órdenes del embajador yanqui, en 2021, hace apenas 25 años.
Así que con toda la razón nuestro Copresidente Comandante Daniel insiste en el imperativo de reforzar las protecciones de la independencia, autonomía y autodeterminación del Pueblo Presidente. Ahora, en el reciente Aniversario de la Fuerza Aérea del Ejército de Nicaragua, el Comandante Daniel comentó precisamente sobre la importancia de “...las Reformas que haya que hacer para fortalecer la Soberanía del País. Estamos trabajando en Reformas Constitucionales, está trabajando la Asamblea Nacional para que en Nicaragua se puedan realizar Elecciones con Soberanía....”
Y ese día también, nuestra Copresidenta Compañera Rosario afirmó que en la Nicaragua soberana “... sembramos Paz y Sueños todos los días, Paz, Trabajo, Estabilidad, Seguridad, todos los días, en esta Nicaragua nuestra no solo somos Bendecidos, sino que sabemos que la Gran Bendición és la Conciencia, de cada uno de nosotros, que se ha venido forjando desde nuestras Creencias Sagradas, nuestras Prácticas, nuestra Fé, y todo lo que además hacemos todos los días para fortalecerla, y vivir como Buenos Cristianos, como Hermanos, siempre procurando el Bien Común.”













