No voy a referirme en este editorial a algo que no sepamos, pero sí a algo que el propio Silvio Báez reconoce y es el inmenso, surtido y variado compuesto de la sopa de siglas con el que se alimenta ese oposicionismo fracasado.
En las calles “las pico rojo” se agolpan alrededor de Silvio Báez, que les lanza lápices labiales color rojo, desde el altar supremo de su yo, delirando grandezas de líder
Báez confirma que la Conferencia Episcopal ha tenido a su cargo el liderazgo político del fallido golpe de Estado, y que además guía el proceso político que debería llevar a la oposición a las elecciones de 2021.
Es un crimen contra la cristiandad, es una ofensa para la fe de aquellos que aún son católicos conmemorizar actos criminales que bañaron de sangre al país y hoy nos condenan aún atraso que nos impone volver a luchar.
Dramático ver a miles de hondureños huyendo de la hostilidad que en su país le representa la inseguridad que no para de generar muertos, la falta de oportunidades, la insensibilidad gubernamental y la inexistencia de esperanzas.