Han transcurrido 45 años de la Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA), y para el brigadista Alejandro Antonio Solórzano Quintero, quien iba a cumplir 16 años de edad cuando fue llamado a ese deber educativo, los recuerdos permanecen frescos en su memoria, así como una intensa satisfacción por haber enseñado a leer a 18 no letrados.
"Saber que alguien no sabía leer, ni poner su nombre y después aprender; es gratificante", expresó Solórzano, quien se muestra orgulloso de pertenecer a la CNA, que inició en marzo de 1980 en Nicaragua.
El brigadista Solórzano, que en este 2025 cumple 61 años de edad y se desempeña como conductor del área de Servicios Generales de Enatrel, dijo que estuvo alfabetizando en la comarca Pueblo Viejo del municipio de San Ramón, departamento de Matagalpa.
Tenía tres grupos que sumaban 23 personas, de esas, 18 fueron alfabetizadas. Los alumnos eran de las edades desde los 7 hasta los 23 años.
Aún con los recuerdos a "flor de piel" Solórzano, un poco melancólico, narró el aporte que hizo en pro del pueblo nicaragüense, yendo a esa comunidad a transmitir el "pan de la enseñanza".
"Fue una experiencia nueva para mí, porque apenas iba a cumplir los 16 años, y participar ahí en la alfabetización, uno iba a encontrarse otra vida, no la que vivías en la ciudad, en tu casa; al llegar allá, es un contraste grande, porque ya pernoctas donde vas a dormir, a dónde te vas a bañar, dónde vas a ir a hacer tus necesidades, qué lo que vas a comer, vas a comer lo mismo que comen ellos", comentó.
Su aporte fundamental fue liberar a las familias del analfabetismo
A juicio de Solórzano, su aporte fundamental en la CNA, de muchos que hizo, fue liberar a las familias del analfabetismo.
"Era enseñarles a leer, era el mandato primordial que habían ordenado en la cruzada, y lo bueno es que de la cantidad de alumnos iletrados, porque la mayoría eran iletrados, de 23 que llegué a tener, 18 salieron (alfabetizados), eso para mí fue un gran logro", exclamó.
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El brigadista Solórzano resume en una sola frase, que la CNA fue una gran hazaña que llevó el derecho a la educación al pueblo nicaragüense, hasta las comunidades más lejanas.
Para este brigadista, la CNA fue un hecho histórico y extraordinario, "que aún se sigue con el proyecto de alfabetización, porque en algunos rincones del país, todavía hay analfabetismo, la campaña no se ha bajado, sino que se sigue, se quiere mejorar", valoró el alfabetizar, quien agregó que "lo bueno es que se mantiene el perfil de la educación, va avanzando".
Aconsejó a los que se han alfabetizados en los últimos años, continúen los estudios, porque el Gobierno Sandinista, brinda muchas oportunidades de estudios, para que la población siga estudiando, y se prepare en una carrera técnica o profesional.
"Después que no digan que el Gobierno no hizo nada, porque el Gobierno sí ha soltado todo, ha soltado presupuesto, ha puesto recursos para que la gente se prepare, los estudiantes se preparen, sean algo en la vida", reconoció el destacado alfabetizador.
Recuerdos, euforia y nostalgia de la CNA
Este espigado brigadista recuerda cómo fue la movilización de los batallones de alfabetizadores, que se enrumbaron a los distintos lugares y rincones de Nicaragua.
"Eso es una cosa muy nostálgica, que a veces se me viene a la mente, cuando miro reportes, a uno se le achica el corazón, porque uno participó ahí, el que no participó, uno se lo cuenta cómo fue. Y la euforia, la juventud, la euforia de la gente de todos lados, por recibir la educación ¡Eso es muy grande!", hizo la remembranza.
Todo lo vivido en la CNA lo marcó de manera profunda a Solórzano. "Me marcó emocionalmente, en el sentido, de haber participado en eso, también en los peligros que uno llegó a experimentar, porque a mí me pasaron vainas en esa comunidad. Llegaron los armados en aquel tiempo, y yo dormía con unos muchachitos en unas trojas, en una hamaca, yo dormía en calzoncillo, por el calor, y oímos unos tiros, vimos luces, no había luz eléctrica, y solo mirábamos los fogonazos de las lámparas. Entonces, alguien preguntó ¿Dónde está el brigadista? Entonces, un chavalito me dice, hay andan unos armados; yo me tiro por arriba de la troja y caigo encima de un charco, están unos cerdos ahí, y los cerdos hacen bulla, y comienzan a seguirnos, nos tiramos sobre la milpa agachadito, porque estaba grande el maíz; eso fue lo que nos salvó a nosotros y, me fui a la orilla de un ojo de agua, y bordeando un cerco, hasta que amanecimos a las 5:00 de la mañana", recordó el alfabetizador Solórzano.
También dijo que a otros brigadistas que vivían en otras casas, no corrieron la misma suerte y los golpearon.
Un trágico episodio que también recuerda, es la triste historia de otros brigadistas que los mataron por el simple hecho de llevar el "pan de la enseñanza", hasta las comunidades más recónditas de Nicaragua.
En la nueva etapa de la Revolución, para el alfabetizador Solórzano, se sigue impulsando de manera sostenida el programa de Alfabetización, porque aún existen personas no letradas, específicamente, en las zonas rurales.