En nuestra Nicaragua, bendita y siempre libre, las representaciones teatrales del circo del horror ya no tienen ningún efecto, las mentiras de los falsos profetas y de los emisarios del mal.
La historia del hombre no debiese contarse por su edad cronológica (años de vida), sino por su edad contextual y atemporal, esa que contiene la grandeza de los momentos, de la continuidad y perseverancia de sus luchas