Al recibir la Medalla de Reconciliación y Paz "Cardenal Miguel Obando" —la cual también fue otorgada a su esposa doña Amparo Vásquez de Morales,— y la Orden de la Independencia Cultural "Rubén Darío", el exvicepresidente de la República, Jaime Morales Carazo, ofreció un breve y emotivo discurso en el que afirmó que "siempre la vía del diálogo es el camino hacia la paz y el entendimiento entre los pueblos y entre las personas".
Agregó el homenajeado: "Mi verdadero afecto y reconocimiento a dos queridísimos amigos, que con su cariño y confianza nos han honrado siempre. Amparo, que vino desde México y que dice que nació en México, pero que renació en Nicaragua. Ese es un dicho muy lindo del padre Ángel Martínez, un gran poeta nicaragüense. Eso lo ha venido repitiendo Amparo desde hace rato. Porque así se siente nicaragüense, desde que vino", manifestó.

Comandante Daniel y Compañera Rosario han venido aportando sus esfuerzos para la mejoría del pueblo
"Quiero expresar en público nuestro respeto y afecto fraterno por un queridísimo amigo, el Presidente Ortega, y para Rosario, dos grandes dirigentes de Centroamérica, que han venido aportando todos sus esfuerzos por las mejorías de nuestro pueblo. A ellos debemos paz, que ha sido uno de los objetivos fundamentales del Comandante y el cual, en muchos aspectos, contribuí yo a ayudarles cuando fui jefe negociador entre la guerra, entre la contra y el Frente, guerra infortunada; desgraciadamente no negociamos, no hablamos, que hablando y negociando se evitan esas cosas. Pero aprendimos muchísimas lecciones. A no volverlas a repetir nunca, pudiéndolas arreglar", agregó.
Recordó que "En ese proceso tan difícil y doloroso, el Cardenal Miguel Obando Bravo jugó un papel fundamental, con su prudencia, con su paciencia. Recuerdo que cuando los ánimos se encendían en toda negociación, ocurren, él decía: 'Muchachos, ¿no creen que está haciendo mucho calor? O que estuviera haciendo un enorme frío en la montaña y que salgamos a tomarnos un refresquito' y con eso se refrescaban los ánimos y seguíamos negociando. Un gran maestro de toda confianza, para todos, fue".

El exvicepresidente continuó narrando: "Recuerdo que una vez lo visitamos juntos con el Comandante (Daniel Ortega) y tuvimos conversando varios con él y, siempre claro, siempre afectuoso, siempre amistoso para el Comandante, para Rosario y para todos los que estamos colaborando en ese tiempo directamente. Yo quiero, precisamente, hoy recordarlo y no olvidarlo nunca, porque fue un negociador de la paz, de muchísimos otros problemas; recuerdos, entre algunos de ellos, cuando la toma del Palacio Nacional, por el loco, y digo loco, porque es mi gran amigo, que en paz descanse, Edén Pastora, que él mantuvo la paz y la tranquilidad e, incluso, lo acompañó hasta el aeropuerto, para que saliera para México, una de tantas".
"También él siempre, con gran prudencia, manejó discusiones que a veces se encendían, que era propia. Y que esas reuniones, pues, estaban siempre un grupo de más de cien o doscientos periodistas, de todo el mundo, para estar de cerca y ver lo que había ocurrido en una guerra entre Nicaragua, no se ve, entre nicaragüenses y, en cualquier país, no se ven todos los días; esa fue una gran lección para que nunca más se volviera a repetir y que siempre la vía del diálogo es el camino de la paz y el entendimiento entre los pueblos y entre las personas", remomoró.
Don Jaime dijo que siempre siguió ese ejemplo: "Ese es un gran ejemplo, que yo recojo y siempre repito; el Cardenal (Obando y Bravo) fue un gran vehículo para la paz y la reconciliación; una vez tuve la oportunidad de visitarlo con el Comandante, y estuvimos platicando, antes de que ocurrieran esos episodios de guerra entre hermanos, que jamás se deben de repetir, porque dialogando, hablando, nos entendemos".

Siguió expresando: "Yo no quiero aburrirlos, contándoles muchas anécdotas que ocurrieron en esas reuniones, salvo una que recuerdo, que insistía un gran diario, que es de los más importantes del mundo, del New York Times, que me preguntaba y me acechaba para que dijera algo; entonces, lo que se me ocurrió fue una frase de Cantinflas o cantinflesca: decirle 'ni acuerdos, ni desacuerdos'. Y ahí se acabó la reunión".
Para finalizar, expresó "Así que muchas gracias a todos ustedes por su presencia. Y, especialmente, a mi queridísimo Comandante (Daniel Ortega), que siempre me dispensó su afecto y su confianza. Ese afecto de siempre, para toda la vida. Así que él lo sabe y quiero que lo sepa todo, el trato siempre fraterno del Presidente conmigo. Eso es, gracias para siempre".













