La normalidad y la estabilidad poco a poco, día a día la vamos reencontrando. Se percibir en la población el deseo y la voluntad de ir al encuentro de sus esperanzas comenzando a dejar atrás este tramo de desasosiego que nos impuso la maldad externa.
Al margen de las simpatías o no que los ajenos y extraños puedan tener con Nicaragua o con los nicaragüenses, con el gobierno o con el oposicionismo, nuestros asuntos internos, nuestras diferencias deben ser resueltas por nosotros los ciudadanos.
La corrupción es un tema inevitable que identificar como ancla del desarrollo social o personal de los países y sus ciudadanos. Su peso es un tonelaje que hunde toda aspiración humana para acelerar los procesos .
Perturba el derecho a profesar la fe el uso de los templos para propósito ajeno a su razón de ser, utilizarlos como tribuna política, fragmenta y daña, no contribuye a la convivencia en la comunidad diversa de creyentes.
Tuve un tío político que aprecié mucho, ya no está entre nosotros, al que un día hace muchísimos años, mientras lo conducía de un lugar a otro en su vehículo porque no estaba apto para manejar.
Recientemente, a raíz del discurso del Presidente Daniel Ortega en el 43avo aniversario de la muerte de Carlos Fonseca Amador, en el que habló de los sepulcros blanqueados, de la espiga que algunos obispos y sacerdotes.
Porque lo vivimos en carne propia y más que cualquier otro país, que pudo haber sido cómplice de lo que nos pasó, a partir de Abril de 2018, los nicaragüenses sentimos el dolor de Bolivia y si hay alguna diferencia es que aquí no pudieron.